FMI: Falso, Miserable y de Imposible cumplimiento

 

Por Clara Razu[1]

FMI es una sigla que alude al Fondo Monetario Internacional, una institución que, en inglés, se conoce como IMF (International Monetary Fund). Se trata de una entidad de carácter internacional que busca impulsar la cooperación financiera y el comercio a nivel mundial.

Fue creado en 1944, luego de una conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que tuvo lugar en la localidad estadounidense de Bretton Woods. Allí, representantes de cuarenta y cuatro países alcanzaron un acuerdo sobre diversas medidas económicas con el objetivo de impedir que vuelvan a producirse devaluaciones como las que llevaron a la Gran Depresión de la década de 1930.

De este modo, el FMI nació con la finalidad de garantizar la estabilidad del sistema monetario mundial, intentando que los tipos de cambio y el flujo de pagos no registren graves alteraciones y así facilitar las transacciones internacionales. Finalidad incumplida a lo largo de sus 74 años de vida.

Una de las principales actividades del FMI es brindar asistencia financiera (créditos) a los países miembros que necesitan ayuda para solucionar inconvenientes en su balanza de pagos. Los críticos de este organismo, sin embargo, advierten que el FMI otorga la “ayuda” a cambio de imponer políticas que apuntan a reducir el gasto público. Por lo tanto, los préstamos del FMI condicionan la política nacional de los Estados miembros, cuyos ciudadanos pueden sufrir el recorte de servicios públicos (salud, educación, etc.).

La sede del FMI se encuentra en Washington (Estados Unidos). En la actualidad, el organismo cuenta con 189 países miembros y tiene entre sus principales prestatarios a Grecia.

El mecanismo de negociación ampliamente usado por el FMI, mediante el cual se estipula de común acuerdo con el país Deudor la evolución de los principales agregados macroeconómicos se llama “carta de intención” y hace especial referencia al saldo en la balanza de pagos.

En la práctica la carta representa formalmente los términos del acuerdo alcanzado con el Fondo, pues estipula las metas a cumplir.

Al contar con el aval del organismo internacional el país deudor puede negociar con mayor facilidad con sus acreedores, los que asignan gran importancia al acuerdo, puesto que el Fondo supervisa y asesora cercanamente al país prestatario en lo que a política económica se refiere. Sin embargo, esto va acompañado de fuertes exigencias en términos de política monetaria que provocan alto desempleo.

El problema surge cuando el déficit de balance de pagos, sector externo, se trata de subsanar a través de ajuste fiscal, o sea la disminución del déficit fiscal, presupuestario, interno. Esto es así porque el déficit fiscal se financia en pesos, mientras que el externo, se financia en dólares.

Toda la política de reducción del gasto fiscal, que incluye educación, salud, transferencias (jubilaciones y pensiones), gastos de estructura e inversión pública, tiene efecto sobre la actividad económica interna, provoca la disminución de la producción y empleo, y por lo tanto, la consecuencia es menor recaudación impositiva. Si bien la caída de la actividad económica reduce el volumen de las importaciones, esta disminución no alcanza a compensar la salida de dólares consecuencia de los pagos de dividendos, giro de ganancias al exterior de las multinacionales, y fuga de divisas.

En resumen, no se mejora la balanza de pagos con ajuste fiscal. Por otro lado, para acompañar la política fiscal “contractiva”, el gobierno avalado por las “intenciones del Fondo Monetario Internacional”, eleva la tasa de interés, con el objetivo de atraer capitales internacionales, claro que este aumento genera aun un mayor enfriamiento de la economía.

En función de bajar la fuga de capitales hacia el dólar, el Banco Central de la República Argentina, encaro un canje de las LEBAC (Letras del Banco Central) por NOBAC (Notas del Banco Central). La diferencia es básicamente el plazo de vencimiento, las LEBAC vencen cada 30 días, mientras que las NOBAC lo harían cada 3 años. Claro que este canje se haría bajo un costo de una tasa de interés que tiene como piso el 40%.

El resultado abultaría el pago de intereses, que a mediano plazo se generarían agravando la situación fiscal, ya que se agravaría el déficit.

Por otro lado, dentro de las recomendaciones del Fondo, está la de “dejar flotar libremente el tipo de cambio”, por lo que el “mercado”, decidirá el precio del dólar. Esta decisión genera la depreciación permanente de nuestra moneda y su consiguiente traslado a los precios.

Finalmente, la pérdida del poder adquisitivo de los ingresos se verá afectada también por el aumento de los precios regulados (tarifas) y combustibles, que están dolarizados y se verán sujetos a permanentes cambios. Junto con las altas tasas de interés y la reducción de subsidios, empujaran a la economía hacia una profunda recesión, eso sí, con inflación.

De esta manera, se presenta la cara real del modelo económico de la Alianza Cambiemos. ¿Podemos vivir mejor? La respuesta no está en el viento, está en el pueblo.

[1] Lic. en Economía – Docente Investigadora

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