La caja de pandora

Por Emiliano Delucchi[i]

A pesar de que nadie discute que el gobierno se encuentra en su peor momento, puede resultar apresurada la lectura que sugiere que todo está terminado y que el abandono del poder por parte de la alianza Cambiemos es una cuestión de tiempo. Ya sea mediante elecciones o con helicóptero de por medio, el análisis puede resultar intempestivo, o al menos apoyado en un sesgo ideológico.

Es importante recordar que hay grandes diferencias con el contexto que obligó a dejar el poder a Fernando De la Rúa hace casi 17 años. La más importante es la ausencia de la convertibilidad, que establecía que un peso era igual a un dólar, lo que impedía al país devaluar su moneda como lo está haciendo actualmente -situación que derivó en el tristemente célebre “corralito”.

De esta manera, el gobierno puede resguardar los dólares del sistema bancario mediante devaluación con el objetivo de evitar la compra masiva por parte de particulares. Sin embargo, tiene dificultades a la hora de retener el dinero de las grandes empresas y, sobre todo, los fondos especulativos que cada vez creen menos en que Argentina pueda pagar las tasas que promete. En ese sentido, los pedidos de ayuda casi desesperados del gobierno al FMI y los anuncios fallidos del presidente y algunos funcionarios no ayudan en lo más mínimo.

Además, el macrismo ha logrado, mediante esta última megadevaluación, bajar el salario mínimo por debajo de los 300 dólares, uno de los propósitos que si bien ahora puede calificarse como secreto a voces, no es otra cosa que un reclamo histórico de las élites nacionales en pos de alcanzar la tan dudosa competitividad y las por ahora esquivas inversiones extranjeras. En este aspecto se inscribieron las declaraciones del presidente de FIAT, Antonio Ratazzi, quien sostuvo que este valor de la moneda estadounidense nos hace más competitivos y en el futuro debe ser fijado por el mercado.

¿Madura el KO?

No puede dejarse de lado la cobertura que han realizado de la situación diferentes cuadros del liberalismo vernáculo, quienes luego de haber estado pronosticando durante meses debacles económicas inminentes, ahora atribuyen la crisis a un problema político antes que económico, y extrañamente el argumento encuentra ecos en algunos sectores de la oposición más dura.

Lo que estos sectores en realidad defienden es la posibilidad de que el gobierno logre estabilidad con un tipo de cambio cercano a los 40 pesos, muy conveniente para las grandes empresas tanto locales como extranjeras, pero sobre todo para los exportadores de grano y materias primas en general. Así, intentan correr el eje de la enorme deuda externa contraída, el plan de ajuste del FMI y la destrucción del mercado interno para reducir el conflicto a una simple crisis de confianza, soberbia y falta de diálogo político

A pesar de los diagnósticos de estallido social inminentes y materializados en forma de memes que incluyen helicópteros, el sueño liberal de salarios bajos sin explosión está lejos de ser un delirio, sobre todo si el enorme aparato comunicacional de Cambiemos logra mantener vivo al fantasma de la “corrupción K” y la amenaza de convertirnos en Venezuela. Además, puede utilizar este superdólar como electroshock para volver a la vida a lo que queda de la industria nacional, reducir el desempleo, el déficit comercial y la fuga de divisas por turismo.

Para esto, desde los sectores agropecuarios ya dan por descontada la suba de retenciones a anunciarse la semana próxima, que representa un rotundo fracaso ideológico para el modelo cambiemita, y responde más a una exigencia no negociable del FMI (consciente de que los únicos dólares seguros para los acreedores están en la exportación de granos) que a un cambio de ideas en la mesa chica del gobierno.

Cuidado con la curva

Así, medio de rebote, fruto de un “daño colateral” producto de la disputa entre los jerarcas del FMI y el sector más liberal de Cambiemos, la administración Macri finalizará el 2018 intentando (contra su voluntad) encarrilar al país en un modelo neoliberal viable, diferente del actual, donde el aumento de las retenciones volverá a financiar al estado, e incluso podría abaratar el costo de la comida.

En los próximos meses se resolverá el interrogante principal y sabremos si el gobierno finalmente renunció a sus principios ideológicos para tomar estas medidas a tiempo o, en cambio, lo hizo demasiado tarde y ya jaqueado por el aumento de la pobreza, la presión del FMI, la desconfianza de los mercados y del núcleo duro de sus votantes

Recién en el caso de que el gobierno logre estabilizar la situación, podrá darse el lujo de centrar los cañones en la cuestión política, y espera que no le falten los apoyos de los principales medios de comunicación para intentar mostrar a las reformas económicas como necesarias y a las retenciones en particular como un instrumento económico más y no como la madre de la destrucción nacional que era hasta hace poco tiempo. La realidad, cómo se sabe, hará el resto.

[i] Licenciado en comunicación social (UNLaM)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s