“Dos días en la vida”: sororidad y liberación

Por Cristian Secul Giusti[1]

El amor después del amor es el álbum más vendido de la historia del rock argentino y el más recordado de la discografía de Fito Páez. El material, estrenado a principios de 1992, generó un impacto instantáneo tras la publicación de la canción “El amor después del amor” y obtuvo una recepción positiva a partir de la circulación masiva de “Tumbas de la gloria”, “Brillante sobre el mic” o “Dos días en la vida”.

Esta última canción, de hecho, resulta relevante porque en su lírica destaca el rol activo de dos mujeres que deciden escapar de la rutina y atravesar una serie de experiencias en una búsqueda de liberación repentina y urgente. En este sentido, la letra atraviesa un panorama intertextual, que se vincula directamente con la reconocida película estadounidense “Thelma y Louise” (estrenada en 1991 y protagonizada por Susan Sarandon y Genna Davis) y construye un escenario diverso de voces corales que dialogan en un plano de igualdad.

“Dos días en la vida” no sólo está incluida en una obra que significó un cimbronazo en la cultura rock argentina y transformó a Páez en una celebridad -de la noche a la mañana, pasó a ser entrevistado por las revistas Gente, Caras o Teleclic-, sino también subraya la presencia de discursos que ponen en crisis la actitud patriarcal y colocan en primer plano a los roles femeninos: desde “La Verónica”, hasta “Sasha, Sissi y el Círculo de Baba” o “La balada de Donna Helena”.

Las voces

Thelma es una mujer sumisa que sufre el machismo de su pareja, un hombre patriarcal que la desvaloriza y no la tiene en cuenta. Louise trabaja en una cafetería, lleva una vida más desordenada que su amiga, también se encuentra frustrada, tiene un novio que no asume compromisos y siempre se encuentra ausente. Ambas, hartas de su cotidianeidad, deciden irse durante un fin de semana a una casa entre montañas y así experimentar actividades renovadas, diferentes, placenteras. En ese viaje -dinámico y vertiginoso-, diferentes acontecimientos se suceden y la carretera se vuelve el hilo conductor de la historia que, tragedias mediante, comienza a esparcirse como la propia libertad de las protagonistas.

El film, dirigido por Ridley Scott, obtuvo muy buenas repercusiones a nivel mundial e, inclusive, ganó un premio Oscar al mejor guión original. Del mismo modo, la película sirvió como antesala de una renovación en términos de roadmovie o “de carretera” y se posicionó como una de las primeras con protagonización estelar y determinantemente femenina. En ese sentido, “Thelma y Louise” cuenta con una estética rockera, no sólo desde lo musical, sino en función de sus personajes, dispuestos a despojarse de lo rutinario y abrazar la experiencia de la libertad.

Esto mismo, de hecho, sedujo al propio Fito Páez, quien a tan solo un año del estreno de la cinta, decidió dedicarle un tema a las protagonistas e incluirlo como segundo track de El amor después del amor. La letra de “Dos días en la vida” está estructurada como diálogo y presenta tres voces que intervienen casi en fragmentos. En términos sonoros, se escucha a Fabiana Cantilo, Celeste Carballo y Fito Páez, compartiendo un juego polifónico, en el que las cantantes se reparten la interpretación de Thelma y de Louise, y el rosarino oficia de relator testigo.

Al respecto, esta convivencia de voces femeninas y masculinas se configura como una herencia directa de la irrupción sonora y coral del rock argentino de finales de los 70 y principios de los 80. En estos términos, el primer grupo que integró la voz de una mujer con las masculinas fue PorSuiGieco[2], proyecto integrado por Raúl Porchetto, los ex Sui Generis Charly García, Nito Mestre, León Gieco y María Rosa Yorio, que, como se advierte, ausenta a la cantante del nombre coral y articulador que tiene la agrupación.

En sintonía, la agrupación de rock-teatral Bay Biscuits (formada por Diana Nylon, Viviana Tellas, Isabel de Sebastián, Edith Kutcher y la mismísima Fabiana Cantilo) es una de las primeras en jugar con voces masculinas sin la presencia de cantantes hombres. Por su parte, Los Twist (liderados por Pipo Cipolatti) es una de las bandas emblema que incluyó voces femeninas en las canciones (Fabiana Cantilo e Hilda Lizarazu son los ejemplos más vastos), al igual que Fricción o Metrópoli, dos grupos con activa participación femenina.

