El árbol y el bosque: Big data y neoliberalismo en el pensamiento de Durán Barba

por Facundo Pajón* y Emiliano Delucchi**

Subestimado e incluso ridiculizado hasta hace pocos años tanto por la militancia como por los intelectuales del campo popular, el consultor estrella del macrismo fue ganando legitimidad a fuerza de buenos resultados electorales. ¿De qué manera entiende la política quién supo convertir a un partido vecinal en el primer partido de elites en ganar elecciones libres?

El liberalismo científico

A la hora de hablar de Jaime Durán Barba, debemos hacer una primera diferenciación para no confundir al empleado de cambiemos con el docente, académico e investigador que utiliza métodos rigurosos y a un equipo profesional para relevar y sistematizar a la opinión pública. En este sentido, el ecuatoriano hace énfasis en la importancia de la evolución y superioridad del conocimiento científico frente a los saberes que han sido considerados como “verdaderos” en diferentes momentos de la historia, pero que no habían adquirido ese estatus gracias a la verificación empírica, sino a supersticiones o creencias infundadas.

Partiendo de la “ignorancia” como pieza fundamental en el desarrollo del conocimiento humano, comienza a plantear que en todas las oportunidades en donde el hombre reconoció sus propias limitaciones, estuvo más propenso romper con lo establecido y a dar un paso hacia nuevos paradigmas y formas de comprender la realidad.

Con esta premisa, se propuso analizar los errores fundamentales de los consultores políticos y los líderes partidarios al momento de realizar una campaña electoral, ofreciendo soluciones basadas en un gran manejo del Big Data, sumado a una enorme cantidad de datos recolectados diariamente durante años y que, a su entender, son fundamentales para una campaña exitosa.

En la cancha se ven los pingos

Ahora bien: ¿Ha resultado útil esta metodología o estamos más bien ante un prestidigitador con suerte? Está claro que los triunfos de Mauricio Macri a nivel nacional y María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires sorprendieron a más de uno, y que casi nadie veía estas posibilidades con buen augurio allá por 2013 o 2014. Del mismo modo, haber bajado a Macri de la elección presidencial de 2011 resulta hoy un gran acierto, aunque para la mayoría no se veía tan claro en ese entonces.

Cuando ocurrió el fallecimiento de Néstor Kirchner en 2010, Duran Barba llevaba midiendo la imagen de varios políticos diariamente desde 2005, es decir que tenía en ese momento alrededor de 1500 encuestas de imagen, lo que le permitió saber que la imagen positiva de Cristina Fernández había subido 20 puntos y la negativa había bajado 25 en un solo día. Al continuar con el mismo relevamiento, supo que esos picos se habían convertido en estables, por lo que no había posibilidad de triunfo de Macri en 2011. La sistematización constante le permitió no solo suponer o intuir lo que pasaría, sino hacerlo en base a un sólido fundamento empírico.

La lectura de los ingresos medios

Otro de los aciertos del consultor, radicó en percibir que Argentina, a pesar de contar con una porción de su población en la pobreza, no deja de ser un país de ingresos medios, posee una clase trabajadora con salarios relativamente altos y buen poder adquisitivo (con la excepción de la crisis de 2001) desde hace varias generaciones. Los orígenes de esta situación deben buscarse, entre otras cosas, en la irrupción del peronismo y su política de industrialización con distribución progresiva del ingreso a mediados del siglo pasado.

Esto no significa que la política no deba prestar atención a las necesidades de los sectores más postergados, sino que es necesario tener una noción realista de la composición social del territorio, ya que las realidades materiales se traducen en aspiraciones sociales, que a su vez se traducen en demandas políticas. Trabajar con la realidad es más efectivo que trabajar con la idealización que se tenga de ella, respaldada más en el voluntarismo que en la evidencia. En palabras de Durán Barba: “Hoy cualquier ciudadano de clase baja está más preocupado por comprar un perrito para su hijo que por leer a Lenin” (Barba y Nieto, 2017)

No se trata de una trivialidad, sino de la capacidad de ganar la batalla cultural en términos del discurso, que llamativamente tuvieron en las elecciones del año pasado un peso similar al de la realidad material. Así, el macrismo fue acompañado en el conurbano bonaerense (y en muchos lugares del país) por amplios sectores que vieron su poder adquisitivo mermado en 2016 y 2017, pero no se vieron excluidos del plano discursivo, por lo que la inclusión discursivo- ideológica actuó como contrapeso de la material.

Articulación de demandas aspiracionales

Teniendo en cuenta esto, a través de focus group y diversos tipos de relevamiento, Durán Barba y su equipo notaron que los sueños, temas de conversación y aspiraciones del grueso de la población tenían más que ver con trivialidades que con la cosa pública y la gestión política. Las conversaciones a través de las nuevas tecnologías tratan de chismes, pornografía, consumos culturales y muy poco sobre programas partidarios o teoría política.

La audacia fue percibir antes que otros que el mercado de consumo, el acceso a la aldea global a través de los grandes medios de comunicación y las NTICS, cultores de la cada vez más hegemónica sociedad del placer, obligan a los candidatos tener que articular demandas en el terreno de las emociones si desean imponerse. De esta manera, el consultor sostiene que en el siglo XXI tiene poco sentido explicar un programa político por televisión o contestar acusaciones de otro candidato, pero resulta fundamental apelar a grandes ideas vinculadas a los valores más que a las explicaciones complejas.

