Foco en el vacío

Por Cristian Secul Giusti[1]

El tipo mira a cámara, hace una mueca, corre la vista a un costado y vuelve a fijar los ojos en la luz roja. No habla, no dice nada y cada tanto aprieta los labios. Está casi nueve minutos en silencio. En algunos momentos sale de su letargo, hace un ademán gestual para corregir a su ladero, pero se arrepiente y elige el silencio como único destino. Está de brazos cruzados y de a ratos mueve lentamente la cabeza o une las manos con contemplación. El mutismo es feroz, pero su acompañante es quien lleva la voz cantante y el mando de la exposición.

Ambos están sentados con los codos sobre un escritorio y parecen estar en una oficina o en una habitación cerrada, quizás cercada por asistentes y comunicólogos fuera de aire. Detrás de ellos se ve un estante metálico con libros y una cortina triangular a la inversa que está justo en la nuca del presidente de la Nación, Mauricio Macri. Él es el hombre que enciende y apaga la luz; y quien calla y observa con ojos de águila se llama Francisco Cabrera, el Ministro de Producción del gobierno conducido por Cambiemos.

La escena que los contiene es bastante sobria y el objetivo un poco más complejo: pedir “responsabilidad” a los legisladores del Congreso en el debate sobre las tarifas. En su discurso, Macri sonríe, tuerce la boca, arquea las cejas y se muerde sus labios buscando las mismas palabras que dejó atrás en una oración cercana. Sus pupilas buscan algo en los costados de la cámara. Van y vienen. Y con una desplazamiento un tanto trastabillado tratan de generar un contacto bastante esquivo y poco fluido. Si bien los cambios de ángulo ayudan a darle ritmo -en algún momento se ve la figura del presidente en el cuadro, en otro aparece acompañado por la silueta muda-, el spot grabado no tiene contundencia y se muestra duro, hosco y poco colorido.

El contenido no es muy distante ni tampoco logra romper el tono monocorde del escenario. Macri saluda con énfasis, le da la bienvenida a la cadena nacional y arremete con su propósito. Le habla a “los argentinos” y busca generar confianza porque “este es el camino correcto para el crecimiento”. Como primer fundamentación, dice -un poco a los gritos- que no queda otra opción y que está haciendo todo lo que está a su disposición para evitar ser Venezuela. Pide acompañamiento y trata de explicar por qué hay que pagar el alto importe de las boletas de luz y gas. “Yo siempre les voy a hablar con la verdad y gobierno para ustedes”, sostiene con cara de enojo.

“La única manera de generar un cambio en el tema energético, es que cada uno haga su parte” expresa con el puño en alto. A partir de ahí, comienza un segundo argumento que circula alrededor de la lamparita Led y las opciones para consumir menos energía. En ese caso, el leitmotiv es el cambio del foco por ese otro de menor consumo (que es “accesible” para comprar porque “cada día está más barato”) y la recomendación se completa con una invitación y el dictado monocorde de una página web.

La tercera arista de su discurso -cada vez más dificultoso en su avance y recorrido- es la que implica el nombre de Cristina Fernández de Kirchner y sus supuestas “locuras”. En esa trama, la referencia a la ex-presidenta es traída a la ligera y suena hasta forzada para el ministro Cabrera, quien desde el más extremo silencio abre los ojos y mira fijo a un costado.

En esa alusión forzada, el presidente expone a los gobernadores como títeres y rehenes de Cristina. No solo los rebaja en su condición de políticos y estrategas en sus provincias, sino que los integra en un lodo de demencia supuestamente comandada por la mayor líder de la oposición en la actualidad.

En el combo, Macri queda atrapado en una lógica de contienda que lo muestra débil y acusatorio, con más intenciones de golpear al vacío que de alcanzar alguna sombra en ese desarrollo. La jugada es clara y, por ende, también torpe: nombrar a Cristina para que ella le conteste y así profundizar el temario kirchnerismo-anti-kirchnerismo, “pesada herencia” y relato resumido. Pues bien, ya hacia el final de la exposición -y en virtud de los ojos cansados de Cabrera-, se percibe que el presidente no logra afirmarse en su énfasis y que la respuesta de Cristina es la continuidad necesaria del video.

Sin embargo, la trama que unifica los bordes, los centros y los costados del spot de Macri es fallida en muchos aspectos. De los cuatro fundamentos mencionados anteriormente, ninguno logró un impacto serio ni tampoco pudo instalar una idea de acompañamiento de las políticas de ajuste -algo que venía bastante consolidado meses atrás-. Sumado a esto, la inclusión de la figura de Cristina se configura a partir de su contestación en dos oraciones: “Tratar a una mujer de loca. Típico de Machirulo”. Con esa respuesta, CFK no solo corre el eje de la disputa propuesta por Macri, sino que en un enunciado breve remarca las falencias presentes en el video y, asimismo, integra al colectivo feminista en la discusión.

Con todo esto, vale volver al silencio de Francisco Cabrera, seleccionado para acompañar a un presidente bravucón que se encontró con una construcción de enunciado fallida y tropezante. Nadie sabe el motivo de su presencia ni tampoco la causa de la indiferencia que le propicia el propio presidente. Más parecido a un escribano silencioso que acompaña a un conductor de televisión, la figura del Ministro expone una tensión: Cambiemos está comenzando a utilizar de un modo erróneo los espacios y los discursos. Y eso es bastante llamativo porque es una derecha corporativa que se ha preparado como pocas en América Latina para trabajar la puesta en escena.

De esta manera, no hay muchas opciones a la vista, y la idea de que están con las cuentas en rojo gana terreno y copa todo el aturdimiento. Por esto mismo, solo parece que el gobierno se inclinaría por una lectura de Teleprompter, amparada en la disputa con Cristina -que con sus movimiento sigiloso es más activa de lo que se cree-, continuará apelando a los enunciados que penetran con lentitud -”Lo peor ya pasó”, “Está pasando”, “Estamos haciendo”- y seguirá supeditado a una cobertura mediática que, más temprano que tarde, empieza a dar muestras de cierta soltura. El tiempo lo dirá, pero si nos guiamos por la duración del video grabado por Macri y su ladero, el sonido de cada segundo parece ensordecedor e inquietante.

[1] Doctor en Comunicación/Docente (FPyCS-UNLP)- Twitter: @cristianseculG

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