Paritarias libres en la era de la posverdad

Por Daniel G. Rossetti

Luego del vértigo que nos tocó vivir en el mes de mayo, la Unión Obrera Metalúrgica de la República Argentina (UOM-UOMRA) los retomó los diálogos iniciados en abril entre las cámaras de industriales metalúrgicos y los representantes del ministerio de trabajo para acordar cuál debe ser el ajuste de salarios de los trabajadores en su gremio. El relato de cómo se pasó del 20 % inicial al 15 % es el sinceramiento de las estrategias del gobierno para usar al salario de los trabajadores como variable para reducir la inflación, achicando la demanda interna, enfriando, aún más, la economía y la producción fabril nacional, amén de poner a los sueldos argentinos dentro de la escala salarial de la región, con el aumento del “ejército de reserva” y la desvalorización del salario en pesos respecto del dólar, como parámetro internacional de referencia para los “inversores pluviales”.

En los primeros días de abril, Antonio Caló, secretario general del gremio industrial con mayor cantidad de afiliados, comunicó que perforaría el techo salarial propuesto desde el ministerio de trabajo del 15 % al cual ya habían cedido varios gremios, llevándolo al 20%. En los pasillos se rumoreaba que las cámaras patronales no veían con malos ojos ese porcentaje. Faltaba saber la posición que adoptaría el ministro Jorge Triaca.

Como en todas las negociaciones había propuestas: 25% de máxima por parte de gremio, y 12 % en tres cuotas de mínima, por parte de la patronal. En esos lejanos tiempos, cuando el dólar rondaba los 19 $, Caló remarcaba que el salario por hora de un obrero metalúrgico era apenas el costo de un kilo de pan, que ese momento giraba alrededor de los 60 $. El pedido buscaba dejar el salario del trabajador menos calificado ingresante a un empleo en $17.000, equivalente a una canasta básica en aquel momento, que hoy parece tan lejano. El lunes 9 de abril, se juntaron oficialmente las partes y ante la falta de acuerdo, las continuarían el jueves 12 en el ministerio comandado por Triaca.

Pero, como era de esperar, la reunión fracasó. Una semana después la UOM tendría su plenario en Mar del Plata, donde se consensuó con los 300 delegados reunidos un plan de lucha con asambleas en fábricas y un paro de 24 hs, con movilización a partir de las 10 hs del 3 de mayo. En el comunicado del 18 de abril bajo el lema “Por la unidad del movimiento obrero, la producción nacional y los puestos de trabajo” se hizo un análisis de la situación inflacionaria, que tuvo mucho más de realismo que la que hace el gobierno. “La UOMRA considera que la concentración en pocas manos de la economía nacional, en los rubros de alimentación, medicamentos y limpieza y aseo, entre otros, juntos con los costos de los servicios públicos y la intermediación no productiva, son los principales impedimentos para lograr un descenso en los índices inflacionarios”.

Antes del comienzo del congreso, en declaraciones periodísticas a Telam, Antonio Caló declaró que ningún trabajador podía ganar menos que la canasta básica. “Si yo tengo un sueldo de $13.000, de nada me sirve firmar un acuerdo del 15%”, sostenía el dirigente. En una entrevista al sitio “Noticias Gremiales”, el secretario general remarcó que desde 2015 hasta la fecha se había perdido veinticinco mil puestos de trabajo, haciendo visible la gravedad de la situación que afronta el sector, algo que también los delegados metalúrgicos dejaron plasmado en el documento de Mar del Plata. “La UOMRA tiene clara la necesidad nacional de tener un superávit en la balanza comercial, logro aún no alcanzado, por eso ratifica la necesidad de poner fin a la apertura indiscriminada de importaciones y, a la par, defender la producción nacional, apoyar a las PyMES y a las Entes oficiales que contribuyen al desarrollo tecnológico”, en claro reconocimiento a la terrible situación que también se está viviendo en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

Según información del sitio “Infogremiales”, en reuniones informales entre el sindicato y las cámaras metalúrgica se habría acordado una suba del 18,5%, pero el ministro Triaca era quien se oponía a mover el tope del 15% y aquí empezó a notarse “la mano del amo”, como imagen de la posición con la que el gobierno pretende manejar las condiciones de los trabajadores.

El 26 de abril, en el sexto cónclave entre los encargados por los gremios y las cámaras patronales, las posiciones no se acercaron. Si bien los empresarios mejoraron su ofrecimiento inicial apenas por encima del 12 %, esto acercaba a $16.000  el haber mínimo, pero la UOM ratificó su postura de $17.000 de básico. A la salida de la reunión el encargado de la negociación, el Protesorero de UOM Enrique Salina, ratificó el paro acordado en Mar del Plata, aclarando que la medida estaba en suspenso a la espera del acuerdo que nunca llegó.

Rápido de reflejos, el gobierno dictó la conciliación obligatoria por quince días y citó a las partes para el miércoles 2 de mayo en pos de llegar a un acuerdo. La última reunión de entendimiento se dio a última hora del 10 de mayo, donde los principales dirigentes de la UOM y de las cámaras empresariales acordaron un aumento en dos partes del 9 y 6 por ciento en abril y julio respectivamente, más el pase a parte del sueldo los $4.000 otorgados como suma fijas no remunerativa en el acuerdo de 2017, lo que elevaba la base salarial de los ingresantes a $16.800. Al ser acumulativos y con la suma fija incluida en el básico, se llegaba a un acuerdo del 22,5 % para los ingresantes y 18,5 % para los escalafones más altos. Pero a la mesa le faltaba la pata del gobierno que no estuvo presente en la firma del acuerdo.

