El desvalije está latente: volver a Hermética

‘Victimas del vaciamiento’ es el último disco de estudio de Hermética y el segundo editado en el contexto neoliberal del menemismo (1994). De las cuatro obras publicadas por la banda de heavy metal argentino, este material tiene la particularidad de ser el que cierra la etapa de estudio del grupo y uno de los más descriptivos en relación con el escenario social y político de la época.

Por Cristian Secul Giusti[1]

A 24 años de su lanzamiento, sirve volver a Víctimas del vaciamiento porque, en resumidas cuentas, resuelve cuestiones de análisis coyuntural desde un ámbito de cultura rock y expone una destrucción neoliberal que se enlaza directamente con el pleno desarrollo de destrucción provocado en la década del 90.

En primer lugar, las canciones que integran el álbum destacan la potencia discursiva de las letras de rock argentino entendidas como un manifiesto de época y relato crítico e histórico. Por otro lado, subrayan también una reiteración temática que se liga con la actualidad macrista, trazada por el endeudamiento, la postergación social y el desmantelamiento financiero como propósito esencial de gobierno. En tercer término, remarcan la importancia del género metal argentino como espacio de identidad, disidencia y oposición al neoliberalismo.

La lírica compuesta por Ricardo Iorio, encarnada en la voz de Claudio O’Connor y acompañada por la guitarra de Antonio “Tano” Romano y la batería de Claudio “Pato” Strunz, recorre diferentes tópicos complejos ligados directamente a una lógica de despojo y destrucción en clave mercantilista. Si bien tanto el disco Hermética (1989) como el disco de covers Intérpretes (1990) y Ácido argentino (1991) presentan una poética cruda y mucho más puntillosa que la de V8 -la anterior banda de Iorio-, Victimas del vaciamiento integra un sonido más compacto, mejor grabado y sumamente descriptivo en relación a las prácticas neoconservadoras impuestas por el gobierno de Carlos Menem.

En este sentido, la obra habilita un diálogo entre la desmemoria social (“Olvídalo y volverá por más”), la desigualdad en la salud pública (“Hospitalarias realidades”), la presencia residual de los militares previa al asesinato del soldado Omar Carrasco (“Del colimba”), la hostilidad o la contaminación de las ciudades y su lógica mercantilizada (“Otro día para ser”, “Cuando duerme la ciudad”), la revalorización del espacio público barrial (“Soy de la esquina”), y las tramas vinculadas a la autenticidad metalera (“Ayer deseo, “hoy realidad”, “Traición”, “Buscando razón”).

En relación con las flojas lógicas de memoria y las puestas en escena que pueden gestionarse con mentiras y falsedades, “Olvídalo y volverá por más” hace hincapié en una perspectiva de política simulada. La trampa, en estos términos, está colocada en la propia ausencia de recuerdo que tienen los ciudadanos y el poco margen para condenar actos de usura (“En un avión se llevó el dineral, a donde nadie sabe, por supuesto. Seguro de que pronto lo olvidarán, y podrá postularse otra vez, nuevamente”).

En cuanto a la desigualdad y la confirmación del peligro en las grandes urbes afectadas por políticas de despojo, la cuestión de la salud y la medicina se exhibe de un modo crítico (“Experimentan sus drogas buscando error, total el pobre no es noticia vivo, enfermo o muerto”), se tensiona también con la idea de un progreso como triunfo y éxito emprendedor (“Más tecnología por más energía (…) Derrames de combustible, exterminio forestal. El motor contaminante, no se detendrá”); y se refuerza una noción violenta de urbanidad y el control ciudadano (“Reformatorios policiales son el sitio donde condenan al menor no reclamado. La sociedad lo adopta como hijo de puta, por eso escapa de la yuta cuando duerme la ciudad”).

Como alternativa a este derrotero, el barrio y los códigos entre metaleros funcionan como un acto de resistencia. Asimismo, los propios sueños o deseos de las minorías heavys se construyen en oposición a la inauténtica actitud de aquellos que no sienten la música como práctica de vida. De esta manera, se destaca la fraternidad ante los coletazos del neoliberalismo (“Allí esperan mis amigos en reunión. Mucho me alegra sentirme parte de vos. Conversando la rueda, ya se formó, y las flores se queman buscando un sentido”), y se expone una defensa de los ideales rockeros frente a la falsedad (“Sos veleta de la moda y no me asombra, que mañana amanezcas metalero”).

Siguiendo esta línea, se pone en evidencia también la importancia de no claudicar ni traicionar (“Cosas malas tiene la vida. Pero ninguna peor que la traición. Unos callan, otros olvidan. Y yo lo canto recordándotelo”) y de percibirse rebelde a pesar de las dificultades (“ Cuando ya lejos de la ciudad central los horizontes me ven. Rutas saldar, para llegar y mostrar que soy quien quise ser”).

Victimas del vaciamiento ofrece un mapa de exhibición para comprender una realidad cruenta en tiempos de dormidas fatales. La edición de este disco no se suscitó en un momento de estallido social o de crisis económica expansiva, sino, todo lo contrario. Aún con el respirador artificial de la convertibilidad y el palpable, pero invisibilizado aumento de la desocupación y la pobreza, Hermética destacó  las diferentes agresiones de la crecida neoliberal mirando la cotidianeidad y las relaciones personales.

En este contexto actual sirve encontrar refugio y también ideas en los discos de rock argentino que han sabido recuperar lo dicho y no dicho en un estado de sociedad particular. Por tanto, Victimas del vaciamiento funciona como clave para vincular, primeramente, la ferocidad neoliberal en tiempos macristas y, asimismo, resaltar la óptica crítica de Hermética como ícono cultural de los márgenes. En este aspecto, las letras no son meras acompañantes musicales, sino, como se advierte, enuncian y manifiestan un marco de discusión que se retoma como revisión, pero también como disputa para “desnudar el sin razón que modeló nuestras vidas”. La relevancia está puesta en una profundidad que sintoniza al arte con la dimensión política. A veces abajo de la superficie y en otros momentos más visible de lo que se cree.

[1] Doctor en Comunicación/Docente (FPyCS-UNLP)- Twitter: @cristianseculG

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