¿Es hora de salir a romper todo?

Por Juan Manuel Erazo

 

La crisis. ¿Terminal?

Cambiemos está en crisis. No lo está el establishment, no lo está el neoliberalismo, no lo está el capitalismo. Solo Cambiemos (aunque al resto del sistema político tampoco le sobra nada). Es época de incertidumbre, donde todo lo sólido se desvanece en el aire. ¿Puede este ser el fin de Cambiemos como uno de los proyectos políticos (el más ofensivo sin dudas) de las clases dominantes en nuestro país? He aquí un gran dilema.

Supongamos que sí. La megadevaluación (que ya acumula un 100% en lo que va del año), la economía dolarizada, la apertura de importaciones, la destrucción del mercado interno, una tasa de interés del 60%, el transporte público y los servicios básicos desregulados, los salarios casi congelados, son todos elementos de una crisis. Su epicentro es el descalabro financiero desplazándose por todos lados y las consecuencias más profundas recién han comenzado. Es imposible que semejante Leviatán no llegue al terreno de la política, donde diversos actores huelen sangre e intentan morder. La imagen pública del presidente Mauricio Macri baja, los gobernadores se envalentonan e imponen condiciones más duras para negociar, el acuerdo con el FMI es ampliamente repudiado, los enemigos crecen, los amigos (siempre momentáneos) merman.

Pero supongamos que no. Imaginemos que estabilizan el dólar en 40 pesos. Surge un halo de confianza, y el FMI garantiza los dólares necesarios para tirar un poco más. Los sojeros no se enojan tanto con las retenciones. Garantizan cierto asistencialismo elemental en las barriadas y las fuerzas represivas se encargan de los díscolos mediante represión y sentido común reaccionario. Los gobernadores patalean un poco, pero aun son islotes aislados que no logran acordar un Plan B seductor ante los ojos de los grandes grupos económicos y la embajada norteamericana. Cristina Fernández presa o bien condicionada, perseguida, acorralada. La inflación se frena en el año electoral por vía recesiva. Y toda la resistencia popular en la olla, como la paradoja del sapo que para hervirlo hay que meterlo primero en agua fría y después a fuego lento. En fin, la derrota de la lucha de clases.

Dentro de la especulación, de algo podemos estar seguros: Los líderes liberal/conservadores son como los gatos, tienen muchas vidas. Hay una vida que ya perdió, el Mauricio de José Natanson murió. El presidente-gestor, gradualista y democrático, agonizó en diciembre del 2017 y hoy ya está muerto. Pero le quedan vidas aun, la del recrudecimiento represivo y la ruptura sistemática de consensos democráticos, la del espaldarazo pejotista, la de la “retirada digna”, esa que no rinde cuentas ante la historia, algo tan común en la pequeña enciclopedia ilustrada de esta, nuestra patria.

Tan perfecto que asusta

Por lo pronto Cambiemos aprieta el acelerador. Reduce la cartera de ministros sin que Marcos Peña salga volando por la ventana. No acepta dadivas del duhaldismo renovador y se aferra soberbio al proyecto que se planteó hace tres años de destruir la organización popular en pos de garantizar márgenes casi eternos de ganancias para unos pocos en un mundo convulsionado. Más allá de la convicción, no le quedan más salidas. O resetea el país, o fracasa.

En este contexto de debilidad, el campo popular aun no logra hacer pie. Lejos de poder lograr la triada de construir unidad, armar un proyecto y consolidar candidatos, apenas puede discutir el más básico quehacer. Se le entremezcla el 2018 con el 2019, y el plato es tan perfecto que asusta. Hay un mismo diagnostico: este gobierno rompió todos los consensos mínimos de nuestra democracia y merece pasar vergüenza ante la historia para que ningún proyecto de estas características triunfe en la Argentina. Aun así, no hay consenso para el tratamiento de tal enfermedad.

