El feminismo diluido y la estrategia neoliberal

Por Agostina Díaz[1]

El movimiento feminista está protagonizando un momento de gran injerencia en el espacio público, sin embargo, también se presenta como un terreno en disputa política e ideológica. Aquí, el neoliberalismo intenta tomar sus demandas para resignificarlas, imponiéndoles su impronta y de esta forma quitarles el contenido emancipatorio, para canalizarlas de forma tal que en su reproducción se diluya todo tipo de carácter igualitario que pueda cuestionar el statu quo.

Vale la pena citar aquí a la socióloga feminista estadounidense, Nancy Faraser, quién realiza un análisis crítico en torno a las relaciones tanto actuales como históricas entre feminismo y neoliberalismo, en las que sostiene que sostiene que la utilización realizada por el neoliberalismo de varias premisas del feminismo resulta una cuestión política central, ya que la apropiación que el sistema hace para su posterior modificación impide la construcción de un feminismo no-funcional.

Fraser aborda tres preceptos feministas construidos desde el Estado de Bienestar que fueron canalizados por el sistema neoliberal. Estos se concentran en la lucha contra el salario familiar, que fue resignificado por el neoliberalismo a modo de flexibilización laboral; la politización de lo personal, resignificado en un olvido por la igualdad económica y por último, la crítica al Estado-niñera, que fue tomada y traducida en el ajuste en término de políticas contra la desigualdad, deviniendo en la puesta en marcha de políticas focalizadas bajo el lema de igualdad de género, pero que solo incluían a una porción pequeña de mujeres.

Este feminismo diluido es presentado estratégicamente por el neoliberalismo y combinado con sus premisas fundamentales, como es el caso de la meritocracia. No es ingenuo, entonces, que cada espacio de poder que una mujer ocupa en la pirámide capitalista sea “vendido” como un triunfo del movimiento feminista en su conjunto.

Es bastante claro que no existe correlación entre el ejercicio del poder individual y la representación de quien lo ejerce de un movimiento a favor de la igualdad de género. Un caso paradigmático es el de la actual Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que bautizada por los medios hegemónicos como “Leona”, articula un discurso en el que supuestamente viene a terminar con la mafia de los barones del conurbano, pero sin embargo está lejos que resignificar a la figura de la mujer en la política.

Para deconstruir el discurso que se ha tejido en torno a su figura, es fundamental resaltar que durante su gestión, se han recortado un sinnúmero de políticas vinculadas tanto a la independencia económica de las mujeres (el programa de cooperativas “Ellas Hacen”); como también  programas de contención y asistencia a mujeres víctimas de maltrato o violaciones. En este sentido, podemos ver un gabinete de gestión en su mayoría masculino y abogando por algo muy de moda en estos tiempos: “el igualitarismo”.

Frente a la incomodidad de un feminismo de resistencia, éste se presenta como una alternativa diluida, donde todos somos iguales, pero en base a la desigualdad. Entonces, se desarrolla un discurso que borra las diferenciaciones entre géneros, sexualidades, al tiempo que en este accionar se produce la negación de la vulnerabilidad de los sectores que justamente tienen un trato diferenciado económica, social y políticamente.

Volviendo a Fraser, ésta nos presenta un contexto general e internacional interesante para trabajar con una postura crítica hacía las construcciones hegemónicas imperantes en el actual sistema, con las que el movimiento feminista tiene que lidiar a diario y que, en disidencia con la tesis de la socióloga norteamericana, en Argentina y en ciertos países latinoamericanos, no está aún nada resuelto.

Esto es así porque no debe soslayarse que tanto Argentina como Latinoamérica presentan grandes antecedentes que permiten la disputa del significante feminismo, impidiendo que sea cooptado totalmente por el neoliberalismo y que en cambio pueda constituirse en un foco de resistencia.

[1] Licenciada en Ciencia Política (UNLaM)

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