Como represalia al acuerdo que perforaba el techo del 15% férreo que impone en los hechos el gobierno, aunque en las palabras diga lo opuesto, Triaca amenazó con derogar el aporte solidario del 2% que hacen todos los trabajadores metalúrgicos no afiliados al gremio. Tal como hizo con otras organizaciones díscolas, como la Asociación Bancaria a la que le quitó en enero de este año el 1% de los aportes de sus trabajadores no afiliados, ahora la amenaza cayó sobre los metalúrgicos, que paradójicamente no fue en respuesta a un reclamo de los afectados por el descuento, sino que respondía a la cámara de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes. El organismo encargado de equilibrar la relación desigual entre empleados y empleadores, cuando está en manos de un gobierno de CEOs, no responde a su función natural.

El 11 de mayo desde el ministerio de trabajo se anunció que se homologaría el acuerdo salarial del 15% y no del 18,5% que había anunciado la UOM. Este será, tal como puede verse en las plantillas de acuerdo por rama publicada en el sitio de los metalúrgicos del 9 % en abril más 6 % desde el 1 de julio, dejando a esta última alícuota fuera del cálculo del medio aguinaldo de junio. El Ingreso Mínimo Global de Referencia (IMGR) que es el mínimo que deben percibir los trabajadores como suma total de sus haberes, sean o no remunerativos, llega al final de los ajustes del salario a $16.800  para los nuevos ingresantes.

Este relato deja en claro cómo el ministerio de trabajo, personero del gobierno, presiona en los hechos a los sindicatos para lograr imponer un techo a las negociaciones libres entre empresarios y trabajadores, y que lejos de cumplir su función de equilibrador de las relaciones, inclina el platillo de la balanza hacia el lado opuesto de los trabajadores. “Las paritarias son libres, lo que sí consideramos es que es muy importante que la sociedad se comprometa con esta meta del 15 por ciento y de entender que la lucha contra la inflación no es una cuestión solamente por parte del gobierno” declaró el Jefe de Gabinete de Ministros, Marcos Peña, poniendo una vez más del otro lado la responsabilidad del ajuste que llevan como política económica.

El ministro Triaca deja entrever apenas la estrategia: “Creemos en los acuerdos libres El ministerio ayuda a tratar de generar las condiciones para que ese acuerdo se realice. Pero también les pedimos a las partes que contemplen el impacto en los que no se sientan en la mesa de negociación, porque muchas veces tenemos que contemplar al resto de la cadena de producción, cuando en verdad es parte de un proceso productivo” declaró a radio Continental a mediados de abril, aunque nunca aclaró que las condiciones de los acuerdos sean, quitándole el filtro de la posverdad, la extorsión de dejar sin recursos a los gremios para atender sus funciones mutuales. En esa línea, la UOM presenta un rojo de 800 millones de pesos por mora de los aportes patronales, a lo que si se le suma la quita (que todavía está en carpeta en el ministerio) del 2% solidario, la situación socio-asistencial de los trabajadores metalúrgicos estará aún más complicada de lo que ya se encuentra.

El sector metalúrgico sigue en una situación muy compleja, solo en lo que va entre mayo y junio las fábricas Mabe en Haedo, ESSEN y Corven en Venado Tuerto, Vasalli en Firmat, Mefro Whells en Rosario, Emepa en Chascomús y Motomel en San Nicolás fueron evidencia de la retracción del consumo en el mercado interno y el agravante que produjo la apertura indiscriminada de importaciones, desnudando la crisis económica que va desde suspensiones, despidos y llega al cierre de las empresas. Todo agravado con la escalada del dólar, que roza los $29,  y del cálculo inflacionario,que desde la cartera económica del gobierno ya reconocen que dejó atrás los cálculos del 10%, ajustado al 15% y reconocidos del 20%, con el decreto firmado por el presidente Macri que adelanta las cláusulas de revisión hasta un 5% en dos veces, siempre y cuando las cámaras lo consideren viables.

El gobierno aclaró que los combustibles y los servicios aumentarán según la planilla Excel del ex-ministro Aranguren, y el acuerdo recientemente firmado con el Fondo Monetario Internacional reducirá aún más los subsidios, agravando la situación de la PyMES, empeorando los indicadores de ocupación, profundizando la espiral de deterioro económico y aumentando el traslado de recursos de los sectores populares a los sectores concentrados de la economía. Las consultoras privadas ya dejan a las expectativas inflacionarias entre el 25 y el 32% según el grado de afinidad con el gobierno, evidenciando que cualquier baja en los futuros índices será por la retracción fortísima del consumo popular que hará inviable cualquier traslado a precios de los aumentos de los costos.

Será hora que la UOM revise su declaración de Mar del Plata y pase a la acción, contagiando a sus compañeros de la Confederación General del Trabajo, proponiendo un plan de oposición serio, que vaya más allá de un paro general que hasta le pueda resultar útil al gobierno como válvula de escape de presión de la bronca social que se va acumulando.

 

 

Fuentes:
www.infogremiales.com.ar

www.uom.org.ar

 

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