El no debate del aborto

Por Gala Kreisler

Desde hace una semana y por varias más, la Cámara de diputados vio y verá desfilar los más variados perfiles hablando a favor o en contra de la despenalización del aborto, en el marco del debate por la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

En las afueras del recinto se deslizan los grupos más heterogéneos, desde una movilización concentrada alrededor de un feto gigante de cartón hasta una juntada masiva que reúne a más de 200 dibujantes mujeres, convocadas a través de la página “Línea Peluda” Mientras tanto, las redes sociales estallan: por un lado los “twitazos” impecablemente sincronizados, por otro se viralizan los “memes” sobre el feto que quiere ser ingeniero, según rezaba un cartel (real) de la mal llamada “movilización pro vida”. A lo largo y ancho del país, la marea verde inunda plazas, escuelas y el espacio público en general. La consigna es clara: visibilizar. Lo que varía es el contenido.

Entre las exposiciones a favor, se destaca el testimonio de Muriel Santa Ana, que relata algo que ya había anticipado por Twitter: ella abortó. Narra, como en un cuento, los periplos que significó el proceso, pero al finalizar sentencia con firmeza que, de no aprobar la despenalización, los y las legisladoras “llevarán sobre sus espaldas las muertes que se produzcan por la realización de abortos clandestinos”.

Igual de llamativa resultó Gabriela Soledad Guerreros, una pastora de la iglesia dimensión de Fe, que lleva un mechón de pelo teñido de blanco y un pañuelo anudado en la muñeca. Mencionó la ampliación de derechos y el respeto y libertad de los cuerpos gestantes, incluyendo así a los varones trans, generalmente invisibilizados en estas discusiones.

Del otro lado del mostrador, pareciera que a la hora de exponer todo es válido: desde comparar el genocidio hacia el pueblo judío con el aborto de bebés con Síndrome de Down (a cargo del médico Eduardo Moreno Vivot), hasta exponer videos de extracciones de fetos de avanzado desarrollo, algo que no es lo propuesto en el proyecto de ley que está en debate. Esto último fue llevado a cabo por Francisco Turri, para quien las imágenes no fueron suficientes por lo que consideró oportuno agregar: “Miren esa pinza. Es una pinza afilada. Se usa para sujetar las partes del bebé. Y lo extrae. Para sacar la cabeza, la aplasta y la saca a pedazos”; violando las más elementales normas de protocolo.

Independientemente de la posición que se tenga, los hechos que están ocurriendo en el congreso se inscriben en el no-debate. Existe una pantomima, un circo donde cada quien dice lo que quiere desde su posición, y lo que es peor, desde sus creencias. Si bien hoy los presidentes de las comisiones involucradas (Legislación General, Penal, Salud y Familia) modificaron la dinámica al intercalar las exposiciones, el resultado fue el mismo.

La abogada y periodista Julia Mengolini hizo un aporte en el mismo sentido: a fundamentos éticos y jurídicos se oponen sentimientos y temores, cual si fueran verdades contrastadas por el método científico. Y es que hasta la ciencia se vuelve dudosa cuando se trata de otorgar derechos: ¿Qué es la vida? ¿qué es un feto y qué no lo es?

El filósofo Darío Sztajnszrajber lo evidenció en su discurso, recurriendo a Rawls y el liberalismo: no se puede debatir el aborto desde la metafísica, hay que hacerlo desde la política. Lo cierto es que los oradores pasan, pero ¿Las ideas quedan? En esta oposición ficticia se vomitan frases hechas, ideas originales y reflexiones interesantes, pero todas van a parar a una mera anotación en el cuaderno de un asesor o asesora.

¿Sirve de algo el juego de la pluralidad cuando lo que está en discusión es la vida de mujeres pobres que se ven obligadas a abortar en la clandestinidad? Que, dicho sea de paso, son mujeres que probablemente nunca lleguen a ese recinto. La cantidad de oradores está distribuida equitativamente entre hombres y mujeres, pero de clase baja, ninguno.

Es en estos procesos donde la representatividad muestra su cara más dura: hombres cis[i], algunos de ellos célibes y mujeres que tienen los recursos económicos o los contactos para practicarse un aborto sin riesgo alguno, juegan a decidir qué va a pasar con la vida de mujeres pobres.

Peor sería no debatirlo, ¿No? Hay quienes sostienen que esto no sucedió en los últimos ocho años por inclinaciones personales de la en ese entonces presidenta, Cristina Fernández. Sin embargo, como contra argumento se oye que este año el debate se instrumenta más como proceso de distracción ante una economía que no repunta que como reflejo de un giro feminista tan espontáneo como sorprendente en el presidente Mauricio Macri.

Así como en los años 90 la aprobación de la ley de cupo femenino sirvió para estabilizar el clima político y social de la dañada política económica del menemismo y al mismo tiempo evitar el debate sobre el aborto, al tiempo que se establecía el día del niño por nacer (primer país en el mundo en reconocer situación semejante), el debate actual sobre puede ser visto también como un distractor ante otras políticas difíciles de digerir por el pueblo.

Solo el tiempo dirá si la intuición es correcta. Mientras tanto, el no-debate sigue girando.

[i] Su identidad sexual coincide con el género asignado al nacer

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s