Por ahora héroe

Por Daniel G. Rossetti

Lula sigue siendo la gran encrucijada en la política brasileña, si está libre es presidente, preso héroe y muerto mártir. Las actitudes de los actores cercanos al poder real, con el resurgimiento de la amenaza de que el partido militar regrese a la administración del estado, solo descartan la primer premisa.

Eu vejo o futuro repetir o pasado

Arnaldo Brandao

 

El miércoles 4 de abril nadie esperaba un milagro. Todos sabían que la suerte de Luiz Ignácio Lula Da Silva estaba echada. Se conocía que de los once integrantes del Supremo Tribunal Federal (STF) 10 tenían definida su posición, 5 votarían a favor que espere en libertad la sentencia definitiva que debe dictar el Superior Tribunal de Justicia (STJ) y 5 por encarcelarlo. Faltaba saber el voto de la magistrada Rosa Weber, quien era vista como la última esperanza de la defensa del expresidente. Pero la jueza cumplió con lo que se esperaba desde el poder real en Brasil, y voto porque espere el veredicto preso. Esto complica la presentación a la candidatura presidencial del principal líder político de nuestro vecino, debido a la ley conocida como “de foja limpia” que no permite candidatearse a nadie que tenga sentencia firme en segunda instancia. Esto fue cumplimentado por el tribunal de apelación, que no solo confirmó la condena del Juez Sergio Moro, quien había solicitado nueve años y medio de prisión, sin que la elevó a doce años y un mes.

Lo que se esperaba ese día era qué, la resolución del habeas corpus a favor de la libertad de Lula hasta que se resuelva la sentencia final, le permitiera desarrollar su campaña electoral recorriendo el país y reconstruyendo los lazos con los sectores populares cariocas. Siendo el líder político con mejor imagen, que según las consultoras varía entre el 34 y el 38 %, desde el Partido de los Trabajadores (PT) aspiraban llegar al poder nuevamente una vez demostrada definitivamente la inocencia del expresidente.

Los detalles de la condena imaginada (¿puede usarse otro concepto?) por el Juez Moro y por el tribunal de apelación ya fue desarrollada en otros artículos de Primera Generación ampliamente, pero la opinión de la jueza Weber sumó otro capítulo al realismo mágico latinoamericano. En el escrito presentado con su fallo, la jueza aclara que más adelante su posición puede variar, porque ella no puede votar contra la ejecución provisoria de la pena, y que cuando la Corte discuta en forma abstracta sobre la constitucionalidad de la medida, revisará su postura. Nada más parecido a una condena a medida de las necesidades de los sectores concentrados de la economía de quitar a Lula de la carrera presidencial para las elecciones del 7 de octubre de este año.

El fuerte del presidente sindicalista es el apoyo de sus seguidores. El juez Moro, ni bien se conoció la posición de STF, intimó a Lula a presentarse antes de las 17 hs del viernes 6 de abril, asegurándole sarcásticamente, todas las garantías constitucionales y el respeto a su investidura como expresidente. En plena pulseada política, Lula se trasladó al Sindicato Metalúrgico de San Pablo y rodeado de sus seguidores, resistió la orden de Moro. Desde su entorno habían asegurado que el expresidente no pretendía eludir el fallo, pero tampoco iba a marchar al matadero mansamente.

Al día siguiente se realizaría una misa en memoria de su compañera de vida y militante política, María Leticia, al haberse cumplido un año de su fallecimiento. La multitud que rodeaba el sindicato desalentó el intento de la policía de detenerlo por la fuerza el viernes y el sábado luego de la misa y un emocionante mensaje a la militancia petista, donde les dejó el legado de el proyecto de un Brasil más justo, en andas de sus seguidores se presentó ante la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiva y quedó detenido.

Hasta aquí el relato de las irregularidades en el funcionamiento del sistema democrático brasileño, ya que no es solo que el poder judicial dejó de lado todo apego a las normas y la constitución o que el legislativo dejó de representar al pueblo de Brasil y más de la mitad de sus integrantes tienen denuncias de corrupción, ahora asoma sin ninguna representación indirecta un actor que parecía olvidado: el “partido del Ejército”.

