¿JUDICIALIZACIÓN DE LA POLÍTICA O (Y) MUERTE DEL SISTEMA DE PARTIDOS ARGENTINO? (Parte I)

Por Esteban Regueira

La intervención al Partido Justicialista Nacional ocurrida semanas atrás por parte del poder judicial es otra seria amenaza a la democracia y una muestra del camino hacia la judicialización de la política. Ahora, si a esta situación se le suma la práctica desaparición de la centenaria Unión Cívica Radical, se pone en evidencia además la crisis del sistema de partidos y un probable cambio en el paradigma de la representación, que puede llegar a modificar las reglas de juego de cara a las próximas elecciones presidenciales de 2019.

Para comprender mejor esto, es conveniente remontarse varios años atrás y dilucidar las alarmas emitidas por nuestro sistema de partidos. En tal sentido se puede comenzar por analizar la situación del Partido Justicialista.

Los años previos al kirchnerismo

El primer rastro se encuentra en las elecciones presidenciales de 1989; que serían victoriosas para el caudillo riojano Carlos Saúl Menem, en un contexto donde el Partido Justicialista no logra imponer un candidato de unidad a nivel nacional y se une al Frente Justicialista de Unidad Popular junto, al que adhirieron el Partido del Trabajo y del Pueblo, el Demócrata Cristiano y el intransigente, entre otros. Los resultados fueron los esperados y por tanto Menem se impuso al candidato de la Unión Cívica Radical por una diferencia de 10 puntos.

Para el año 1995, nuevamente el líder riojano no logra unificar al peronismo y se presenta bajo un nuevo frente electoral conocido como Frente de Recuperación Ética, nuevamente compuesto por el Partido Justicialista y sumando a la Unión del Centro Democrático y el Partido Conservador Popular. A pesar de aparecer los primeros rastros de una crisis que se tornaría terminal seis años después, Menem logra su cometido y es electo presidente, esta vez por cuatro años, producto de la conocida reforma constitucional de 1994.

Concluido el periodo, producto del desgaste y el  agotamiento del modelo implantado por el menemismo y sumado a los múltiples casos de corrupción que afectaban a gran parte de la administración, los resultados en las elecciones presidenciales muestran sus efectos y en tal sentido una alianza entre la UCR, el Frepaso y otros frentes y partidos se impusieron al referente del peronismo Eduardo Duhalde, quién siguiendo los pasos anteriores,  y al no lograr unificar al Partido Justicialista, conformó una nueva alianza multipartidista que incluyó tanto a partidos nacionales como provinciales la cual denominó Concertación Justicialista Para el Cambio.

El kirchnerismo y su sueño imposible de unificación

Luego de la crisis de 2001, para el llamado a elecciones del año 2003, el justicialismo profundizó su complejidad al momento de la unificación y se dividió en múltiples frentes y alianzas dejando como resultado un escenario de ballotage entre dos candidatos del riñón justicialista: el ya conocido Carlos Saúl Menem (que buscaba su tercer mandato, pero en los días previos a la segunda vuelta decide abandonar su postulación) y quién luego sería presidente, Néstor Carlos Kirchner.

Durante los años del kirchnerismo, pese a su protagonismo en la escena política y su fuerte carácter peronista, la unión del partido vuelve a mostrarse imposible y más allá a los intentos por reunificarlo, al momento de conformar las listas para comicios tanto nacionales como provinciales el frentismo continúa siendo la opción de todos los candidatos del arco justicialista. Es así que durante los 12 años de efervescencia peronista que se vivieron con el gobierno de Néstor Kirchner y los dos periodos de su sucesora y esposa, Cristina Fernández, la unificación del partido no fue posible en claras muestras de la falta de carácter conductor de los referentes; algo que sí supo demostrar su más brillante exponente, Juan Domingo Perón.

Para el año 2015 el kirchnerismo como movimiento y gobierno se muestra agotado y sin alternativas convincentes para la sucesión, lo que es aprovechado por un gran frente de partidos denominado Cambiemos (compuesto por la UCR, Propuesta Republicana – PRO –  y el Partido Conservador, entre otros) que logra obtener colocar en el cargo de presidente a Mauricio Macri después de una ajustada contienda electoral que se define en segunda vuelta.

Luego de este repaso histórico en torno a la desarticulación del Partido Justicialista como vector que supiera unificar durante gran parte del siglo XX (aún y casi con más fuerza cuando su líder y el propio partido se encontraron proscritos) a la masa asalariada de los sectores populares de nuestro país, queda demostrado que la intervención judicial ofició como tiro de gracia a un partido que comenzaba a mostrar algunos signos de unificación sirviéndose en gran medida por las constantes medidas impopulares del gobierno actual, el desconcierto respecto de la política económica y una fuerte necesidad de reagruparse de cara a 2019 a fin de canalizar en un solo nombre ese gran abanico que se abre tanto a derecha como a izquierda y que muchos años atrás supo ser un movimiento compacto y dirigido por un conductor.

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