¿Y nosotras? Bien, gracias

Por Julia Moretti[1]

En la foto de A24 (América 24) aparecen ocho varones, uno parado al lado del otro, vestidos de traje oscuro, con las manos y los brazos entrecruzados o dentro de los bolsillos del pantalón perfectamente planchado. Algunos esbozan una sonrisa discreta, sin exagerar demasiado la mueca; otros se muestran serios, con la mirada penetrante. Todos tienen, por lo menos, cuarenta años. De izquierda a derecha, son: Maximiliano Montenegro, Fernando Carnota, Eduardo Feinmann, Luis Majul, Luis Novaresio, Antonio Laje, Mauro Viale y Rolando Graña. Debajo de ellos, se lee: “A24. Somos periodistas” publicitando las ubicaciones del canal en las grillas de Cablevisión y Cablevisión Flow.

La imagen se difundió rápidamente en Twitter y los usuarios –sobre todo las usuarias– la acompañaron de la pregunta “¿Qué falta en esta foto?”. Las respuestas no tardaron en llegar: faltan las mujeres periodistas y trabajadoras de América 24. Las mismas que se sientan en las mesas de los programas con los fotografiados y desarrollan sus columnas sobre política, economía y género, a veces siendo las únicas mujeres entre tanta testosterona. Las mismas que ganan premios, como Mariana Cortartessi, que recibió un Martín Fierro de Cable por su labor como columnista política. Pero antes de seguir agregando más renglones para continuar con el análisis, estos son los nombres de las periodistas de A24 que trabajan todos los días a la par de los ocho hombres de traje, pero que es como si no lo hicieran: Liliana Caruso, Soledad Larghi, Silvina Fuentes, Julieta Navarro y Luciana Arias, entre otras.

Algunas de las pioneras

Las periodistas de A24 trabajan codo a codo con sus compañeros varones, los fotografiados. Por ejemplo, Soledad Larghi conduce a la par el noticiero de cada mañana junto a Antonio Laje. Entonces, ¿por qué no incorporarla también a ella en la foto ilustrativa de los y las periodistas del canal? Siempre hubo un problema con la representación de las mujeres en los medios de comunicación, al igual que en la distribución de los puestos de trabajo de las empresas.

Desde hace décadas que las mujeres empezamos a ocupar espacios en los que no nos esperaban, le pese a quien le pese, y que realizamos las mismas tareas (e incluso más) que los varones, aun cobrando un porcentaje menos sin explicación lógica alguna. Sin embargo, esta toma de poder queda opacada por las figuras masculinas; ellos siguen siendo las caras visibles de los puestos de trabajo de un medio hegemónico. La imagen lo demuestra a la perfección: están impecables y serios; ellos y nadie más que ellos son los periodistas, los que cuentan la verdad y hablan de la realidad, de lo que pasa ahí afuera.

La falta de visibilidad de las mujeres, sus trabajos y sus logros específicamente en el ámbito periodístico y también literario tiene sus orígenes hace siglos. La historia argentina recoge varios nombres de mujeres que escribieron y que se insertaron en el mundo del periodismo, rompiendo con los roles de género que, si en el siglo XXI siguen vigentes, en el XIX lo estaban mucho más. Algunas de ellas fueron Juana Gorriti, que fundó en 1874 La Alborada del Plata, un periódico internacional del que fue directora y que luego siguió siendo dirigido exclusivamente por mujeres. Asimismo, su tocaya, Juana Manso, creó el Álbum de Señoritas, una publicación dedicada al género femenino en el que se compartían artículos sobre educación, moda, arte y teatro.

Escribir y publicar en Argentina en el siglo XIX no era una tarea para mujeres. Las que lograron imponerse en el ámbito periodístico en aquella época tuvieron que abrirse a los codazos y plantarse frente a los sectores netamente masculinos pero también conservadores que pretendían negar su participación en la elaboración y discusión de temas políticos y sociales. En este sentido, Juana Manso tenía ideas muy claras acerca de lo emancipatoria y liberadora que podía ser la educación para las mujeres, y escribía sobre ello en las editoriales del Álbum de Señoritas. Además, compartía estos pensamientos en conferencias abiertas en las calles; actividad que le valió numerosos hostigamientos y hasta fue apedreada en reiteradas ocasiones. Es que, si publicar sobre la libertad de las mujeres ya era un atrevimiento, hacerlo de manera oral para cualquiera que quisiera oírla implicaba arriesgar su vida.

Lo que les tocó vivir a estas mujeres evidencian el camino que tuvimos que atravesar en pos de la conquista de derechos para tratar de alcanzar la igualdad y los beneficios de los que sí gozaban los hombres en la misma época. No fue fácil y mucho menos para ellas, pero las luchas y resistencias de hace dos siglos atrás son las que nos hacen ser un poco más libres hoy.

Un par de siglos después

Ya no estamos en el siglo XIX. Las mujeres tenemos el mismo derecho a acceder a una educación de calidad que los hombres y, después, a puestos de trabajo con una remuneración equitativa y acorde a las tareas que realizamos. Sin embargo, así como vemos que los roles de género siguen estando fuertemente arraigados en algunos sectores sociales, del mismo modo continúa habiendo una resistencia a la visibilización de las mujeres en los espacios que nos supimos ganar.

La foto representativa del canal América 24 con las figuras exclusivamente masculinas del periodismo argentino es sólo un ejemplo de cómo existe una insistente negación de nuestro trabajo en los medios de comunicación. Y así como el feminismo conlleva a estar en constante conflicto con cada cosa que se nos interpone frente a los ojos, para el cierre de este análisis propongo una tarea para el hogar: con el objetivo de tratar de evidenciar la desigualdad laboral, tratemos de fijarnos cuántos varones y cuántas mujeres hay en los programas de televisión que miramos, especialmente en los noticieros. De ahí, este pequeño ejercicio puede trasladarse al ámbito de trabajo que se desee, incluso en el propio, y sacar nuestras propias conclusiones.

En definitiva, la foto de A24 se viralizó y se puso en tela de juicio porque faltaban las mujeres periodistas del canal. De esta manera, hay algo en la sociedad que hace que ver tantos varones juntos incomode y que nos lleva a preguntarnos por qué no hay mujeres en la imagen si las vemos todos los días en la pantalla. Sabiendo que las mujeres periodistas existimos y trabajamos como también lo hacen las científicas, médicas, escritoras, investigadoras, ingenieras y de la profesión que sea, es hora de poder cantar, con todas las letras: “Ahora que sí nos ven”.

[1] Licenciada en Comunicación Social

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