¿Quiénes tienen miedo ahora?

Por Julia Moretti[1]

Octubre empezó con un lunes de denuncia. Ex-alumnas del Colegio Nacional Buenos Aires, en el marco de la entrega de diplomas que tuvo lugar el jueves 27 de septiembre, leyeron una carta en la que acusaban por abuso y acoso al regente, exvicerrector, preceptores y profesores de la escuela. Contaron que a los 15 o 16 años recibían comentarios acerca del largo de sus polleras, masajes, manoseadas y besos que ninguna había pedido, sumados a expresiones del tipo “cómo me garcharía a X compañera”. Las mujeres y disidencias de la institución aguantaron y callaron estas situaciones durante muchos años. Hasta ahora.

Ema Graña fue quién leyó la carta, junto a dos compañeras que la escoltaban firmemente  por ambos lados, siguiendo con la mirada la hoja que Ema sostenía en la mano. Delante de ellas, más compañeras; algunas vestidas de traje y corbata. Todas llevaban el pañuelo verde, en el cuello o en alguna de las muñecas. Detrás de Emma y sus dos compañeras, un señor de unos 50 años simulaba escuchar, miraba su reloj y parecía aburrido.

Las exalumnas del Nacional, además de mencionar con nombre y apellido a los abusadores, denunciaron las violencias que sufrieron durante los años del secundario sólo por ser mujeres. Hablaron sobre una educación sexual que les enseñó, mediante un video, a colocar un preservativo; pero de la inexistencia de una Educación Sexual Integral (ESI) que les enseñara qué hacer cuando el varón no quiere colocárselo o cuando son obligadas a tener relaciones sexuales. De hecho, nunca escucharon las palabras “consentimiento” o “placer”.

La ley 26.150 ESI se sancionó hace 15 años, en 2003. Nunca llegó a implementarse correctamente y la carta de las exalumnas del Colegio Nacional Buenos Aires es un ejemplo de ello. Hoy en día, en 2018, los mismos sectores que durante el debate por la legalización del aborto pedían por educación sexual, ahora se manifiestan en contra. Que no se metan con sus hijos, dicen. ¿Se referirán a los profesores abusadores?

Los portales andan diciendo

Luego de que el video, la carta, y las violencias vividas por las compañeras se visibilizaran y viralizaran, llegó la repercusión a los medios de comunicación. Lo cierto es que en la gran mayoría de los portales digitales, la denuncia no fue deslegitimada. Sin embargo, Infobae y Mdz Online trataron el hecho en sus títulos llamándolo “escándalo”. ¿Escándalo por el escrache a profesores abusadores de sus alumnas menores? El escándalo –y con razón– lo tuvieron en realidad cada uno de los hombres mencionados; se les terminó la tranquilidad con la que pensaban que iban a salir impunes de cada situación de violencia que generaron.

Luego de la lectura de la carta, el rector del Nacional, Gustavo Zorzoli, pidió el traslado de todos los involucrados en la denuncia a otra dependencia de la Universidad de Buenos Aires, con el fin de facilitar y agilizar la investigación. No se quedaron sin trabajo, simplemente los movieron de lugar, y dentro de la misma universidad.

Por otro lado, alzar la voz y poner la cara y el nombre para denunciar la violencia machista vivida en uno de los colegios más importantes de la ciudad de Buenos Aires, significa un acto de valentía y una toma de decisión que no es para nada fácil. Sin embargo, y de la mano con la constante invisibilización que tenemos las mujeres en diversos ámbitos sociales, Clarín tituló: “La hija de Rolando Graña y el escrache del Nacional Buenos Aires: ‘Nos estaban violentando’”. Por lo que se ve, ponemos el cuerpo después de tolerar años de violencia pero seguimos siendo “la mujer de”, “la hija de”, “la esposa de”.

El que nunca falta

Es sabido que cada vez que ocurre algún hecho relacionado con las y los jóvenes porteños, Eduardo Feinmann envía al lugar a un movilero junto con una cámara, y se encarga él mismo de la situación. La chicana y el golpe bajo son sus preferidos y no tiene vergüenza en utilizarlos. Asimismo, es importante recordar que aunque las mujeres nos sintamos más valientes y confiadas que antes para alzar la voz frente a la violencia machista, siempre nos van a seguir cuestionando y poniendo en duda. En el caso de las compañeras del Colegio Nacional, Feinmann jugó este papel a la perfección.

El lunes 1 de octubre el periodista realizó un móvil con dos chicas de la institución para que hablaran sobre lo sucedido. Luego de que el movilero le colocara el auricular a Irina, una de ellas, y avisara a Feinmann que ya lo estaba escuchando, él la saluda y lanza: “¿Miedo a qué tenían? ¿Por qué no lo denunciaron antes? Porque los hechos son graves, graves, graves”. En primer lugar, minimiza las situaciones de abuso y acoso contra profesores y trabajadores de alto rango de la escuela, como si no fueran para tanto o para tener miedo a hablar. En segundo lugar, las culpabiliza por no haberse expresado antes. Las mujeres, como pertenecientes a este sistema, también naturalizamos las violencias que vivimos a lo largo de nuestra vida. Podemos tardar años en darnos cuenta que tuvimos situaciones de abuso y acoso porque nos hicieron creer que nosotras las habíamos provocado o porque simplemente “esas cosas pasan” y teníamos que bancárnoslas.

La joven responde, pero Feinmann vuelve a disparar: “Yo lo que digo es miedo a qué tenían en ese momento” haciendo referencia, nuevamente, a por qué no denunciaron cuando vivieron esas situaciones, hace años atrás. Irina explica que, en primer lugar, no estaban atravesadas por el feminismo como sí lo están hoy en día. “¿Qué tiene que ver?” le pregunta Feinmann, interrumpiéndola. La entrevista continúa con el periodista cuestionando como víctimas a Irina y al colectivo de compañeras, minimizando la situación y la valentía que tuvieron cada una de ellas.

Probablemente, Eduardo Feinmann nunca comprenda lo que generó en cada una de nosotras haber conocido el feminismo y cómo, de verdad, nos hizo tomar conciencia de las violencias que habíamos vivido en cada círculo de nuestras vidas. Probablemente, también, aunque Irina y las compañeras del Nacional se lo expliquen con dibujitos, siga –o se niegue– a entenderlo.

Sin embargo, ¿es importante la figura de Feinmann para el grupo de compañeras mujeres y disidentes que se animaron a denunciar a profesores y varones con poder del Colegio Nacional Buenos Aires? No. No es importante. Lo que importa es que, frente a la violencia de género, nos tenemos. El presente es y el futuro será feminista. Relájense y gocen.

 

[1] Licenciada en Comunicación Social

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