Los brujos

“Enciende los candiles que los brujos piensan en volver, a nublarnos el camino”

Charly García – 1980

 

Por Emiliano Delucchi[1]

Los orígenes del engaño y las preguntas obligadas

En el epílogo del siglo XIX, el científico francés Charles Chamberland inventó un filtro de porcelana que le permitió separar bacterias del líquido. En ese momento descubrió que además de éstas pasaban otros agentes desconocidos hasta ese entonces: los virus. De esto se valió Albino para sostener sus dichos, apelando a que hoy se asocia el significante “porcelana” a una taza o un recipiente sólido, en lugar de a un filtro utilizado hace 130 años.

Es posible, entonces, que el profesional de la salud haya utilizado su argumento por pura ignorancia o, por el contrario, que lo haya hecho a sabiendas de que estaba entregando una información distorsionada, cuyo objetivo era confundir a las personas que supuestamente debía clarificar desde su lugar de especialista

En este sentido, es válido preguntarse hasta qué punto debemos dar crédito a una información solamente considerando como garantía de veracidad a los pergaminos que ostenta la persona que la brinda. Hoy, en la era de la información, se puede mentir fácilmente, pero si los consumidores son hábiles y cuentan con un poco de tiempo, la posverdad tiene patas cortas.

En internet están al alcance de la mano numerosos estudios realizados en diversos lugares del mundo, que ofrecen respuestas (siempre parciales, claro) a muchos de los grandes problemas que forman parte de los debates cotidianos, que suelen estar plagados de opinología y malas intenciones.

Así, hay tópicos sobre los que existen enormes controversias, como por ejemplo cuándo comienza y cuándo termina la vida de un individuo, y otros sobre los que la evidencia es tan grande que no hay muchas posibilidades de discusión, como el hecho de que el preservativo de látex evita en un porcentaje altísimo tanto contagio de enfermedades infecciosas como el embarazo no deseado.

Gato por liebre

Vale destacar que la existencia de una enorme cantidad de información veraz disponible no tiene como contrapartida una sociedad civil más informada, sino que es necesario estimular los canales por los que esa información debe pasar a ser masiva, así como la conversión del lenguaje académico a otro que sea capaz de entrar en los viaductos de la difusión popular. De lo contrario, se mantendrá un quiebre entre una minoría instruida y especializada frente a unas mayorías que interpreten al discurso científico como extraño, ajeno e imposible de codificar.

De estas falencias en la difusión de ideas (y aquí podríamos agregar falta de incentivos para que los estudiantes sigan carreras en ciencias exactas) se valen los oscurantistas para difundir concepciones del mundo probadamente falsas, casi siempre con el objetivo de beneficiar a una minoría pequeña en detrimento del resto, justificando su dominio sobre la mayoría bajo el paraguas de supuesta ciencia.

El uso de esta metodología puede encontrarse en la teoría económica clásica -bandera del neoliberalismo para justificar la enorme desigualdad social detrás de la meritocracia-, l esfuerzo o la teoría de la productividad marginal, así como en diversas disciplinas como la astrología, el chamanismo e incluso algunas como la homeopatía, en la que los supuestos “médicos” se valen de sus títulos universitarios de medicina alopática para diagnosticar a personas con métodos que no se enseñan en las universidades.

Por otra parte, flaco favor le hacen a la superación de estos problemas las teorías que desde la izquierda o el progresismo sostienen que la realidad no puede conocerse, o que no existe per se, sino que su existencia depende de las construcciones simbólicas humanas, por lo que cada construcción / interpretación sería tan válida como lo son otras. De manera que no haya diferencias entre el discurso científico occidental, susceptible de ser sometido a pruebas, y la religión o la opinología.

Lo peor de la situación actual es que muchos estafadores intelectuales utilizan algunas de las ideas que se propusieron desde la izquierda para superar tanto al dogma marxista como al paradigma positivista (insuficientes para dar una respuesta a la humanidad en el siglo XX), pero con el objetivo de distorsionar la realidad hasta el punto que sea imposible establecer bases sólidas a partir de las cuales pensar y pensarnos.

Pseudociencia desde el estado

La gravedad de la situación actual aumenta cuando desde el gobierno se financian con el erario público organizaciones dirigidas por este tipo de personajes. En 1993 Albino fundó la CONIN (Cooperadora para la Nutrición Infantil), que actualmente preside y tiene convenios con el Estado, que le reportaron casi 10 millones de pesos durante 2016, 50 millones en 2017 y según Jefatura de Gabinete, la suma ascenderá a más de 100 millones este año.

Inexplicablemente, el financiamiento al oscurantismo y a las ideas del medioevo sin ningún tipo de sustento es otorgado por un Estado que por otra parte reconoce que en nuestro país hay 126 mil personas con VIH, de las cuales el 90% fue contagiada durante una relación sexual. Además, según la ONU, se evitaron 45 millones de infecciones desde 1991 gracias al uso de la profilaxis. Los informes e investigaciones que refuerzan estas premisas se multiplican a lo largo y ancho del mundo e incluyen al Centro de Control de enfermedades de EEUU y a la American Foundation for AIDS Research, entre muchas otras fuentes.

Aunque el Ministro de Salud Adolfo Rubinstein tuvo que salir a desmentir al socio de su gobierno y sostuvo que “la evidencia científica es sólida y contundente respecto a que el preservativo previene las enfermedades y el embarazo no intencional”, es clave reconocer como una tarea colectiva, fundamental e irrenunciable a la lucha por un Estado que implemente políticas públicas basadas en la evidencia y no en fanatismos religiosos, brujerías o pseudociencias enmascaradas.

[1] Lic. en Comunicación Social (UNLaM)

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