El fin del cubo mágico: quiebres en el bloque de poder M

Por Cecilia Beatriz Díaz[i] y Emiliano Delucchi[ii]

En los primeros dos años del gobierno de Cambiemos se evidenció un círculo virtuoso del funcionamiento del bloque de poder de la derecha: poder político, judicial, mediático, corporativo y el tan mentado consenso de las mayorías. Una articulación deseada y buscada por cualquier estadista  que tuviera como objetivo una sociedad pre-peronista.

Sin embargo, ya desde entonces las internas palaciegas se referían a la existencia de conflictos entre palomas y halcones que disputaron el rumbo económico. El problema entonces era la contradicción entre el objetivo de político de perdurar en el gobierno o el económico de ajustar, fugar y generar las condiciones institucionales para evitar cualquier intento de redistribución. Rápido y furioso o gradual con alegría, pero sin quitarle sacrificio.

Después de las elecciones de medio término, donde el Pro consolidó su poder territorial incluso a la UCR aliada (http://www.diariocontexto.com.ar/2017/08/27/gobernar-y-controlar-cambiemos-es-la-derecha-democratica/), prosiguió una sucesión de hechos, decisiones y deslices que tensionaron la estructura del bloque de poder. Como una obra de relojería los cuatro lados del cubo mágico empezaron a no encajar: el modelo económico, el proyecto político, la ciudadanía ideal y el lazo de representación política

Modelo económico

Cuando el gobierno revalida su mandato obteniendo un buen resultado en 2017, el discurso del desarrollismo había quedado lejos. Pero los índices económicos atravesaban un buen momento en base a dos variables: el aumento de la deuda tanto por parte del Estado como de los individuos de todos los estratos sociales y una gran inversión en seguridad social, que en términos del % sobre PBI incluso fue superior a la de 2015. De modo que la combinación de relativa estabilidad económica y ausencia de una oposición fuerte colocaba a Cambiemos con muchas chances de lograr la reelección en 2019. Una sentencia que sostenía cualquier analista medianamente despierto.

No obstante, los acreedores externos, quienes supuestamente tendrían buena relación con un gobierno “amigable a los mercados” conducido por banqueros y financistas, empezaron a dudar de la capacidad de Argentina para devolver una deuda que había crecido en forma descontrolada (más de 100 mil millones de dólares para abril este año) y, sobre todo, para mantener en el largo plazo una tasa de más de 30% (ahora 45%) en LEBACs. Esto produjo que a fines de abril el mercado financiero pasara de aliado a enemigo y produjera la primer corrida cambiaria del ciclo cambiemita. Los funcionarios, que habían mantenido el discurso de la confianza y el “regreso al mundo”, no quisieron no supieron o no pudieron hacerle frente, y el central terminó perdiendo 10 mil millones de dólares en 15 días sin lograr evitar una devaluación de casi 40%.

Finalmente, la solución planteada por el equipo económico fue la indicada por el manual neoliberal: pedir ayuda al FMI. El organismo multilateral aprobó un préstamo de 50 mil millones de dólares, de los cuales 15 fueron depositados en junio y otros 3 mil se esperan para los próximos días si es que el país cumple con los objetivos. En ese sentido se enmarca la decisión que hoy tomó el ministro Nicolás Dujovne de recortar gastos del Estado en 65 mil millones de pesos y suspender baja de algunas retenciones al agro.

La promesa de una economía eficiente, moderna e insertada en el mundo en manos del mejor equipo de los últimos 50 años se esfumó rápidamente.

Proyecto político: liberales, neoliberales u oligarquía reloaded

Otro terreno sobre el que surgen interrogantes es el de la naturaleza política de Cambiemos. Desde su arribo al poder se ha intentado caracterizar a la fuerza gobernante como una expresión oligárquica pre-peronista, una dictadura con respaldo electoral, un desarrollismo del siglo XXI y hasta una derecha moderna y democrática (esta última descripción es la que intenta imponer el propio gobierno, aunque también ha sido utilizada por sectores progresistas). De más está decir que ninguna de estas descripciones ha logrado abordar el fenómeno con éxito.

A pesar de la complejidad que posee esta construcción política, es posible evidenciar que en su interior existe una línea tradicionalista, heredera de la oligarquía de fines del siglo XIX, que considera que las riendas del estado le pertenecen ya que son el sujeto político indicado para representar los intereses de la patria. Este sector convivió (hasta hace poco sin conflicto manifiesto) con una camada de CEOS proveniente del mundo de las finanzas y ligados a las tradiciones liberales europeas, que prioriza el lema “son solo negocios” por encima de “cultivar el suelo es servir a la patria”.

Las tensiones, ocultas luego de la bonanza electoral de 2017, salen a flote con virulencia tras el pedido del FMI de subir las retenciones a los productos agropecuarios, o al menos interrumpir el cronograma de bajas. Desde el organismo tienen en claro que la sociedad argentina viene atravesando un periodo de fuerte ajuste y las divisas seguras provienen de las exportaciones agropecuarias. Es fundamental que el interés del Fondo no está en el bienestar del pueblo argentino, sino en asegurarse que los acreedores reciban los dólares prometidos por la bicicleta financiera.

