Infinity War: El boom del cine en serie

Por Leticia Leibelt[1]

La unión de más de 20 superhéroes en un mismo evento cinematográfico comienza a darle cierre a la primera década del Universo Marvel. El fin de las producciones “fragmentadas” y la ebullición del nerdaje sientan las bases de un suceso que parece ser infinito. 

Después de una década de vida del Universo Cinematográfico Marvel – MCU, por sus siglas en inglés – en la que fueron producidas ni más ni menos que 18 películas con temática superheroica – la mayoría de ellas bajo el sello de la corporación Disney, que compró Marvel en 2010 –  este enorme y ambicioso proyecto pochoclero comenzó a cerrar varias de sus líneas argumentales con el estreno de Avengers: Infinity War, que llegó a los cines a fines del mes pasado.

El megafilm dirigido por los hermanos Anthony y Joe Russo cumplió con creces las expectativas de los fans y de la crítica. En un gran despliegue visual de dos horas y media, los Russo juntaron a casi todos los héroes que conocimos hasta la fecha – sólo un par fueron excluidos, por motivos que no vale la pena comentar en este artículo – y le dieron a cada uno la importancia que merecía. Todo esto en medio de la lucha grupal contra Thanos, que venía siendo anticipado desde la primera Avengers y que, tal como su rol lo demandaba, se convirtió en el mejor villano del MCU hasta la fecha.

La explosión de la taquilla frente a este evento de dimensiones épicas no se hizo esperar. Infinity War es la película de mayor recaudación en su fin de semana de estreno – 250 millones de dólares sólo en Estados Unidos –, superando el record que hasta ahora tenía Star Wars: El Despertar de La Fuerza. Además, es la que más rápido llegó a los mil millones de dólares a nivel global: tardó sólo 12 días. Al cierre de esta nota, con más de 1600 millones acumulados, ya es el quinto film más visto en la taquilla histórica mundial. Por eso, todo apunta a que pronto va a entrar al selecto club de los dos mil millones y va a pelear codo a codo con Avatar por el primer lugar de la lista.

Semejantes cantidades de dinero y de expectativa en el público hubieran sido impensadas hace sólo algunos años. Antes de 2008 – cuando se estrenó de Iron Man, la cinta que lo inició todo – producir 18 películas de presupuesto extra large, con argumentos y personajes estrechamente conectados entre sí, para desembocar en un megafilm con más de 20 protagonistas que comparten un mismo universo de ficción, podría haber sido considerado más que una locura.  De hecho, el director Jon Favreau y el “arquitecto” del MCU, Kevin Feige, reconocieron que el cameo de Samuel L. Jackson como Nick Fury, en la escena post créditos de Iron Man, fue casi a modo de broma, para testear la reacción de los espectadores ante un posible “proyecto Avengers” en el cine. Diez años después, la broma dio paso al éxito desmedido.

Del episodio al universo

El fenómeno del MCU evidencia que en la actualidad atravesamos lo que podríamos llamar el fin de la “era de la fragmentación” en el cine, las series y la TV. Durante los ’90 y buena parte de los 2000, la norma era el individualismo y las producciones fragmentadas: En la tele, el mayor éxito lo tenían las sitcoms – Seinfield y Friends fueron grandes exponentes de la época – y otras series que mantenían la lógica de “capítulos que empiezan y terminan”. Cualquiera puede ver un episodio de La Ley y el Orden UVE, de la franquicia CSI o, más recientemente, de Dr. House, y entender lo que sucede sin necesidad de seguir religiosamente la serie. Todas tienen un argumento de base, que relata los vínculos y los cambios entre los personajes, pero lo central de cada capítulo no es precisamente esa base, sino alguna sub-trama individual cuyo nudo se resuelve en esa hora o media hora de programa.

Siguiendo esta lógica, las sagas cinematográficas eran poco frecuentes, exceptuando a algunas como Batman – con cambios de directores y actores – o la trilogía/precuela de Star Wars, que por ese entonces, al menos en nuestro país, podía ser considerada “de nicho” para un público conocedor del género. Ir al cine implicaba ir a ver una historia con principio, desarrollo y final, para luego recomendarla o no a los amigos.

Pero, entre 2002 y 2004, la trilogía de El Señor de los Anillos tuvo un éxito tan rotundo que rompió con estos preceptos, y muchos estudios encendieron las luces de alerta. Los films de Peter Jackson, basados en los libros de J.R.R. Tolkien, fueron rodados en simultáneo, concebidos como una gran película dividida en tres partes. Y el furor que desataron fue la prueba de que los productores podían apostar a largo plazo. Así llegó el aluvión de sagas que se mantiene actualmente – la mayoría inspirada en libros o comics –, impulsado también, hay que decirlo, por la falta de ideas originales que los críticos le achacan a Hollywood hace tiempo.