Una de las claves radica en que ante la primacía de la modernidad líquida como matriz fundamental de la imposición de las “verdades relativas” sobre las cuales se fortalece la opinión pública y el contexto de sobre-información en la cual nos desenvolvemos se torna fundamental para un candidato apelar a emociones que se mantengan fijas o al menos parcialmente estables durante un periodo prolongado de tiempo.

Así, el pedido de apoyo en clave lastimosa tanto de Macri como de Vidal, materializado en un “por favor, acompañanos con tu voto” se inscribe en una suerte de simbología mediático-electoral que trata de hacer sentir al elector parte de un intercambio emocional con el candidato, en el que otorga su voto no basado en la razón o el convencimiento en un programa, sino en la empatía

¿Hay luz al final del túnel?

En su libro “La política en el siglo XXI” Durán Barba sostiene que Google fue el sepulturero de la erudición como valor en la política. Hoy, sin importar cuánto conocimiento pueda acumular una persona, no puede competir con la cantidad de información almacenada en internet y accesible en pocos segundos mediante un celular. Así, las equivocaciones de investigadores, docentes y dirigentes pueden ser verificadas y corregidas casi en tiempo real, por lo que la capacidad de almacenar información no resulta tan relevante como años atrás.

El texto asegura que para que una campaña sea exitosa la imagen del líder omnisciente debe ser reemplazada por la de un equipo de trabajo integrado por gente que reconoce su ignorancia y pide disculpa cuando comete errores. Según estudios del consultor, mientras los periodistas y políticos de la oposición se burlaban de que Mauricio Macri se disculpaba constantemente por las medidas de su gobierno, el elector veía esta actitud con buenos ojos porque estaba harto de “gente soberbia que lo sabe todo”

¿Se trata entonces de que los partidos deben resignar toda la simbología, modos e impronta de la política del siglo pasado y sumarse a la trivialidad sin reparos? De ninguna manera, ya que todos los procesos políticos de cambio se inscriben en una dinámica de innovación y reciclamiento, donde lenguajes, significantes y valores se construyen y destruyen rápidamente. Sin embargo, negar o desmerecer las habilidades de los contrincantes ha demostrado ser contraproducente, por lo que explorar y comprender la forma de operar del macrismo, reconociendo sus virtudes, es una tare ineludible de cara al futuro.

El punto débil

En la jerga de la ciencia política, se dice que no siempre es necesario contar con la mayoría para ostentar el poder, sino que, con solo poder manejar la agenda de las cuestiones socialmente problematizadas, es suficiente. Anclados en este concepto, puede observarse que Durán Barba comete un fallido: como la mayoría de los autores, intenta hacer de su perspectiva teórica algo totalizante.

Si bien la opinión pública no puede ser manejada, si puede ser habilitada o no. ¿Cómo? Al igual que en cualquier Parlamento o Congreso legislativo, en ella existen actores que se disputan la hegemonía, la “atención” de ciertas cuestiones problematizadas. Por eso en un mar de actores que buscan hacerse escuchar -en redes sociales, canales de televisión, lugares de toma de decisiones política- no puede haber manipulación por algún sector mayoritario. Sin embargo, el politólogo George Tsebelis sostiene que no es necesario poseer un poder mayoritario para imponer un posicionamiento, o -como el caso de Durán Barba- una lógica de “razonamiento o verdad acabada”.

En el año 2002, a través del su libro titulado: “Veto Players: How Political Institutions Work”, el estadounidense especializado en sistemas políticos advirtió que en el comportamiento de los Parlamentos no siempre debe tenerse en cuenta el comportamiento del partido mayoritario; sino que -también- debe observarse la actuación de los partidos con poder de veto. De esta manera, acorde a su proceder legislativo, los veto players, pueden ser un punto de inflexión sobre qué cuestiones ingresan al debate en la Cámara, y cuáles deben esperar otro momento para ser tratados.

La misma situación ocurre con los medios masivos de comunicación. En la actualidad no es posible controlar el comportamiento de los millones de usuarios que utilizan Facebook, Instagram, Twitter, u otra red social; pero si es posible inferir sobre los temas sobre los cuales deben debatir. Si utilizamos la analogía, y pensamos que las redes sociales son asambleas legislativas multitudinarias, donde todos los usuarios comparten su opinión de las tendencias o hashtags, podemos tranquilamente pensar en que alguno de todos los “actores” que participan de la misma, propone el “tema del día”.

Si bien la opinión pública no puede ser dominada en su totalidad, la agenda de las cuestiones que deben tratarse siguen siendo materia de los grandes medios masivos de comunicación. Internet nos ha permitido expresarnos a todos, y ha multiplicado las voces en un mundo cada vez más interconectado y sobre-informado por el dios Google. Pero todo sistema tiene sus fallas, y como bien sostenía Giovanni Sartori no hace falta manipular a la sociedad entera para inferir sobre ella, sino que creando una “aldea globalizada” puede marcar la cancha para que el partido se juegue acorde a las reglas establecidas por algunos pocos.

Reflexionando, seguramente el politólogo ecuatoriano tenga razón. El tiempo de las “grandes teorías”, ha caducado. Pero cuidado, porque el liberalismo también es una de ellas. Quedará en manos de los pensadores, técnicos y políticos de las corrientes nacionales y populares, comprender el nuevo funcionamiento de la interacción, comunicación y vida humana, La digitalización de nuestro mundo ha sido diagramada por el liberalismo, y las cartas están marcadas.

*Lic. en ciencia política – UNLaM

** Lic. en comunicación social – UNLaM

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