En este contexto debe leerse la “causa de los cuadernos” que ocupó las últimas portadas de diarios y horarios centrales televisivos, y en la cual por primera vez en la historia argentina altos jerarcas de la burguesía nacional fueron citados a declarar, detenidos e imputados por la justicia. La hipótesis de un conflicto entre élites originado por las futuras (ahora presentes) medidas económicas no debe ser dejada de lado, de modo que quizás en 2019 pueda apreciarse de qué manera resuelve cambiemos sus conflictos internos en un año electoral, y si alguna facción logra construirse hegemónica puertas adentro.

La ciudadanía ideal

La gran sorpresa del modelo económico no ha sido la naturaleza de las medidas instrumentadas -ya que son las mismas que aplicó Martínez de Hoz-, sino la recepción que tuvieron estas por parte una población que abrazó el discurso de la esperanza con una intensidad que le permitió resistir aumentos de más de 1000% en servicios públicos y pérdida del salario real, entre otras cosas.

Sin embargo, los primeros síntomas identitarios se mostraron con el envío de la llamada “reforma” del sistema previsional que implicó una nueva fórmula de cálculo de actualización de las jubilaciones, explícitamente perjudicial para sus beneficiarios. La masiva movilización en contra de la sanción de la ley fue continua durante dos jornadas donde se focalizaron en 1) represión desmedida, 2) una presencia organizada y heterogénea de sectores, 3) disturbios y destrozos y 4) cacerolazos en los barrios más macristas de la Capital Federal. En ese proceso, se rompió la identidad clase media de la alianza Cambiemos (https://revistazoom.com.ar/el-partido-de-la-clase-media-imaginada/) frente a todas las imagénes de televisión y sobre todo, redes sociales.

La viralización es un circuito que gana legitimidad como un secreto develado que los poderes nos ocultan, pero cuando el río suena, agua y chismes trae. En ese escenario, se reproduce el audio de “la cheta de Nordelta”: un fragmento de una conversación con una propietaria indignada ante sus nuevos vecinos que no comparten sus gustos “estéticos y morales”. Tomar mate, meter a los perros a la pileta y poner música fueron señaladas como prácticas que estaban por fuera del nuevo orden de clase que implica merecer vivir en un country más exclusivo.

La pieza ganó las humoradas y el repudio de muchas personalidades que fomentan esos mismos clichés y complejos aspiracionales. Pero el enunciado clave de la “cheta” fue que compartía esos criterios con “gente del gobierno”. En efecto, “las grasas de las capitales se filtraron por los muros de los countrys privados. Y los lagos espejados se vuelven más una proyección de la armonía social que una correspondencia” (https://www.pagina12.com.ar/77479-identidad-y-representacion).

Meses más tarde, otro audio reveló que la moral no es producto de la transparencia de la política, sino de un modo de entender lo político. Fue el whatsapp de el ministro de Trabajo de la Nación, Jorge Triaca insultando a Sandra, que trabajaba en condiciones precarizadas en su casa, otra pieza viral. La dinámica de maltrato a una mujer desde la voz del funcionario y la posterior revelación de las turbias intervenciones del Ejecutivo en gremios, dejó en reposo la reforma laboral. Allí, la política expuso que la distinción liberal entre lo privado y lo público es falsa.

Representación política

Estos casos erosionaron el idílico lazo de representación política entre la mayoría de los votos y la alianza Cambiemos. Ni tan morales, ni tan abiertos, ni tan justos, ni tan eficientes, ni tan entregados al servicio público. Es que la seguidilla de “conflictos de intereses” en la deuda de la familia Macri con el Correo Argentino, las vacaciones constantes del presidente, y la denuncia por los aportantes truchos a las campañas electorales de Cambiemos, van alejando a un sector del electorado volátil y sensible a la decepción política.

De manera inesperada, el debate por la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo provocó una polarización que en los jóvenes y adolescentes es un ingreso a la militancia por una causa. Al interior del oficialismo, la discusión reveló que moderno, liberal y conservador no son características que conviven en armonía en la derecha moderna. Asimismo, el resultado de la no aprobación del proyecto de la cámara de diputados no deja satisfechos ni al pañuelo verde ni a los celestes.

Con todo esto, no se trata de avizorar una derrota en 2019 del “mejor equipo de los últimos 50 años”, sino dar cuenta de un proceso acelerado de desgaste que alcanza a toda la dirigencia política y sindical. La conducción del futuro será de quien tome al cubo mágico y lo haga coincidir al menos, en sus vértices. Pero hay elementos que parecen querer fugarse de la aventura y otros desentenderse al grito de “que se vayan todos”.

[i] Docente universitaria – Doctora en comunicación social

[ii] Licenciado en comunicación social

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