Nos la cuentan desde afuera

Por Santiago Alonso[i]

Cerca de las doce, la conductora de amplia sonrisa que ocupa las tardes de Canal Trece anuncia que llega “el gran momento de la noche”. Esta por abrir el sobre para dar a conocer al ganador del “Martín Fierro de Oro” que a su vez será entregado por Jorge Lanata, otra figura del canal. A viva voz anuncia que la estatuilla caería en manos de “El Marginal”, con Juan Minujín, Martina Gusman, Claudio Rissi y Nicolás Furtado. Ovación, abrazos, festejos y el discurso correspondiente.

A la mañana siguiente, notas en las principales radios a los productores y protagonistas junto con elogios a la ficción de Underground, la generadora de contenidos de Sebastián Ortega. La obra multipremiada relata la historia de un ex policía que es obligado a ingresar con una identidad falsa a un penal para rescatar a la hija de un influyente juez que está secuestrada en el interior de la cárcel. Los “malos” en este cuento son otros convictos que por diversas razones terminaron allí. Si bien los aspectos técnicos y actorales son casi inobjetables, parece más de lo mismo. La secuela estrenada por la Televisión Pública esta vez será una precuela y narrará los hechos desde el punto de vista de los “villanos” de la primera entrega.

Ya se han visto este tipo de historias y para no cansar al lector/a se procede a la rápida enunciación de ejemplos de obras similares (la mayoría de culto): “Pizza, birra, faso”, “Okupas”, “Tumberos”, “Sol negro”, “Elefante blanco” y tantas otras series y películas que si bien cuentan con diferentes directores tienen algo en común: los sectores más humildes son retratados constantemente como peligrosos, incultos a los ojos de ciertos sectores “bienpensantes” o bien si la cultura está presente aparece mostrada como algo indigno, casi censurable.

Zoncera for export

Un claro ejemplo de esto es lo que ocurre en “Ciudadano Ilustre”, film del 2016 dirigido por los publicistas Mariano Cohn y Gastón Duprat. En la cinta, Oscar Martínez se pone en la piel de Daniel Mantovani, un escritor argentino que reside hace décadas en España y que acaba de ganar el Premio Nobel de literatura. El protagonista, recluido en su lujosa mansión, rechaza notas a la prensa, reniega de su país, pasa por alto cartas de admiradores, pero lee con atención una invitación proveniente de Salas, su pueblo natal adonde se lo invita para participar en una ceremonia donde será nombrado ciudadano ilustre.

Tras pensarlo, decide volverá a su país para saldar supuestas viejas deudas y es allí donde se desata el eje del film: la supuesta distancia entre alguien que dejó la Argentina para “triunfar” y quienes desarrollaron su vida en ese pueblo del interior de la provincia.

Muchas cosas que se ven en pantalla no harán más que prender las alarmas de todo/a aquel que mire la película con algún sentido crítico, dado que a excepción del protagonista y bajo la lógica de los realizadores, la población de Salas es mostrada continuamente como inculta, inoperante, vulgar, agresiva e incapaz de conectar de manera armónica con cualquier disciplina intelectual.

Esto no ocurre de manera intermitente, los directores tomaron además la decisión narrativa y política de mostrar al intendente de la localidad ficticia como alguien que afirma que “de cultura no entiende un carajo”, y lo que es peor, se trata de un alcalde perteneciente al Partido Justicialista (hay una escena en la que Mantovani está a punto de ser recibido por el jefe comunal y en ese plano se aprecia claramente una imagen del general Juan Domingo Perón), entonces queda claro cuál es el sentido ideológico detrás de ese personaje.

Cohn y Duprat redoblan la apuesta con un “rival” del escritor, un pueblerino que habiendo leído los textos del autor, le critica el uso comercial que le dio a Salas para nunca más visitarlo o ridiculizarlo en sus páginas, señalando además el comportamiento pedante y eurocéntrico del galardonado. Pero al ser retratado como un cretino no existen posibilidades de que el espectador tenga empatía alguna con él. Todo el film es absolutamente impiadoso con quien haya nacido en Salas.

