¿Fútbol pasión de multitudes?

Por Víctor E. G.

La política y el fútbol son pasiones bien argentinas. En efecto, una siempre juega con la otra, a sabiendas de sus dirigentes y a escondidas de la gran masa futbolera que muchas veces piensa que el engrandecimiento del club de sus amores varía por la “suerte” de una pelota que pegue en el palo del arco y entre, o salga del mismo. Pero los resultados positivos y los éxitos deportivos van más allá de lo que en estos tiempos neoliberales volvemos a revivir en torno al concepto de eficiencia meritocrática. La escuela de la derecha argenta intenta colocar a los clubes de futbol dentro del plano empresarial, y que el mercado disponga que clubes podrán sobrevivir a sus insensibles leyes sociales, en ello pone todos sus esfuerzos para que los hinchas acepten mansamente la destrucción de los clubes de fútbol.

El viejo sueño de Macri de las asociaciones anónimas enquistadas en las entidades futboleras puede ser en un futuro no tan lejano una triste realidad. ¿Cómo se puede consolidar la privatización de las camisetas en una sociedad en donde el fútbol es pasión de multitudes? El proceso destructivo del deporte más popular es el fiel reflejo de las políticas neoliberales: el Estado  ausente en la ayuda de las sociedades sin fines de lucro y a favor de los grandes empresarios, que serán los futuros dueños de los clubes. Cualquier coincidencia con la aniquilación de las cooperativas formadas por los trabajadores que hoy vuelven a fundirse porque no pueden afrontar los pagos de los servicios, no es coincidencia. Todo es parte del plan educativo de la cultura de los ricos.

En el mismo sentido, María Eugenia Vidal es fiel a la política nacional, la cual vive un clima de sana connivencia con las Fuerzas de Seguridad, brazo armado del proyecto amarillo. Los ceos vienen por todo, los clubes más chicos de ligas del interior y de ascenso no podrán solventar los brutales tarifazos (impuestos y servicios) promulgados por la siempre “sonriente” Gobernadora de la provincia de Bs. As.

Cuestión de clase

Es sabido que en la teoría del derrame, se le saca al que menos tiene para dárselo al que más tiene. Vergonzosamente siguen en vigencia los millonarios subsidios que entregó el gobierno nacional a través de la Secretaria de Deporte a cargo del Secreratrio Mac Allister, (el “Colorado”, ex futbolista del Boca de Macri, fiel amigo del Presidente, y recordado por salir desnudo en una transmisión en vivo del encuentro del repechaje del Mundial 94 en Australia, tal vez esa imagen de semental haya sido su mayor hazaña para luego ocupar el cargo de secretario de deportes, ni al mismo Duran Barba se le hubiera ocurrido plasmar esa figura tan ganadora). Los clubes de golf, de polo y navegación son beneficiados por el Estado por vía de un subsidio nacional. El beneficio a los deportes practicados por la oligarquía nacional se produjo al alterar el nombre de una ley aprobada en 2014, establece “el fomento, estímulo y promoción de las actividades deportivas, sociales y culturales de índole barrial”.

Leal a su costumbre en la aplicación de políticas de engaño, el macrismo cambió el nombre de la ley: “Clubes Argentinos”. La picardía argentina tan criticada por el Presidente se aplicó una vez más en beneficio de los ricos. El contraste es muy notorio, un tiempo atrás el verdadero deporte nacional y popular era “beneficiado” por el pago del gobierno nacional para que las obras hechas a partir de la implementación de correctas políticas públicas sean conocidas masivamente  mediante las propagandas en los encuentros deportivos.  No se subsidiaban en particular a ningún club de fútbol, simplemente se pagaba la publicidad a la AFA quien se encargaba de repartir el dinero entre los diversos organismos deportivos. No se le “regalaba” el dinero a los dirigentes de los clubes para que lo despilfarren en la “fiesta populista”. Hoy, sí se dilapida el dinero de los argentinos en clubes elitistas que no necesitan el apoyo del gobierno para poder continuar con sus deportes excluyentes de alta alcurnia.

Mientras tanto, los clubes de barrios, sociedades de fomento y los clubes de las categorías menores del fútbol profesional y amateur se hunden en la miseria provocada por la falta de recursos y fundamentalmente por la carencia de socios y socias en las instituciones deportivas. Personas que no pueden pagar su cuota societaria,  y  si pueden afrontar el pago de la misma no pueden pagar el bono anexo para poder ver los partidos, porque dicho adicional es producto del ilegitimo aumento de las “horas extras” de la bonaerense. Para el neoliberalismo argentino ahora es el tiempo de pagar el banquete de los poderosos de siempre, el pueblo futbolero se hará cargo de solventar la fuga de capitales y los sacrosantos pagos de los intereses de la deuda externa que engordan el buche de los buitres nacionales y extranjeros.

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