Feos, sucios y malos: Algunas notas para pensar “El Marginal”

Por Rosaura Barrios[1]

Mirar la serie causa estupor, no lo voy a negar, causa impresión, sorpresa, esa sensación de ficción constante, de descreimiento total de ese universo carcelario que es presentado de modo tan “pintoresco”. Los personajes de esta nueva entrega son aun más caricaturescos que los de la primer temporada, más sádicos, más “violines”, deshumanizados completamente y hambrientos de sangre en todo momento.

No fueron y son pocas las voces que se pronunciaron en contra de esa representación del universo carcelario y sus protagonistas, César González -alias Camilo Blajaquis- habla en primera persona para repudiar ese cotidiano que desconoce cuándo figura en la pantalla pero que lo ha vivido en carne propia durante cinco años.

Y es que el problema, bien lo mencionan él y el colega Santiago Alonso- quién escribe para esta revista también-, son los propietarios de los medios de producción, aquellos sectores ricos, pudientes, blancos, quienes escriben desde el centro del centro. Ellos son los dueños de los modos de producción….más no así de los relatos, son los dueños de la capacidad de volverlos mercancía y que circulen a gran velocidad en varios formatos. ¿O me van a decir que la sección “cárceles” de TELEFÉ Noticias no es lo mismo? Es más grave, ya que ellos se presentan como “la verdad”.

Aquí ya podemos dilucidar la importancia de una Ley de Medios seria, responsable con los sectores de menos recursos e infraestructura. (¡Ley de Medios Alert!). Una ley de Medios como la que teníamos, modelo en Latinoamérica y que la desguazaron completamente

Pero volviendo al motivo de estas líneas, mi propuesta no es señalar con el dedito a quienes miran y gustan de la serie sino proponer algunas tensiones para pensar el monopolio de la palabra y los imaginarios que se suele pensar a menudo tienen absoluta responsabilidad los medios masivos.

La violencia siempre garpa, siempre llama la atención y fascina, fascina en su rechazo y en su admiración. La violencia es aquello que lejos de destruir, produce. Así como lo leen. La violencia es productiva, genera, da origen y sobre todo su definición/delimitación dará origen a la cultura, aquello que se puede y no hacer como sociedad. Justamente, lo que se puede y no hacer es constitutivo de todas las sociedades y para ello la definición de qué es la violencia es fundamental.

No es casual los enemigos que se construyen en nuestros días. No es casual que Nicolás Furtado (el actor que representa a Diosito en la serie) narra a un periodista de Infobae la odisea de “entrar” a la Villa 31 para representar mejor a su personaje, “tener contacto” con “ese” mundo, que durmió una noche antes del segundo casting en una plaza y de ahí fue directo a audicionar, entrar, ingresar al submundo “marginal” es contado en clave de odisea y hazaña, de peligro de muerte… todo lo que tuvo que hacer para representar “mejor” a su personaje. Que se ganó aplausos y premios es verdad, hay que decirlo también.

Lejos de acusar e indignarnos por quienes miran El Marginal, vale decir que los medios masivos son un tornillo más de este gran  engranaje que constituye la cultura, son estratégicos porque conviven con nosotros/as las 24 horas del día durante los 365 días del año pero son uno más. Un tornillo más. Es obsoleto pensar que su consumo significa automáticamente incorporar esa perspectiva a nuestras mentes. Hay un entramado más complejo que configura, los medios no tienen el monopolio de la formulación de los miedos.

Más grave me parece que en ciencias sociales sigamos reproduciendo estos mecanismos de romantización del “otro”, aquello que investigamos se vuelve objeto de deseo y se lo despolitiza en el mismo movimiento. No sólo la ficción de Underground representa como feos, sucios y malos a todo este universo carcelario, un universo violento, sin códigos, como animales que no merecen salir, sino que también en investigación solemos rozar peligrosamente  esos límites de la fetichización. Lo grave es que los vaciamos, los despolitizamos y cristalizamos. Todo en un mismo movimiento. Estos mecanismos lo realizamos todo el tiempo, no es cosa de medios masivos nada más

Son batallas que prestamos desde múltiples trincheras, la lucha en el terreno de la cultura por el sentido del orden de lo social se presta todo el tiempo en varios ámbitos, y es incluso más sencillo  verlo en los medios de comunicación, ya que ellos constituyen la materialización de esos sentidos, es en ellos que podemos observar cómo es esta disputa. Lo difícil es lograr esa auto reflexividad en esferas como la investigación, donde damos por supuesto que esto se logra. Porque en investigación social aquellos y aquellas que trabajamos con la violencia también prestamos estas batallas, en cada paper, en cada congreso, en cada encuentro.

Son eso, batallas. Y hay que darlas.

[1] Dra. en Comunicación. Docente e investigadora de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Misiones.

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