Los mitos del discurso

Por Esteban Pastoriza

 

Pese a este panorama poco beneficioso para la imagen de Cambiemos y con algunos  cimbronazos en la estructura de su equipo gubernamental, que dieron lugar al reemplazo de jugadores claves como Aranguren, Sturzenegger y Cabrera, en más de una ocasión se pudo escuchar al propio Macri enfatizar que “no hay un plan b” en materia económica, tratando de asegurar de esta manera que en el camino para “integrarse al mundo” no habrá lugar para innovaciones o consejos que no provengan del círculo íntimo presidencial.

Pero es justamente en base a esta suerte de idea única, que se intenta dar cuenta de la confirmación de un plan definido e inamovible, de que Cambiemos logró construir un relato (o una narración) concreto, que busca dar sentido común a sus propias acciones, contando con la aprobación de gran parte de la sociedad independientemente de que estas decisiones políticas tuvieran implicancias claramente perjudiciales sobre la propia calidad de vida del conjunto de la población.

Lo cierto es que Cambiemos ha intentado edificar un bloque de poder mediante la instalación y difusión (donde la funcionalidad de los medios de comunicación y del poder judicial juegan un rol clave) de algunos conceptos y definiciones que le permitieron alojar en la opinión pública la construcción de  algunos “mitos”  con el fin de desviar la atención social y focalizarla unidireccionalmente en contra de funcionarios o sectores que formaron parte del gobierno anterior, y con la idea de eliminar por completo cualquier intención de retorno de las  políticas populares.

De esta manera, Cambiemos fabricó el mito de la “fiesta populista”, afirmación discursiva que busca enfatizar que los argentinos estuvieron viviendo por encima de sus posibilidades, donde no eran factibles ni el nivel de consumo masivo que había generado el gobierno Kirchnerista, ni el auge de mayores oportunidades para los sectores más desfavorecidos, dado que en el pensamiento neoliberal, cada uno debe conformarse con la posición social que ocupa.

De allí se desprende el segundo mito, que es el de una “Argentina meritocrática”. La tendencia a querer instalar que los sectores populares han presionado injustamente al Estado con el fin de recibir dádivas o lograr conquistas obreras y sindicales inmerecidas, pues en el pensamiento neoliberal cambiemita el rol de un Estado presente se contrapone  con la creencia  de que la igualdad humana es consecuencia directa del desempeño personal volcado en  una economía libre.

Es en función  de legitimar esta suerte de religión del Mercado o  dios del dinero, que la búsqueda del Gobierno está orientada a diferenciar a los individuos en base a los bienes materiales que  poseen, y la tendencia de querer instalar que los logros individuales están por encima de cualquier victoria grupal u organizada, y de allí la intención de confrontar con cualquier partido opositor aglutinador de masas u organización gremial con poder real de conquista de derechos. Lo perverso está en buscar consolidar una sociedad crecientemente desigual, enaltecer siempre una  solución  individualista en detrimento de cualquier salida colectiva, para que los pobres terminen por reconocer la legitimidad de la riqueza y se resignen culposamente a su suerte.

Como corolario de la construcción del discurso de Cambiemos, destacamos el mito de “Pobreza cero”. Un intento de establecer un debate sobre esta problemática social que en realidad termina siendo una paradoja, pues  al fin y al cabo  la verdadera discusión que quiere evitar el Gobierno  es la que pone en juego a la repartición equitativa de la riqueza. De esta forma, instala en la opinión pública que el Estado debe estar al servicio de la acumulación privada del capital, porque generando condiciones de rentabilidad en el empresariado no hará falta una intervención estatal para solventar la necesidades de los más vulnerables, sino que será el propio Mercado el encargado de generar los beneficios requeridos, producto de un libre funcionamiento enmarcado en una única ley de oferta y demanda.

Lo cierto es que esta construcción de sentido que lleva adelante Cambiemos y  que anida sobre un ideal de sociedad excluyente, elitista e individualista, les ha resultado imprescindible para la concepción  del orden neoliberal que busca legitimarse bajo una supuesta idea de una sociedad pacificada y reconciliada a la que solamente hay que darle tiempo para que la desaforada concentración de riqueza devenga en un bien común  social.

Quienes pretendan ejercer el rol opositor a estos designios, deben comprender que resulta imprescindible la construcción de una alternativa antagónica y homogénea en el terreno político, la conformación de un bloque social de poder con la capacidad de articular aquellas demandas sociales abandonadas en la actualidad del cambio, y el logro de una organización que  enfrente a un solo objetivo trascendente, que es  devolverle al conjunto de la comunidad la certeza de un compromiso de real igualdad, justicia e inclusión.

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