Frente a esto, el campo nacional y popular desarrolla distintas hipótesis. El kirchnerismo duro piensa en el 2019 y en Cristina. Una posible salida apresurada de Cambiemos alimenta la posibilidad de un acuerdo “por arriba” con la estructura más conservadora del Partido Justicialista representada hoy en figuras como Pichetto y Urtubey. Del 2001 al 2003 este fue el escenario, pero esta vez las tradicionales estructuras pejotistas no van a ceder ante la anomalía progre populista. Si lograsen hacerse con el poder político, la caja nacional alinearía a intendentes, senadores, diputados y gobernadores. Su capacidad de fogueó en la interna peronista crecería exponencialmente y el kichnerismo pasaría a ser un simple alfonsinismo posmoderno. Ante esta posibilidad no es prudente agitar la perdiz, sino esperar el lento deterioro de Cambiemos y la vuelta triunfal de Cristina en el mejor de los casos. En palabras del humorista Dady Brieva “quiero que se queden hasta el final para que la gente nunca más vuelva a votarlos”.

Esta hipótesis tiene una gran debilidad: hay una conflictividad que es necesariamente violenta. Si Cambiemos logra lo que planteamos en el tercer párrafo de esta nota, no hay 2019. Si las condiciones materiales de la clase trabajadora llegan a desgastarse hasta al punto del olor a derrota, la agenda política estará sin dudas virada hacia la derecha. En ese contexto no habrá “vamos a volver mejores”. Solo moral por el suelo, resignación, derrota y la pregunta ¿Como pensar un proyecto emancipador en esas condiciones?

Por otro lado están quienes plantean un escenario que va de la conflictividad violenta al abismo. Por un lado la izquierda trotskista y quienes la satelitan, que entienden en esta etapa la posibilidad de una crisis de representatividad que genere condiciones para la instalación de un proyecto político revolucionario y disruptivo. Esta hipótesis es errada desde el vamos. Si bien sucesos como la aprobación de la reforma previsional (ampliamente rechazada) y el rechazo a la ley de Interrupción Voluntaria de Embarazo (ampliamente aceptada) dejaron al desnudo las miserias del poder legislativo federal, aun así, la institucionalidad sigue siendo una arena de resolución del debate público.

También están las organizaciones sociales que entienden que Cambiemos debe irse ya, y aunque asuma por arriba lo peor de la oposición esto estará bien ya que permitirá mejores condiciones de negociación. Hay un punto de veracidad en esta hipótesis, pero los más estables años de neoliberalismo en este país se han vivido bajo un sello indigno que ha transformado al hecho maldito del país burgués en el beneplácito resignado del país neoliberal. No basta con el antimacrismo para ser antibeoliberal.

¿Hay un punto de equilibrio entre estas hipótesis? Quizá. En primer lugar, es necesario comprender que a diferencia de otros países de América Latina, la democracia tiene nombre de pueblo. Nuestra democracia, nos guste más o nos guste menos, fue forjada en la marcha a San Cayetano el 7 noviembre de 1981, en la huelga general del 30 de marzo de 1982, en las innumerables rondas de las Madres de Plaza de Mayo. Eso implica ser muy responsables a la hora de poner las reglas del juego. La violencia siempre será de ellos, de los que en beneficio de unos pocos han propiciado las peores masacres de nuestra historia. Esta responsabilidad implica la difícil tarea de sostener los concesos democráticos mientras se defienden a capa y espada. Democracia en este país es sinónimo de derechos irrenunciables.

¿Es sintetizable lograr que Cambiemos pase vergüenza ante la historia, evitar que el neoliberalismos triunfe, pero que a su vez esto no genere condiciones para un acuerdo de capitanes, sino una salida electoral donde el campo popular pueda presentar una alternativa legitimada y potente? La política es pues el arte de lo imposible. Sino, este país sería muy sencillo. Lograr estas síntesis impensadas es lo que algunos llaman “hacer historia”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s