Ni el flaco guiño de la “bonanza”

Por Cristian Secul Giusti[1]

A casi tres años de administración, vale decir que Cambiemos es el primer gobierno de derecha que no produce una “bonanza” económica para la clase media. Esto es así, y ya no existe modo de cubrir o de explicar algo que se visibiliza a diario en las políticas de la alianza gobernante. Ante esto, la situación precaria y agresiva generada por el macrismo no tiene una repercusión negativa que logre poner en crisis la relación entre ese estrato social y el discurso propio que el presidente repite desde que asumió.

Lo llamativo aparece en ese plano, justamente. Es quizás la primera vez que la clase media no se manifiesta con voz en alto y casi con desesperación por no tener una migaja de respuesta económica. Desde ese plano, si miramos los últimos cincuenta años de la política argentina, podemos encontrar lapsos de estabilidad en los gobiernos conservadores (ya sea en tiempos de dictadura o de gestión democrática), que les permitió encarar sus maniobras con mayor soltura y cierto aire momentáneo.

Tanto los regímenes dictatoriales de los represores Juan Carlos Onganía o Jorge Rafael Videla tuvieron su momento de “gloria” y de recuperación económica para los sectores medios ¿Se llevaron a cabo políticas de destrucción y desnacionalización, vinculadas al despojo, la importación y la precarización del trabajo? Sí. ¿Generaron un impacto intenso, breve, pero con una continuidad directa en los bolsillos consumistas de la clase media? Sí, también.

En lo que refiere a la democracia, Raúl Alfonsín logró repuntar la “economía de guerra” con el Plan Austral; y Carlos Menem sepultó la inflación durante años con la presencia de la convertibilidad (esto no quiere decir que no hayan sido agresivas las consecuencias, y con resultados atroces, claro). Y si bien se suele señalar que las políticas menemistas son las que más se parecen a las del macrismo, cabe destacar que en ese contexto de desmantelamiento no hubiera sido posible un éxito inicial de Menem sin la tan mentada “bonanza” (que es muy visible en las coberturas cómplices de los medios hegemónicos durante 1992 y 1995).

Ahora bien ¿Qué pasa con Cambiemos? ¿Qué línea de continuidad se rompe? Sin dar demasiados detalles, es posible mencionar que, actualmente, se evidencian achicamientos de los desempeños del Estado, reducciones de Ministerios, inflación desatada, dólar incontrolable, endeudamiento feroz, y errores de cálculo que no le dan ni un guiño a la Clase Media. Ni siquiera uno solo. Todo es vapor, enunciación y avivamiento de un fuego odiador, no mucho más que eso. Por ello mismo, es necesario entender que quizás hoy en día, para esos estratos, los medios de comunicación hegemónicos y las corporaciones comunicacionales son fundamentales para sostener el discurso de una posible recuperación.

Con Cambiemos no existe la “bonanza” real, sino la “bonanza” por venir, la mera posibilidad, la esperanza constante de un revivir que no va a llegar ni se va a acercar porque el actual equipo neoliberal ya no busca mejoras generales.  El oficialismo sabe muy bien que su éxito gravita en función de la incidencia mediática y la subjetividad fogoneada en las agendas y el discurso de la información. Sus políticas económicas (asfixiantes, desastrosas, desconsideradas) aún se encuentran con vida y avanzan con tormentosa actualidad.

Desde ese plano, cierta clase media (grueso duro y rabioso de Cambiemos) reconoce una desmejora y una flacidez, pero no saca los pies del plato neoliberal. Es decir que tolera la “des-bonanza”, soporta los cachetazos y persiste en su función aplaudidora o indiferente consciente. Este sector de núcleo rígido y compadrito no parece querer levantarse, ni tampoco expone una suprema indignación.

Realmente, es preocupante e inédito que a casi tres años de gobierno macrista, de ataque constante al bolsillo, no haya siquiera una perspectiva de crítica fuerte o de arrepentimiento masivo (más allá de las propias voluntades que se mantienen en los espacios nacionales y populares). La apuesta inmediata no consiste en generar que la clase media organice una revolución social y salga a las corridas a insultar a todos los funcionarios de Cambiemos. Eso es realismo mágico y pura expectativa, por ahora. Lo que resulta interesante es analizar el poder de adormecimiento que abrazan, y también observar cómo, aún con adversidades en su economía cotidiana, su vivencia se mantiene estoica y consagrada según su perspectiva de desprecio hacia lo popular, a sabiendas de que el horizonte es negro y tan turbulento como se imaginan.

 

[1] Dr. en Comunicación – Docente (FPyCS-UNLP). Twitter: @cristianseculg

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