Cuerpo, fuego nuestro

Por Cristian Secul Giusti[1]

 

En un contexto de consagración general para el rock argentino, luego de la guerra de Malvinas y la consiguiente popularidad de artistas de la talla de Charly García, Soda Stereo o Miguel Mateos, el álbum Locura (1985) de Virus profundizó la provocación escénica de la banda y remarcó la estética ambigua presentada por sus integrantes. Sin dudas, es el disco más exitoso del grupo y el que contiene referencias sobre el cuerpo como espacio de disputa y representación del placer en un escenario de recuperación democrática (“Sin disfraz”, “Una luna de miel en la mano”, “Pronta entrega” o “Pecados para dos”).

 

Este último es uno de los temas más destacados del material porque emprende, desde la perspectiva del rock, una narrativa lúdica en torno a las marginalidades sexuales y los dominios heteronormativos de la época. El discurso de “Pecados para dos” se desarrolla en función de palabras vinculadas con las prácticas homosexuales (hasta entonces exhibidas levemente en los medios de comunicación y en los espacios públicos) y pone en tensión las posturas religiosas y convencionales que relacionaban a esta orientación sexual con el pecado, la clandestinidad y la enfermedad.

 

La temática propuesta en la lírica destaca la fuerte presencia de Federico Moura como líder de la banda y alma mater de un estilo de canto y pose distante y a la vez, sensible en escena. El cantante -emblemático del rock-pop argentino y de las expresiones gay a nivel latinoamericano- supo presentar a la banda como una alternativa que se diferenciaba de las ideas machistas del rock duro setentista. De hecho, Virus fue una de las primeras agrupaciones en escribir letras que anclaban en la sensualidad del cuerpo y la liberación sexual.  Sin embargo, la alternativa de mostrar una actitud de liberación corporal explícita en sus shows y en sus líricas, le valió el repudio de los rockeros ortodoxos de entonces. El acontecimiento más emblemático tuvo lugar durante el festival “Prima Rock” de 1981, cuando fueron recibidos con indiferencia por un público rockero que exhibió su disgusto lanzándoles tomates, naranjas y otros objetos.

 

Asimismo, la figura de Federico tampoco fue bien recibida por algunos sectores de la cultura rock autóctona y la prensa especializada publicó comentarios burlones en relación a su figura. No obstante, en una entrevista brindada a la periodista Gloria Guerrero poco tiempo antes de fallecer a causa del virus del HIV en 1988, Moura se preocupó por encontrarle algún sentido valorable a esas críticas: “La polémica que genera una propuesta nueva, depende de la intensidad de esa propuesta (…) Estamos movilizando, estamos tocando estímulos más fuertes, y por eso la gente se adhiere o te rechaza, pero siempre con fuerza”.

 

  Cositas fuera de lugar

 

Durante la década del 80, la noción de cuerpo irrumpió en el espacio social y se volvió visible para gran parte de la sociedad. El cuerpo, que comenzaba a conformarse como una intersección en la que congeniaban la acción y la elaboración de discursos sobre el placer (por sobre la represión religiosa), sirvió para oponerse a las normas que promovían la “disciplina, el sentido común, el comportamiento correcto y heterosexual”, como sostiene la ensayista Valeria Garrote.

 

Esencialmente, “Pecados para dos” refiere a los modos de focalizar a la práctica homosexual en el cotidiano de los 80. Así, la letra juega con la idea religiosa de pecado y destino infernal en pos de avanzar en contra de lo dado y lo establecido por la norma sexual heteronormativa: “Fuego, fuego, cuerpo fuego, nuestro”, “Aliados, infierno”, “Pecados para dos hoy”, “Motivos para confesar, crímenes”. Asimismo, la canción plantea una idea de relación homosexual como resguardo íntimo y a la vez vedado, oscurecido por las tramas de los discursos sociales: “Silencio para vos”, “Se daban en la oscuridad, crímenes en la intimidad”. Por último, la aparición de la figura de la enfermedad o aquello que se señala como anómalo y enfermo también cobra sentido en términos de prejuicios ochentosos contra la comunidad gay: “Suero”, “Estamos enfermos[2]”.

