Bolsonaro y la traición de los repertorios

Por Emiliano Delucchi[i]

A la hora de abordar los sucesos de un mundo cada vez más complejo, los sujetos contamos con una serie de ideas-herramientas que intentamos aplicar a los problemas que se nos presentan, con el principal objetivo de resolverlos, o al menos interpretarlos. La negativa a reconocer que toda construcción política es contingente, puede arrastrarnos prácticas y reflexiones tan repetitivas como estériles. En este sentido, la abrumadora victoria de un personaje abiertamente racista y misógino como Bolsonaro, superando ampliamente al partido que en la teoría debía representar los intereses del pueblo brasileño, constituye un fuerte llamado de atención de cara al futuro regional.

Es conveniente aquí dejar algo en claro. No hay dudas de que el programa de gobierno de PT es el que más le conviene, desde lo económico, a las mayorías en Brasil. Por otra parte, el de Bolsonaro es antipopular y funcionará solo para una minoría privilegiada. Ahora bien, esto es así solo desde el punto de vista macroeconómico, y no necesariamente debe existir una correspondencia con las representaciones políticas de los votantes.

Esto sucede porque el sujeto-pueblo al que buscan interpelar los sectores nacional-populares no necesariamente engloba a todas las personas con características económicas determinadas (las que se benefician con programas de gobierno nacional-popular). Así, millones de personas que en términos objetivos mejoraron su posición durante los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff, pueden no sentirse interpeladas por el significante “pueblo”, y navegar por otros mares de la subjetividad. De aquí que hoy existan múltiples identidades sociales, que exceden por mucho la mera posición que los sujetos ocupan en la enorme maquinaria de las relaciones de producción capitalista.

En palabras del politólogo Rodrigo Iturriza, el problema se presenta cuando se intenta postular a un sujeto político acabado, reconciliado consigo mismo y coherente; y se agudiza aún más cuando se intenta cubrir con su velo a las mayorías, tomando como base a criterios únicamente económicos. Se produce entonces una gran disociación, en donde el partido cuyo plan de gobierno funcionará para el 80% de la población solo puede interpelar al 30% de ésta. ¿Qué sucede con el resto?

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Comunidades y construcción de mayorías

Otra de las claves radica en lo que ya ha señalado el asesor de imagen estrella del PRO, Jaime Durán Barba, quien explica que el voto de los sujetos no es racional, sino que está basado en pasiones, amores y odios que son, en definitiva, construcciones precarias de subjetividad. Lo mismo vale para los comportamientos económicos, mal que le pese a la escuela austríaca. De este modo, es necesario entender que la frase “el pueblo vota en contra de sus intereses” no tiene sentido, ya que tanto el significante pueblo, como los intereses tanto económicos como políticos, son significantes concretos en las teorías, pero crujen en la realidad.

También es necesario reconocer que existen diversos colectivos generadores de un enorme capital simbólico, pero que a su vez se repliegan cada vez más sobre sí mismos, dificultando que esos capitales fluctúen de un colectivo a otro. Así, los interesados en política y economía no son más que un grupo entre tantos otros que construyen las sociedades actuales. La particularidad del colectivo “personas interesadas por la política y economía” es que cada 2 años buena parte de los destinos de la nación se deciden en elecciones, en las que obligatoriamente deben participar personas que no pertenecen a él, y como si esto fuera poco, el voto de estos advenedizos vale exactamente lo mismo que el de quienes “son del palo”.

Esta particularidad obliga a los que participan activamente de actividades políticas o académicas en el campo de lo social, a forzar una permeabilidad cada vez mayor entre su colectivo y el resto, de manera que ésta les permita conocer mejor las demandas sociales, que durante el siglo pasado pudieron clasificarse en categorías como proletarias, populares y burguesas, pero actualmente dichas categorías han estallado por los aires.

No sos vos, es tu marco teórico

En este sentido, Bolsonaro y otros dirigentes populistas de derecha parecen haber encontrado la forma de lograr una unidad en la diversidad, con un discurso que logró permear incluso entre sujetos a los que rechaza fervientemente, como mujeres y afrodescendientes. El trabajo no es nada sencillo, ya que la mayoría de las personas se relaciona con la política según su propio marco teórico, que no solo es inacabado y volátil, sino que ha sido construido en contextos muchas veces distantes de las ciencias sociales en general, y la política y economía en particular.
Así, es fundamental que desde los colectivos relacionados con la política (y lo político) se tejan relaciones con el resto de los grupos sociales, buscando que la militancia en pos de llevar a la masividad las agendas propias de las minorías o la academia no se traduzca en el desprecio liso y llano por diversas manifestaciones populares, que actúa como fuerza centrípeta en la construcción de mayorías.

Al mismo tiempo, debe evitarse el encasillamiento forzado de las actitudes del electorado en categorías preconcebidas, que den por sentada la existencia de ciertos intereses objetivos basados en las posiciones de clase. Finalmente, es necesario asumir toda acción política siguiendo la premisa del sociólogo jamaiquino Stuart Hall, quien advirtió que, en estos menesteres, todos los repertorios nos traicionarán.

[i] Licenciado en comunicación social (UNLaM)

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