La presencia de Viudas e Hijas de Roque Enroll toma la primera plana de las voces femeninas desde un rol lírico y escénico activo, y en función de los duetos (como ocurre en “Dos días en la vida”), sirve retomar el caso de Sandra y Celeste (Mihanovich y Carballo), ambas cantantes que lograron tomar un papel protagónico en la cultura musical argentina y, asimismo, visibilizar un lirismo de sexualidad disidente en tiempo de post-dictadura.

De eso se trata vivir

En el principio de la canción, la voz de Celeste Carballo destaca la situación de ambas mujeres, en crisis, con mucha frustración y una voluntad tremenda de querer liberarse: “Ya dejemos de llorar, te veo ahí en media hora. No te olvides, nos largamos de aquí”. Fabiana Cantilo, en tanto, responde reflexivamente y justifica a las claras el título de la canción: “Dos días en la vida nunca vienen nada mal. De alguna forma, de eso se trata vivir”.  Luego de este entrecruzamiento de voces, la intervención de Fito se constituye como narrador omnisciente, y figura continuadora del relato, pero también como comentarista incisivo de la situación. En ese sentido, el discurso de Páez aligera la narración , le da un marco de avance (“Salieron en un coche, descansaron en un bar con mexicanos, margaritas”) y ofrece un perfil de los personajes: “Dos chicas: una sabe mentir. Eligen una mesa, un par de tragos

y a bailar. Thelma y su cowboy, que ahora la saca de allí”.

A continuación, el relato destaca una situación compleja de violencia, en el que las mujeres se defienden del ataque de un hombre, escapan de las actitudes típicas de los mandatos de la masculinidad y desde el canto, remarcan una potencia de carácter al postularse como el primer estribillo de la canción. “Presa del mal, quise escapar”, se escucha en la voz de Cantilo (Thelma). “El tipo trata de violarla, cae Louise”, señala Páez. “¡Qué te salgas de ahí! Vas a pedir, vas a pedir piedad, o te vuelo la cabeza puercoespín”, remata Carballo (Louise). En esta escena, el papel activo de los personajes es  proporcional al del canto aguerrido de las cantantes, quienes, aferradas a la ira y al enojo, desprecian esa opresión masculina.

Sin evitar spoileo, la presencia de Fito permite entender el desencadenamiento de los hechos: “La bala fue precisa, el mismo tipo no habló más. Tomaron una carretera, la botella y se marcharon de ahí”. En esa línea, el vértigo de los personajes se presiente en el recorrido siguiente. Primero, se advierte en el comentario de Thelma: “Dormí con el ladrón y me dio amor hasta llorar”, y más tarde, en la respuesta de Louise: “Me voy a México rápido”. Siguiendo ese camino, el cantante remarca la continuidad de la historia y expone una contextualización noventosa, en los que la palabra “supermarket” y “MTV” ganan terreno en un universo globalizado.

De esta manera, el escenario social y político argentino de los 90 también se hace presente cuando el propio Páez canta: “Los militares odian esas almas y yo las quiero para mi”. Esa mención subraya un rasgo contextual que evidencia la publicación del disco y la canción a tan solo dos años de los indultos de Carlos Menem (sancionados entre 1989 y 1990), que beneficiaron a cientos efectivos que cometieron crímenes durante la última dictadura cívico militar.

Luego de esta escena, la canción alcanza un punto cúlmine en el que las tres voces se unifican en la tensión y el drama propio de la película y el discurso de la lírica: “Las cosas se pusieron más difíciles y sabes que sí”. En esa trama, el cierre del tema queda en la voz de Fito Páez, quien desmonta el enigma de las voces acompañantes en el tema: “Si lo soñé o lo viví, las chicas conmigo son Thelma y Louise”.

Sobre este punto, “Dos días en la vida” condensa una sintonía de voces que ofrece una discursividad empoderada de las protagonistas y corre del eje central del relato a la voz del hombre (más allá de que solo oficie como moderador). La sonoridad de canto de Carballo y Cantilo, con tonalidades diferentes, presenta una pulsión esencial de actitud y, en función de lo lírico, reconstruyen la potencia del guión de la película, revitalizan el rol activo de las mujeres en una disposición de liberación y dan cuenta, inclusive, de la sororidad tanto en el acompañamiento como en el modo de decir, desde el rock, que no están solas.

[1] Dr. en Comunicación – Docente (FPyCS-UNLP). Twitter: @cristianseculg

[2] También existe un antecedente breve, pero conciso en la banda Color Humano, liderada por el ex Almendra Edelmiro Molinari, que cuenta con la participación de su pareja de entonces, Gabriela Parodi (la primera cantante femenina del rock argentino).

 

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