 

“Pecados para dos” presenta una distribución suelta de palabras clave que se repiten constantemente a fin de generar un efecto rítmico y también una centralidad en la idea. De este modo, la estrategia de reiteración queda aún más en evidencia cuando esos conceptos se ligan con la temática homosexual y los posibles puntos nodales que la rodeaban la idea de libertinaje y promiscuidad en la época: “Cuerpo, cuerpo, fuego, fuego, nuestro, suero, suero, dueño, dueño, nuestro, estamos enfermos, cuerpo fuego, nuestro, aliados, infierno, pecados para dos hoy”

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Así, las palabras “pecados”, “aliados” e “infierno” tienen un carácter irónico e introducen las voces sociales que suelen asociar determinadas prácticas sexuales con lo prohibido. Por su parte, la “oscuridad”, los “crímenes”, las confesiones y el pecado son expresados a través de una voz en  tercera persona que comenta las situaciones que se desarrollan en secreto: “Se daban en la oscuridad, motivos para confesar. Crímenes en la intimidad, cositas fuera de lugar”. También se observa que la palabra “aliados” alude a la idea de una identidad homosexual compartida a partir del secreto, mientras que la expresión diminutiva “Cositas fuera de lugar”, pone a las prácticas sexuales en el campo de las aventuras y las travesuras productoras de placer.

 

La canción no sólo tematiza la homosexualidad, sino también la intimidad -en términos más generales- como espacio existente en las vidas de las personas. Se puntualiza lo íntimo frente a la primacía de lo social que impone reglas o patrones más uniformadores. En este sentido, la expresión “fuera de lugar” cobra un significado que puede llegar a ser interpretado como “libre del lugar social” o “libre de la obligación social”. En efecto, la canción da cuenta del uso clandestino del cuerpo hacia mediados de la década del 80 y también subraya las estrategias de vigilancia, control y prohibición que se ejerce sobre el placer, con el fin de domesticar los deseos que siente (y experimentan) los cuerpos de los sujetos sociales.

 

 

 

Una estrategia de visibilización

 

En estos tiempos, la figura de Federico Moura gana aún más autenticidad por su destaque como compositor y, asimismo, como referente de la cultura gay (más allá de su empleo minimalista de esa exposición diversa). El líder de Virus entiende el uso de la palabra como un aspecto clave para incluir, en modo de canción, un reclamo a favor de aquellos y aquellas que no tienen voz o se encuentran acallados: “Lo que creemos es que la palabra tiene que ayudar a la gente a pensar. No a decirle qué tiene que pensar, sino que usen el pensamiento (…) lo mejor que podemos hacer es que la gente piense con las letras, que tome lo que quiera, pero que ejercite la cabeza”.

 

Dicho esto, Virus siempre se identificó por su destiempo estético y su ambigüedad mal comprendida por sus detractores. Fueron sarcásticos cuando reinaba la solemnidad en el rock argentino y románticos cuando el desencanto dark de mediados de los 80 capitalizó fuertemente la escena. El desafío siempre fue el mismo: hacer música popular sin que el torbellino del comercio transforme ni un ápice del contenido o que el discurso social imperante intervengan con su moral simulada y conservadora. “Pecados para dos” es un fiel reflejo de ese camino, pero no es el único en el crisol de búsquedas trabajadas y robustecidas por la propia historia de una de las mejores bandas de rock-pop hispanoamericano.

[1] Dr. en Comunicación – Docente (FPyCS-UNLP). Twitter: @cristianseculg

[2] Cabe señalar que esta frase es retomada por “Pity” Alvarez y Andrés Calamaro en la canción “Fuego”, publicada por Intoxicados y editada en 2005.

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