Universidad, equidad y desarrollo

Por Emiliano Delucchi

Si uno tomara los 25 países más desarrollados del mundo y luego los 25 que más dinero destinan a investigación y desarrollo, encontraría que en ambas listas aparecen los mismos nombres, con excepciones que se pueden contar con los dedos de una mano (Liechtenstein, Nueva zelanda, Hong Kong) y responden a características muy particulares cuyo desarrollo y explicación excede a este artículo.

PBI

Las correlaciones indican que las poblaciones de los Estados que destinan muchos recursos a la investigación, la ciencia y la tecnología, viven mejor que las de los países que no lo hacen, y esto se debe a que cuanto más calificada está una población, más herramientas tienen para crear, producir y distribuir.

También es notorio que este grupo de países suele ser, en líneas generales, más igualitario que el resto, porque cuando la generación de la riqueza depende de un grupo amplio de la población, más recursos tiene éste para participar en su apropiación. Además, el desarrollo tecnológico fortalece las cadenas productivas, lo que genera trabajo bien remunerado no sólo a los sectores que han logrado acceder a la educación superior, sino a la población en su conjunto.

Si un país se constituye como importador neto de bienes y servicios que requieren mano de obra calificada, solo se benefician las poblaciones que pueden pagarlos. En cambio, si son producidos fronteras adentro, los beneficios no solo son múltiples y masivos para todos los estratos sociales, sino que se vuelven sostenibles con miras al futuro.

¿Por casa cómo andamos?

Durante el periodo inaugurado en 2003, Argentina aumentó fuertemente la inversión en educación superior, que para 2012 había pasado del 0,5% a más del 1% de un PBI que crecía a tasas chinas, lo que permitió, entre otras cosas, crear nuevas universidades nacionales (muchas de ellas en el conurbano bonaerense) para que cada provincia tuviera al menos una.

Los resultados fueron un aumento considerable en la matrícula universitaria, que sumó más de 500 mil alumnos en poco más de 10 años, y también del egreso, que pasó de 60 mil en 2002 a más de 110 mil en 2012. En ese sentido, el aumento de becas (2000 a más de 45 mil) acompañó la demanda educativa de los sectores más postergados, que se tradujo en un fuerte aumento en la presencia universitaria de ciudadanos pertenecientes al primer quintal, el de menores recursos, sobre todo en el conurbano bonaerense.

PBI 2

Presente y futuro

A pesar de que estos datos son de público conocimiento, tanto el Gobierno nacional como el de la provincia de Buenos Aires hacen oídos sordos e intentan colocar a las universidades como un gasto innecesario, o que en última instancia beneficia únicamente a las clases medias y medias altas. En este sentido, la gobernadora Vidal declaró falsamente que “nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”, al tiempo que sigue negándose a inaugurar la segunda sede la la Universidad Nacional de La Matanza en González Catán

Paradójicamente, incluso si los dichos de Vidal fueran ciertos y los pobres no llegaran a la universidad, esto de ninguna manera quiere decir que la existencia de universidades nacionales no beneficie a los quintales más bajos, ya que la inversión en Ciencia y Tecnología aumenta el nivel de vida de la totalidad de la población.

Las universidades nacionales y sus docentes son actores centrales en todo proceso desarrollista que tenga miras a largo plazo. La correcta distribución geográfica de las casas de altos estudios, el aumento constante en la calidad de sus egresados, la relación pro activa con la comunidad y los proyectos que logren articular con las diferentes ramas productivas de bienes y servicios permitirán al país progresar, aumentar su productividad, sus riquezas y también optimizar la forma en que las distribuya.

Una universidad centralizada, de baja calidad, con docentes mal pagos y desarticulada del resto de la comunidad no tiene futuro, o en última instancia acabará mutando en la usina de formación académica de las élites de un país condenado a la mera exportación de granos y a la sistemática exclusión de la mayoría de su pueblo.

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