Música de fondo para cualquier fiesta animada

Por Cristian Secul Giusti

“Había una vez, un país al revés. Y todo era diferente”

Sui Generis (1974)

 

Elisa Carrió aparece en los medios hegemónicos de comunicación y es presentada con música de fondo y en un ambiente de solemnidad o cuidado escenográfico. En ese contexto, es enarbolada como una intelectual política de alto calibre y con la esperanza del buen decir, el buen hacer y el buen actuar.

Ella lo sabe y lo disfruta. Y por eso asiente, mira a los costados, habla pausado y señala. Se pone lentes negros, sonríe irónicamente y dice que hay que matar a Durán Barba. También, en una misma línea de simulada demencia, aclara que los alimentos están más baratos en los supermercados y que el kirchnerismo solo quiere enturbiar un camino de éxito. Lo dice y hace una mueca. Mira a cámara y maneja el espectáculo.

En su avance de enunciación, Carrió es casi un personaje cómico de cine o teatro que, sin el más mínimo atisbo de preocupación, sostiene que el dólar va a estar en $22 o $23, y argumenta que la suba alocada de la moneda estadounidense es sólo un problema de liquidez de la soja. “Las tarifas no van a aumentar más en todo el año”, despotrica entre micrófonos. “A Macri le preocupa la gente, no lo demuestra porque es ingeniero”, concluye al pasar, como quien no quiere la cosa.

¿Carrió está demente? No ¿Experimenta una locura extrema? Tampoco. ¿Es parte de un simulacro constante? Si. Y sin lugar a dudas es una figura política elemental en Cambiemos, que tiene una construcción mediática funcional y acorde con las búsquedas comunicacionales del gobierno. Su rol es el de tirar frases laterales, ensuciar opositores y mostrarse a la salvaguarda de la Nación.

El trabajo estratégico que integra ese significante mediático llamado “Lilita” es persistente y tiene efectos positivos para la gestión neoliberal. ¿Carrió fue siempre así? Difícil saberlo en términos existenciales e íntimos, pero lo que se puede destacar es su desempeño político y sus apariciones en los medios de comunicación.

Para ejemplificar, su imagen comenzó vinculada al radicalismo menos conservador -si es que eso existe-, luego a un “progresismo” anti-kirchnerista, un transversalismo enigmático entre socialistas y libre-pensadores y, finalmente, a una alianza polémica con la derecha más corporativa y alineada con el mercado financiero. Esta, por lo pronto, es su jugada más fuerte y su carta preponderante. Y a juzgar por los votos que obtuvo en las últimas elecciones legislativas en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la apuesta tuvo grandes frutos. Logró ganar su banca, e imponer su papel de mística mezcla crucifijo + cama solar + grotesco + denuncias de impacto mediático. Una especie de “made in andá a chequearlo”.

En este escenario, Elisa es la favorita de los medios de comunicación masiva y el personaje más presente en la actualidad tensionante del macrismo. Entre la aparición de Domingo Cavallo como apriete de mercado, las imposiciones del Fondo Monetario Internacional y la timba endemoniada de los empresarios con el dólar, la ex líder del ARI, el Acuerdo Cívico y Social y UNEN introduce su máscara cómica e intencionada para desviar lo importante y relamerse en su propia actuación.

La construcción de su imagen puede tener altibajos, pero nunca descansa ni se detiene. Sin ir más lejos, posiblemente sea el sostén mediático del macrismo en estos tiempos de economía incendiada -al menos, en términos simbólicos- y, por este motivo, la veneran tanto Luís Majul como Nelson Castro y Joaquín Morales Solá, por citar tres periodistas de renombre.

Carrió es la elegida de TN o América para dañar y profundizar discursos. Justamente por eso, sirve pensar en su función y su preponderante desplazamiento por los huecos del poder real. “Lilita” no está loca ni es una patrulla perdida. Tampoco es una protagonista inofensiva o demencial que reparte basura y se manda a guardar a la casa. No. Ella cumple al pie de la letra su lugar en este universo de usura y despojo. Tiene reuniones previas y sesudos encuentros con tecnócratas y políticos “de la nueva era” que la aconsejan y también la escuchan.

Ella sabe cuándo golpear, contraatacar o quedarse en el molde. Y lo sabe muy bien, no se le escapa ningún pájaro y es más peligrosa de lo que muchos suponen. No hay que perderla de vista nunca, aunque la música animada de fondo parezca delirante o superficial.

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