La cena del horror

Por Cristian Secul Giusti*

Natacha Jaitt es invitada al programa de Mirtha Legrand que se emite el sábado a la noche. Toma la palabra en un momento determinado y se explaya sin interrupciones notables. Declara fuerte e involucra a gente “famosa” en casos de abuso infantil y red de trata. Dice nombres y los vuelve a confirmar por Twitter. Redobla la apuesta, agrega más personas a su lista y se pelea con aquellos “famosos” que la tratan de “loca”, de “enferma” y de “alterada”.

En plena Semana Santa, esos tipos “conocidos” -periodistas, políticos, actores- eligen el silencio y luego optan por responder amparándose en que no se puede decir algo al aire sin chequearlo antes. Aducen, sin ponerse colorados, que hay que pensar en las familias y que no se puede juzgar livianamente. Ellos, los que suelen celebrar detenciones arbitrarias y abren juicios de valor constantemente -todos los días, minuto a minuto, segundo a segundo- inundan la televisión y las redes sociales con explicaciones largas y tendidas.

Asimismo, aunque se diga que la presencia de Natacha fue una patriada del nieto de Mirtha -quien ahora se enuncia como una especie de fundamentalista del rating-, sabemos que el hecho no está detenido en un espacio y que su trasfondo tiene una hondura alarmante. Sin ir más lejos, no caben dudas que Canal 13, es decir, el Grupo Clarín, liberó su “Prime Time” de sábado de un modo grandilocuente y preciso.

En estos términos, no deja de ser interesante que quienes suponían tener el control comunicacional y periodístico bajo su dominio ahora padecen el rigor de la posverdad y la información situada al voleo. No hay una eternidad peculiar en eso: el acto escupir para arriba, querer adueñarse del tiempo y creerse intocables tiene patas cortas. Todo vuelve, muchas veces de un modo injusto y en otros, directamente, en formato de manipulación mediática -la misma que los formó en sus trayectorias-. En este sentido, las operaciones de prensa nunca se aquietan y suelen tener esta situación de doble filo, que corta sin piedad y que puede implicar a cualquiera en un ámbito tan despiadado como el que rodea a todos los nombrados en los almuerzos “familiares” y conservadores de “La Chiqui”.

Mientras tanto, el propio Twitter de Jaitt continúa siendo un hervidero de palabras. Y en cada intervención sostiene que busca justicia por los chicos maltratados y agredidos por una horda de explotadores que manejan hace tiempo una red de trata en el fútbol. A partir de esta escena, a ella le exigen y le gritan que tiene que tener pruebas para denunciar. Repito: la gente acostumbrada a operar en prensa y a divulgar un tratamiento liviano de la información, le exige y le grita que tiene que hablar con pruebas para denunciar.

Dicho esto, no caben dudas que el tema también es una cortina candente y que tiene distintos ribetes para analizar. Sin embargo, es importante observar bien de dónde viene el francotirador, más allá de la llamada “locura mediática” de Natacha. Acá parece cocinarse algo más profundo. Por lo menos, hay objetivos más precisos y una mezcla de verdades, falsedades y simulaciones espantosas.

No es la primera vez que el Grupo Clarín se hace el sorprendido y vapulea fuerte a figuras de otro canal, políticos, actores o empresarios de poca monta -poco les importa si son responsables o no-. Por momentos su desempeño se realiza abruptamente, con información real y detallada, en otras instancias atacan con su poderío de noticias falsas, y la mayoría de las veces despliegan su propósito con una intención clara y escondida: arrebatar un negocio particular o exponer una problemática que les resulta estratégica en su expansión -con conocimiento o desconocimiento del gobierno de turno-.

En este juego de bordes y submundos, la justicia y el poder político liderado por la Alianza Cambiemos -aunque suene a ironía, justamente- tiene la obligación de hacer foco en los casos de abuso y red de trata de niños, entre otras cuestiones aberrantes que ellos saben que existen. Eso resulta elemental porque parece que el asunto es aún más tétrico. Por este motivo, es necesario leer atentamente este acontecimiento desatado en el programa de Legrand y continuar mirando las consecuencias y las argumentaciones que se suman a un río de cabezas aplastadas por el mismo pie.

 

*Doctor en Comunicación (UNLP) – @cristianseculg

 

 

 

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