Romper las cadenas

Por Cristian Secul Giusti[1]

En el comienzo, un diálogo de película. Un fragmento tenso, añejo y difícil del film “Gilda”, interpretado por Rita Hayworth. “¿Cómo te atreviste…?”, pregunta el personaje masculino. Ella, indignada y con total expresión, responde también con dolor: “Y estarás muy felíz Johnny, no es lógico que sólo lo sepas tú, ya todos saben que al poderoso Johnny Farrell le engañaron y que su esposa es una…”.  La frase se corta abruptamente con un bofetazo, y el silencio se rompe con un llanto. De fondo, el piano de Charly García nace tímidamente y los coros inauguran el ritmo de “Salir de la melancolía”, anteúltima canción del disco Peperina (1981), de Seru Giran.

El tema, breve y también intenso, es una joyita escondida del grupo y, asimismo, contiene una narrativa que puede leerse como crítica a la masculinidad y el desplazamiento opresor del hombre en las relaciones sentimentales. La letra tiene una idea clara y concisa: un amigo aconseja a otro en una situación de “mal de amores” y le ofrece opciones para angustiarse menos. Hasta ahí, lo básico y lo predeterminado. No obstante, el desarrollo de la canción marca una notable diferencia porque se plantean perspectivas y “consejos” que exponen los discursos patriarcales de los hombres.

La lectura de la canción en la actualidad es sumamente importante, porque revaloriza el aspecto contracultural y de liberación del rock en un contexto de dictadura cívico, militar y eclesiástica, y también permite seguir pensando la deconstrucción masculina en sus vínculos con otros géneros.

A diferencia de “Viernes 3 AM” (La grasa de las capitales, 1979) o “Alicia en el país” (Bicicleta, 1980), “Salir de la melancolía” es un tema directo, sin metáforas que direccionen o dominen el discurso. De hecho, en el histórico recital gratuito y a cielo abierto que brindó Seru Giran en el predio de La Rural en diciembre de 1980 (uno de los primeros masivos de la década), García presentó a la canción como un tema dedicado a un amigo, hecho para una persona que “cree que su mujer es de él… y por eso sufre”. Si bien ciertos chimentos destacan que el tema puede hacer referencia a la relación entre Nito Mestre (su compañero en Sui Generis) y María Rosa Yorio (su ex-pareja y madre de su hijo Miguel), la lírica postula un discurso que sobrepasa la mera autorreferencialidad.

 

La canción se divide en dos viñetas particulares. Comienza con la escena violenta de diálogo cinéfilo (en el que el personaje masculino maltrata al femenino) y luego es tomado por un sonido que copa el recorrido tímidamente, del piano al bajo, de la batería a la guitarra. A medio camino entre el swing de “Frecuencia modulada” (La grasa de las capitales, 1979) y el ritmo cuasi caribeño y pop de “En la vereda del sol” (Bicicleta, 1980), “Salir de la melancolía” es una canción certera, de poco más de dos minutos, que no tiene estribillo específico y es, más bien, una andana de enunciados bastante más cercanos al tono rapero que al canto típico de la banda.

En esa línea, la “melancolía” refiere a un sufrimiento por amor, y el deseo de la voz cantante se perfila hacia la contención, pero también a la enseñanza. En la narración se cuelan consejos que activan críticas al desempeño machista de los hombres en sus relaciones de noviazgo o conyugales. En primer lugar, la interlocutora directa es la mujer que padece la presencia asfixiante de este “amigo” (“Hace todo para amarte”, “Nunca pide perdón”, “Sueña que vos sos como quiere él”, “Para colocarte en la cárcel de su ser”). En segundo término, la interpelación recae fuertemente en el hombre en cuestión (“No la mires desde lejos ni le digas lo que tiene que hacer”, “Ella debe ser como quiere ser”, “Rompe las cadenas que atan a la eterna pena de ser hombre y de poseer”).

De este modo, en ambas instancias de enunciación -la que corresponde al comentario para la mujer y el consejo para el “amigo”-, el discurso se sostiene en una noción propositiva que busca alertar y generar una transformación. La “melancolía eterna” no refiere a un hecho puntual, sino a una estructura carcelaria que bloquea, opera y articula desempeños posesivos del hombre. Por tanto, a partir de esa noción patriarcal detectada en el “amigo”, el relato busca dejar atrás todo tipo de actitud rígida y hostil en pos de generar un avance en la concepción de vida y de relación con la mujer.

Indudablemente, la revisión de “Salir de la melancolía” permite advertir la disputa de sentidos provocada por Charly García en tiempos dictatoriales y en momentos en los que el rock argentino se encontraba en plena configuración y confirmación popular. Si bien hacia 1981 la cultura rock vernácula ya tenía más de quince años de recorrido, es a partir de los ochenta que comienzan a desacralizarse -paulatinamente- discursos de tensión machista y patriarcal. La referencia a Virus, Viudas e hijas de Roque Enroll o Los Encargados es ineludible. Sin embargo, la presencia de García en Sui Generis resulta elemental para poner en crisis la pose varonil inicial del rock argentino. Sin ir más lejos, como antecedente directo de “Salir de la melancolía” se encuentra “Instituciones” (Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, 1974), una canción que en sus líneas finales remarca: “Soy un  hombre que quiere andar, sin pedir permiso para ir a llorar”.

En sintonía con eso, resulta importante ubicar a las letras de rock como un espacio en el que los discursos sociales e históricos son puestos en tensión, no sólo a partir de la sonoridad sino en función de recursos retóricos, metafóricos y de organización textual en particular. “Salir de la melancolía”, por su parte, es un ejemplo clave para pensar la deconstrucción de los hombres y para interpelar directamente las filas de la cultura rock argentina. La lírica ofrece una narrativa ordenada que encara una problemática de un modo sigiloso y, en simultáneo, busca desmontar el discurso patriarcal del amor, vinculado al dominio, el control y la sujeción de la mujer. Mirarlo en perspectiva ayuda a profundizar los abordajes desde las cuestiones de género y, además, permite construir una avanzada analítica contra los discursos patriarcales que se encuentran anidados en géneros de orientación contracultural. Su revisión musical y contextual no es poca cosa, ni tampoco la letra es puro palabrerío que acompaña una tonalidad al azar. Es mucho más que eso. Es un planteamiento político, un pronunciamiento desde el arte, una contienda que no es fácil de sobrellevar y, en términos concretos, “un paso grande en la ruta de crecer”.

[1] Doctor en Comunicación (UNLP) – @cristianseculg

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