En “Elefante blanco” (2012, Pablo Trapero), dos “curas villeros” llevan adelante la tarea de ser el dique de contención en un contexto donde las necesidades son permanentes. Nuevamente: pobreza estructural y personas que entusiastas y con entrega intentan hacer la diferencia.

Pese a las nobles intenciones de este largometraje, nuevamente se reproduce una lógica muy común en nuestro cine: los pobres son indefectiblemente seres sin deseos, lineales, con dificultades para hablar, no conocen ni les interesa conocer la superación, portan armas y la droga es su única vía de escape ante una realidad cruda. En este tipo de historias pareciera que esa superación de los postergados nunca existe e invariablemente la muerte o la cárcel son su único destino posible.

Como si en la última década no hubiera existido un proyecto político en el poder que, si bien no alcanzó la totalidad de sus objetivos sociales, tuvo la decisión nítida de acortar la brecha de la desigualdad echando por tierra cualquier hipótesis meritócrata y convirtiendo a los más vulnerables en sujetos de derecho y no de exhibición para que el espectador tome un retrato fijo de “la pobreza”. En las historias “tumberas” mainstream ,el “pobre” mata y muere como si se tratase de un comentario cotidiano de un conductor radial que les atribuye y desea ese destino a quienes no tienen nada.

Pone cara de barrio

Merece una nota aparte el seguimiento de los medios tradicionales y las entrevistas “espontáneas” donde periodistas que se visten de pueblo por un rato y visitan barrios humildes para mostrar su peor cara, “Esta es mi villa”, “Calles Salvajes” y similares envíos refuerzan el discurso hegemónico de la pobreza como garantía de delito.

Martín Ciccioli va con la cámara de Telenoche para cubrir una feria de consumo popular en Moreno. Lejos de ser consciente del sitio donde está, recorre el lugar haciendo chistes, mete algún bocado y pregunta a puesteros que venden remedios a precios más bajos que los de lista si es legal la venta de medicamentos o si quien atiende es farmacéutico “¿Que nombre le pondrías?” (Refiriéndose a su mesita con cosas) “¿Sabés que te la jugas un poco con esto? Pelotudo. Por supuesto que lo sabe. El problema ya lo tiene porque obviamente no eligió estar ahí.

Antes de llegar a la farmacia y tras escuchar testimonios de clientes que hacen sus compras allí dice (también irónicamente) “No hay paz, no tenemos paz”. No Martín. Vos estás tranquilo porque después de irla de turista a un lugar donde la gente vive una pesadilla, te subís a la camioneta del canal y te vas a tu casa, a pegarte un duchazo y dormir tranquilo (aunque este no fue tanto el caso porque un tipo se dio cuenta de las avivadas y lo fue a increpar)

Venden el veneno y luego se sorprende por los síntomas, eso es lo que ocurrió con los medios vinculados al Grupo que se encargaron de militar antes y después de la asunción de este gobierno, un proyecto de estas características para luego “asombrarse” de lo que ocurre cuando se implementa el plan económico.

Contrariamente a las reglas de redacción periodística el planteo se hará en primera persona: la estigmatización de la pobreza y del conurbano nos tiene hartos/as, en donde vivimos hay gente con sueños, esperanzas, logros académicos, deportivos, políticos y técnicos que tiran bien abajo todos los prejuicios de una filmografía ultra porteñista y de mirada palermitana empecinada en que el espectador tenga una mirada “turista” equivocada.

Para cerrar, las acertadas palabras del colega Ale Dgda: “Si, son todos muy progresistas y se la van dando de artistas bohemios. Pero cuando tienen que filmar una miniserie pedorra con Nazarena Vélez sobre una banda que secuestra empresarios, eligen a Merlo e impostan “amor al barrio que me vio nacer”. Siempre es más fácil montarse en lo peor del sentido común y reproducirlo. Siempre es más fácil usar a Merlo o a cualquier otro lugar de los míticos cordones conurbanos como el paisaje donde lo peor nace, sucede y se reproduce. Tengo las pelotas llenas de que nos quieren venir a contar quienes somos.”

[i] Periodista, Universidad de Morón. Director de Bender FM

 

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