Saber sufrir

        “Primero hay que saber sufrir, después amar, después partir, y al fin andar sin pensamientos”
(Homero Expósito – 1944)

 

Por Clara Razu [1]

Detrás de un jubilado, un trabajador, un estudiante, un desempleado, la voz del sentido común repite alienada, hasta el cansancio, como recitando una oración laica: “Esto se soluciona cuando bajemos el déficit fiscal”, sin comprender que esa receta los perjudicara aún más.

La disminución del déficit fiscal significa que jubilaciones, pensiones, salarios estatales, obras públicas, salud, educación y todos los bienes públicos, o sea los derechos, disminuyan. Este “ahorro” repercute negativamente en la recaudación impositiva. No hay que olvidar que la recaudación impositiva se apoya en un 60% en impuestos indirectos, que son los que dependen del nivel de actividad económica, básicamente del consumo.

Bajar el gasto público empeora el déficit, no lo mejora. En este caso cabe recordar el recorte salarial aplicado por el gobierno de la Alianza, allá por el 2001, cuando en búsqueda de  “ser austeros”, como les gusta decir a los representantes de las élites, implementaron una política económica que derivó en un mayor déficit y un mayor endeudamiento.

¿Y por qué sucede esto? Es debido a que el problema se da en el sector externo y está provocado por la apertura económica, la liberación de controles al ingreso y egreso de capitales (la mayoría especulativos), así como la eliminación de plazos para la liquidación de divisas por parte de los exportadores, decisiones que agravan el eterno problema nacional de “la restricción externa”.

En este sentido, las medidas tomadas las primeras semanas del gobierno de Cambiemos descansaban en la idea de que las mismas generarían “confianza en los mercados”, es decir, expectativas positivas que impulsarían ingreso de capitales internacionales que fortalecerían el desarrollo.

En contra de las predicciones del gobierno, jamás se produjo la “lluvia de inversiones”, y el ajuste dio por resultado un aumento del desempleo y una caída de la producción que hasta el día de hoy se retroalimentan en un círculo vicioso.

 

¿Cuál es la salida?

Para evitar una crisis inminente se debería tomar el control sobre el frente externo, limitar la salida de divisas, controlar el ingreso de importaciones y volver al límite de 180 días para liquidar exportaciones.

Desde el sector público, se debe volver a aplicar políticas anti-cíclicas, reestructurando los ingresos de los trabajadores, jubilados y pensionados, asignaciones y salario familiar, para lograr un estímulo sobre el sector privado. Además, es necesario manejar la inflación mediante control de precios y subsidios a las tarifas, que deben ser desdolarizadas al igual que los combustibles.

En cuanto al déficit público, es mejor dejarlo en paz, ya que con una economía viva se auto-financia, y la experiencia neoliberal de centrar todos los esfuerzos en reducirlo jamás ha dado resultados positivos. El único camino es volar sobre el precipicio al que Cambiemos nos conduce. Y Mauricio Macri es el flautista.

 

 

 

1- Docente universitaria, Licenciada en economía, Mágister en ciencias sociales

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