Por el lado de las series, es claro que el fin de la fragmentación vino con las plataformas on demand, con Netflix a la cabeza. La espera de una semana para ver un nuevo episodio fue reemplazada por la posibilidad de tener a disposición una temporada completa en un día. El disfrute por comentar con amigos el nuevo episodio emitido ayer cambió por la necesidad de ver toda la temporada antes que los demás.

Incluso, volviendo al MCU, Netflix cuenta en su catálogo con seis series de superéroes que se enmarcan dentro de este universo, las cuales, en mayor o menor medida, se vinculan por momentos con los films marvelianos y también entre sí: Así llegó a esta plataforma The Defenders, una especie de “Avengers de la B”. Y la cadena estadounidense ABC emite Agents Of Shield, otra serie del MCU en cuyo argumento repercuten los sucesos de cada film que se estrena. Cine, TV y Netflix, entrelazados en un mismo universo. El seguimiento individual de un solo producto se hace cada vez más compilcado.

La revancha de los nerds

No sólo la tendencia creciente hacia las sagas favoreció el éxito de Marvel/Disney en la pantalla grande. El inicio de este proyecto en 2008 coincidió también con el advenimiento de la fascinación por la llamada “cultura nerd”. Mientras, décadas antes, el nerd era considerado un paria, a partir de los 2000 el público en general comenzó a compartir los mismos consumos con el “nerdaje”. Si antes leer comics era motivo de burla, hoy el lector de comics ostenta sus conocimientos de superhéroes en las redes sociales. Hoy el coleccionista de “figuras de acción” las saca a relucir con orgullo, sin miedo a que lo tilden de infantil. Hoy lleva 12 temporadas al aire una serie como The Big Bang Theory – estrenada en 2007, un año antes que Iron Man – y un personaje como Sheldon Cooper es más querido que cualquier galán fortachón.

Con la tendencia a la continuidad más que a la individualidad, y la cultura nerd afianzada en el consumo masivo de la industria cultural, es posible que un universo compartido como el MCU genere tal fidelización del público. Este gigante suceso no es posible sin espectadores fieles que sigan la historia y estén dispuestos a pagar por ver cada uno de sus “capítulos”, cada una de sus películas, a pesar del paso del tiempo.

A diez años del comienzo, podemos decir que ya hay más de una generación fidelizada por estas producciones. Los que empezaron viendo Iron Man a sus 20 años, ya tienen más de 30. Y, lejos de oxidarse, el vínculo fiel con el MCU sigue generando público creciente y nuevo. El fanatismo por estos superhéroes trasciende ampliamente a los lectores de comics. Y es más: el fanatismo por Infinity War trascendió a los consumidores del MCU. Un gran número de espectadores, que no siguieron fielmente todas las películas del universo, fueron a ver ésta por su dimensión épica, aunque se les escapen partes del argumento. Más superhéroes juntos, más historias unificadas, más público. ¿Nos volvimos todos nerds?

Alerta Spoilers

Además, en medio del elevadísimo hype que se genera antes de cada estreno cinematográfico de la Casa de las Ideas, existe un factor relativamente nuevo a tener en cuenta: los sopilers. Antes del estreno de Infinity War, los directores iniciaron una fuerte campaña en las redes sociales, bajo el nombre “Thanos demanda tu silencio”. Los Russo publicaron en sus cuentas de Instagram y Twitter la foto de un “contrato”, en el que se comprometían a no mostrar el film completo en exhibiciones de prueba previas al estreno, y a cambio rogaban a los primeros fans que fueran al cine que no contaran nada de la trama, cuyo final incluye las muertes – al menos provisorias – de varios personajes.

A pesar de la viralización de la campaña, los sopilers no pudieron ser evitados por un largo tiempo. Es que la eterna disputa sobre cuánto tiempo esperar para contar detalles no parece tener mucho sentido en el universo Marvel/Disney, cuya empresa se spoilea a sí misma con la difusión anticipada de sus calendarios de estrenos. Así, mientras los fans lloran la “desaparición” de Peter Parker y de varios Guardianes de la Galaxia a manos del titán Thanos, la compañía anuncia las nuevas películas de Spider Man y los Guardianes para 2019 y 2020.

La expectativa y los números de la taquilla del MCU no decaen con esta información tan a mano. En última instancia, no se trata de spoilers ni de nerds. Se trata de estar ahí, de ser parte de algo enorme que trascendió toda lógica cinematográfica conocida hasta el momento. De no quedarse afuera del fenómeno y ver a estos héroes unidos en Infinity War, y en la continuación que vendrá con Avengers 4, y en todas las películas ya programadas. Porque el MCU es eso: pura continuidad. De historias, de público, de éxito. A esta altura, como decía un viejo capítulo de Los Simpsons, parece ser esa novela que jamás termina.

 

[1] Lic. en Comunicación Social (UNLaM)

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