Antes del fallo de jueza Weber se hicieron públicas las declaraciones del general Luiz Gonzaga Schroeder, quien inocultablemente presionaba sobre la decisión del tribunal al declarar qué si Lula quedaba libre, para solucionarlo amenazaba con que “…ahí no tengo ninguna duda de qué solo queda el recurso de la reacción armada”. Pero la gravedad de esta declaración no pareció generar ninguna inquietud en el gobierno de Michel Temer. Su Jede nominal de las Fuerzas Armadas, el jefe del Ejército Comandante Eduardo Villas Boas respaldó las declaraciones de su camarada y reforzó la postura de las FFAA en un comunicado donde atacaba la impunidad que podría concedérsele al expresidente y se proclamó como el representante de la “gente de bien”, despejando cualquier duda sobre el origen clasista de la postura del partido.

Desde la administración de Temer el ministro de Defensa, lejos de repudiarlas, destacó la coherencia de Villas Boas y su “apego a los preceptos constitucionales”. En el mismo sentido, el ministro de seguridad, Raúl Jungmann, dijo que no había que pedir explicaciones por las declaraciones del titular del Ejército y que las posibilidades de un golpe de Estado “es menor que cero”. Ante la escasa popularidad del presidente Temer que apenas llega al 3%, el sostenimiento de su administración busca respaldo en la FFAA. Frente a las elecciones de octubre, el partido de Ejército tiene un representante en el precandidato presidencial de derecha y ex militar Jair Bolsonaro, quien elogió y revindicó los dichos de Villa Boas.

Estas declaraciones son inseparables de la cada vez mayor militarización del Brasil. Con la excusa del combate al narcotráfico, las FFAA ganan terreno dentro de las poblaciones populares empobrecidas. Ante semejante despliegue es inevitable sospechar de cierta complicidad con la escalada de violencia a la que están sometiendo a los luchadores sociales. En marzo nos conmovió la noticia del asesinato de la luchadora social feminista y de género Michelle Franco. La legisladora de 38 años fue masacrada por sicarios que todavía disfrutan de su impunidad. El lunes 9 fue hallado asesinado un colaborador de la concejala y posible testigo de su asesinato, el líder comunitario Carlos Alexandre Pereira Maria, referente de las localidades de la zona oeste de Rio, fue hallado muerto en su auto. Tampoco hay demasiados avances en la investigación.

Las caravanas que Lula encabezó antes de su detención también fueron violentadas por los fanáticos de la ultraderecha. Desde huevazos hasta balazos al micro que lo trasladaba. La reacción de las fuerzas de seguridad fue nula y desde sectores de la dirigencia política justificaron las agresiones. El gobernador del estado de San Pablo, Geraldo Alckmin, declaró que Lula “está cosechando lo que sembró”, mientras que la senadora Ana Amelia Lemos, en la misma tónica, avaló los ataques paramilitares a la caravana amparándose en su condición de “mujer gaucha”. Mientras tanto se sigue con el ataque mediático. Ahora Netflix llevó a su plataforma la serie “O mecanismo” donde se muestra sesgadamente la ruta de corrupción del caso Petrolao. Un nuevo aliado se suma a la lucha de O Globo.

Las mejoras en los parámetros duros en las condiciones de vida de los sectores postergados resultaron insoportables para la oligarquía brasileña. Desde la destitución de Dilma, encabezada por el convicto Eduardo Cunha, hasta el ataque por todos los frentes posibles a Lula, el intento de obstaculización de toda posibilidad de su regreso al Planalto, está siendo ejecutada por todos los medios posibles, legales o no. Pero el presidente trabajador se impone por sobre todos los candidatos. Las posibilidades de que llegue libre a las elecciones se ven distantes, más allá del esfuerzo que realizan sus abogados. La derecha cuenta con que no habría sucesores dentro del PT capaces de recoger todas las voluntades que recolecta Lula. Como sostiene alguien que conoce sobre presiones en y desde el poder, el expresidente Rafael Correa, denuncia que “la embajada” avanza en un “nuevo plan Cóndor”.

Ante la premisa de que Lula libre se les vuelve presidente, preso héroe y muerto mártir, parece que la decisión está tomada. Lula no puede ser presidente, pero se toleraría su foto en una remera.

 

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