En terapia intensiva

 

Por Nahuel Nicolás Peña[1]

El último informe publicado por el INDEC el día 8 del mes corriente[2], arrojó datos que generaron gran preocupación en el gobierno nacional. La utilización de la capacidad instalada de la industria argentina alcanzó sus valores más bajos desde el año 2002, con un magro uso de la capacidad productiva del 61,8% en el mes de junio., que representa una caída del indicador del 6,7% en relación al mismo mes de 2017, y una baja en torno al 4% en relación a mayo.

Todos los bloques sectoriales contemplados muestran una baja de su producción respecto a 2017, salvo las industrias metálicas básicas. Los sectores más golpeados por la crisis son la industria automotriz- con un uso de la capacidad instalada de apenas 47,7%-, las productoras de cauchos y plásticos- uso del 54,8%-, y el sector textil con un uso de su capacidad productiva del 55,4%.

cuadro

Por su parte, el estimador mensual industrial, también correspondiente a junio del año corriente[3], mostró una enorme caída de la actividad del 8,1% respecto al mismo período del 2017. La situación en algunos sectores particulares es realmente crítica, registrándose en la industria química una caída del 47,7% en la producción de agroquímicos y un 36,6% en la de fibras sintéticas y artificiales. La industria automotriz muestra en junio una caída de actividad del 11,8% respecto al año anterior, un 10,8% la actividad de la industria textil, y un 19,9% en las refinerías de petróleo.

¿Tormenta inesperada o política deliberada?

A pesar de las declaraciones del Presidente Mauricio Macri en el marco del Congreso de la Asociación Empresaria Argentina, donde expresó que el país atraviesa una “tormenta”, la situación en la que se encuentra la economía nacional en general, y el sector industrial argentino en particular, no es consecuencia solamente de mala fortuna, o de un fenómeno inesperado y repentino, sino que es producto de políticas deliberadas del propio gobierno de cambiemos.

El filósofo político Nicolás Maquiavelo en su obra más famosa, “El príncipe”, afirmaba que para lograr el éxito, se precisaban dos elementos centrales: fortuna y virtud. El atribuir todo el fracaso a la mala fortuna, es algo claramente impreciso, dado a que gran parte de este siempre es explicado por la carencia de virtud. En el caso de la crisis industrial nacional, las políticas macroeconómicas llevadas adelante por el gobierno han sido visiblemente desafortunadas- quizás intencionadamente- para el porvenir del sector.

Ante la gran debilidad externa, las sucesivas corridas cambiarias desde abril del corriente año han llevado al Banco Central a elevar la tasa de interés de referencia para el sector financiero al 45%. Esta medida estimula la especulación financiera, llevando a los capitales a invertir en por ejemplo en plazos fijos, en lugar de desarrollar negocios productivos, debido a la superior rentabilidad y menores riesgos de los instrumentos financieros. Además, esta tasa del 45% genera una gran dificultad a las industrias -sobre todo para las PYMES-, de poder tomar créditos -debido al encarecimiento de estos- con fines de ampliar la capacidad productiva o de saldar cuentas restantes.

Con la caída del salario real (los sueldos formales han perdido frente a la inflación en 8,2% promedio según el Ministerio de Trabajo) y estimándose una debacle mayor para el sector informal, se espera según un informe de la consultora Ecolatina[4], una caída del 1,2% en el consumo masivo en 2018. Para los últimos dos cuatrimestres se prevé un descenso aún mayor: del 2,7 y 3,1% respectivamente.  Estos datos no hacen más que reforzar la tendencia a la baja de la producción industrial, sobre todo en aquellas industrias volcadas principalmente al mercado interno (como el sector de bebidas y alimentos, o de la industria textil).

El aumento desmedido de las importaciones no ha hecho más que agregar otro factor más para la disminución productiva en las industrias orientadas al consumo local. Tal es el caso del sector textil, en el cuál según un informe del Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda[5], se contabiliza una suba de las importaciones de productos finales desde el 2015 del 64,4%. La importación de prendas aumentó en un 166,8% y la de confecciones en un 88,6%, lo que produjo un aumento del déficit fiscal del sector del 13,3% en 2017, explicando gran parte del motivo de la mencionada fragilidad externa.

Además, los tarifazos  y el constante aumento de los precios del transporte generan grandes dificultades a las industrias nacionales para poder competir con los productos provenientes del exterior. La constante pérdida de competitividad y la desprotección por parte del Estado nacional no hacen más que paralizar la industria y disparar el índice de desempleo. Desde el año 2015 se pierden, en promedio, 2250 puestos de trabajo por mes en la industria argentina[6], y en la mencionada industria textil, los puestos de trabajo destruidos ascienden a más de 8800.

Cambio de modelo: Límites y horizontes.

La situación por la que atraviesa la economía nacional es producto de decisiones y políticas orientadas a cambiar la estructura productiva nacional. Con una quita en las retenciones a los productos primarios, y la apertura indiscriminada de las importaciones de manufacturas, bienes y todo tipo de producto con valor agregado, el objetivo claro del gobierno  parece ser el de especializar al país en la exportación de bienes agroindustriales. El horizonte a arribar en palabras del propio Presidente es el de ser “el supermercado del mundo”, despreciando la producción industrial, las exportaciones tecnológicas – con las cancelaciones de ambiciosos proyectos del INVAP, entre otros- y el desarrollo de conocimiento científico mediante constantes recortes al CONICET y otros centros nacionales de investigación.

Los límites de este modelo planteado son claros. La caída en los niveles de empleo se siente rápidamente con los cierres de industrias textiles, las suspensiones y despidos en las industrias automotrices, refinerías, fábricas del sector plástico, entre otros sectores. El aumento en las importaciones y la caída de las exportaciones agrícolas por la gran sequía, producen una fragilidad externa notoria, necesitando constante ingreso de capitales y dólares producto del endeudamiento para realizar un “torniquete” en la hemorragia.

El horizonte para la economía Argentina se avizora muy complejo. La industria nacional se encuentra a la deriva y en terapia intensiva, por lo que necesita medidas de “rescate” de carácter urgente, pero sobre todo voluntad política de un gobierno que esté interesado en salvarla.

[1] Estudiante de Ciencia Política (UNLaM)

[2]Informe: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/capacidad_08_18.pdf

[3] Informe: https://www.indec.gov.ar/uploads/informesdeprensa/emi_08_18.pdf

[4] Consultado en: https://www.lanacion.com.ar/2163230-el-consumo-masivo-terminara-ano-caida-12

[5] Informe disponible en: http://undav.edu.ar/general/recursos/adjuntos/21239.pdf

[6] Informe disponible en: http://undav.edu.ar/general/recursos/adjuntos/21066.pdf

 

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