Aparecé muerta o no aparezcas

Un día como cualquier otro aparecen dos, tres fotos de una piba que salió para la facultad y no llegó, que iba a rendir y nunca entró al aula, que le avisó a una amiga que ya estaba yendo para su casa, pero nunca le tocó el timbre. Las imágenes siempre están acompañadas de los últimos datos conocidos sobre ella: vive en tal barrio, se la vio la última vez en tal otro, usó la SUBE para tomarse un colectivo o se iba a ir a encontrar con un novio. Las redes sociales permiten una rápida difusión y la información empieza a correr: el botón de compartir en Facebook estalla y los RT en Twitter también.

Por Julia Moretti[1]

Melany Aguiar tiene 19 años, salió el viernes de su casa para la Facultad de Agronomía de la UBA y no había vuelto. El fin de semana largo fue una total incertidumbre para la familia: su SUBE y su celular seguían activados, pero no podían encontrarla. Melany había terminado hacía poco tiempo una relación con un joven – según sus amigas, era celoso y controlador-, que se convirtió, durante unas horas, en el principal sospechoso.

Afortunadamente, después de cuatro días, un vecino la vio en una panadería en Pilar y advirtió a la policía. “Fui a visitar a un amigo” les dijo Melany a sus padres y, además, agregó que tenía una relación mala con ellos y por eso se había ido de su casa. Sin embargo, por lo que se construye en los medios y en ciertas declaraciones cotidianas, aparecer sana y salva tiene sus costos.

Los misóginos andan diciendo

Cada vez que se difunde y comparte la foto de una joven que se ausenta de su casa durante largos días pensamos lo peor. Eso no sucede porque sí, sino porque existen casos anteriores que obligan a estremecerse. Micaela García estuvo desaparecida una semana antes de que la encontraran violada y asesinada por Sebastián Wagner, y Darío Badaracco estranguló y enterró en cal a Araceli Fulles, que fue hallada un mes después de que su desaparición fuera denunciada. Esos son sólo dos ejemplos y nos alcanzan para asustarnos, aunque la piba que veamos en la televisión no sea ni vaya a ser amiga nuestra. No nos importa. Hay una de nosotras que está desaparecida y que hay que encontrarla, cueste la plata que cueste.

Pero ¿qué pasa cuando las jóvenes se ausentan de su casa durante días y luego aparecen comprando en una panadería, como si nada, como Melany Aguiar? Hay una parte de la población que se alegra de que esté bien, sana y salva. Es decir, es fácil: nos alegramos porque no apareció violada, estrangulada y/o empalada. Nos alegramos porque tiene 19 años y toda una vida por delante. Llegamos al punto de sentirnos aliviadas porque está viva.

Ahora bien, hay otro sector al que le cuesta un poco más ser empáticos y lo demuestra en los comentarios de los diarios digitales, resguardados detrás de una pantalla. ¿El tema recurrente? La culpabilización de ella. Los medios de comunicación hegemónicos también suelen recurrir a esta “estrategia” y hacen hincapié en aspectos banales de las mujeres: cómo se visten, con quién salen o con quiénes se acuestan. Así, se construye un discurso arraigado en la moral y las buenas costumbres que siempre, inevitablemente, terminan descalificándonos.

¿Quiénes son los autores de los comentarios? Habitualmente, hombres de más de 50 años. Es que el patriarcado lo indica así: si aparecés asesinada, algo habrás hecho; quizá usaste una pollera muy corta o mostraste mucho la piel. Ahora, si aparecés viva probablemente te hayas ido a “coger por ahí con algún noviecito”. Parece ser que las mujeres nos merecemos que nos pasen cosas horribles por el solo hecho de ser libres: de vestirnos como queremos, de tener relaciones sexuales, de salir hasta tarde y de caminar solas a la noche.

Diario Perfil, en su versión digital, levantó la nota de la aparición de Melany Aguiar y los comentarios rebalsando de odio no tardaron en llegar. Eduardo Benítez escribió: “HAY Q HACERLE PAGAR POR TODOS LOS MOVIMIENTOS Y GASTOS OCASIONADOS POR UNA JODA!!!”, así, en mayúscula, para que quede claro que la aparición de Melany realmente lo enoja. Eduardo Sánchez, por otro lado, opinó: “Tranquilo, que en unos días la vas a ver con su trapo verde en el pescuezo, gritando frente al Congreso”. Por último, Raúl Lima se sumó a la polémica: “Esta atorranta se fue de joda con algún machilongo. Sin duda no tiene valores morales ni se los han inculcado en su casa. Debe pagar los gastos y pérdida de tiempo de las autoridades”.

Dijeron que Melany era una atorranta, que se fue de joda con algún “machilongo”, que va a aparecer con el “trapo verde” haciendo alusión al pañuelo de la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Pero además, que tiene que devolver la plata invertida en su búsqueda, aunque ya exista un fondo destinado para búsquedas de este tipo y a las personas encargadas ya se les pague un sueldo por hacer su trabajo.

Así como las redes sociales facilitan la difusión instantánea de las fotos e información de las chicas que faltan de sus casas, también habilitan a que existan comentarios de este tipo, que lo único que demuestran es tener cero empatía con la familia, y una misoginia y odio hacia las mujeres libres. Al leerlos, nosotras nos preguntamos: ¿y qué si se fue de joda con un “machilongo”? ¿Y qué si después quiere reclamar por el aborto legal?

Sí, Melany podría haberle avisado a sus padres que estaba bien, pero la comunicación y la relación entre ella y su familia no es asunto nuestro, a nosotras eso no nos importa. Lo único que sí nos interesa hoy es que Melany no es una víctima más de este sistema y que apareció viva, sana y salva. Hoy estamos contentas de no tener que salir a marchar porque nos arrebataron a una más. Hoy, Melany puede seguir disfrutando de ser una mujer libre.

 

[1] Licenciada en Comunicación Social – Periodista

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