Chau chau impunidad

Por Julia Moretti [1]

 

Andy Kustnezoff tiene un programa denominado PH: Podemos hablar, que sale los sábados a la noche por Telefé. Con un formato parecido al de Mirtha Legrand, el conductor invita a celebridades y figuras de la televisión y otros medios para charlar sobre sus vidas y sus proyectos principalmente durante la cena, pero también en otras dinámicas. El sábado 6 de octubre, una de las invitadas fue Marixa Balli, novia del cantante Rodrigo Bueno durante la década menemista.

En este marco, en uno de los juegos que Kusnetzoff les hace realizar a los participantes antes de la cena, el periodista quiso saber si era verdad una historia que le había contado un productor amigo, sobre una situación entre Marixa y Rodrigo, hace más de 20 años. El periodista, antes de contar qué había pasado, aclara: “Él es muy pasional…”, para que de entrada le demos una justificación a lo que vamos a escuchar luego. Y continúa, mirándola a ella y buscando la respuesta: “En un juego de esos que se atan… él te había atado a vos, se había ido y se olvidó…”, pensando en algún tipo de práctica sexual. Ella, contundente, responde: “No se olvidó. Me esposó porque yo no lo quería acompañar a unos shows el viernes a la noche”. Como Marixa tenía ese día libre, le dijo a Rodrigo: “Me voy de joda con mis amigas” y él la esposó a una silla durante nueve horas. “Yo pensaba: tengo que ir al baño, qué terrible, qué situación”, agrega luego.

Rodrigo la dejó esposada dentro del hotel desde las 11 de la noche hasta las 8 de la mañana del otro día. Ella, en esa situación, pensó que lo peor que podría pasarle era no poder ir al baño, aunque después se dio cuenta que la había atado a una silla para que pudiera movilizarse; es decir, podía arrastrar la silla al baño con ella si necesitaba hacerlo. O sea, Rodrigo había sido considerado y había cuidado ese detalle.

A los costados de Marixa estaban las actrices Marcela Kloosterboer y Violeta Urtizberea, mirándola atónitas mientras ella contaba lo que había pasado. Después del segundo “Él era muy celoso” esta vez por parte de Marixa, Urtizberea susurra con un claro sarcasmo: “Un amor…”. La exmodelo estaba contando un hecho de clara violencia como si hubiera sido una anécdota más y justificando al cantante cada vez que podía.

En este sentido, ella sigue y cuenta otra situación: “Una vez yo tenía una puesto un vestido divino, íbamos a ir a una fiesta fantástica en Córdoba. Yo me había llevado un vestido dorado que era soñado y él a esas cosas lo transformaban…”. Silencio. Andy acota, para variar, la frase célebre: “Él era muy celoso…”. “Muy celoso, pero bueno, qué me importaba… semejante bombón. Me bancaba todo”, le responde Marixa. Debajo, en la pantalla, aparece la placa: “Comunicate al 144 las 24 hs”. Esa noche, Rodrigo tomó una tijera y le cortó todo el vestido. Ella tuvo que ir a la fiesta con un jean, mientras los demás invitados estaban vestidos de gala. Cuando el anfitrión le preguntó por qué estaba vestida así, Rodrigo le robó la palabra y contestó que a ella no le importaban mucho esos eventos, por eso no se había ocupado en vestirse mejor. “Él llegó divino a la fiesta, de smoking”, dice Marixa, y agrega: “Era intenso”.

 

La romantización de la violencia

Las dos situaciones que contó Marixa Balli se enmarcan, claramente, dentro de la violencia de género. Sin embargo, llegamos a esta conclusión hoy, en el 2018, después de haber vivido un gran avance en la sociedad en relación a los derechos de las mujeres y a las violencias estructurales que vivimos. Quizás, hace 20 años, no era tan fácil hacer el click y darse cuenta de que el hecho que tu pareja te espose a una silla y te encierre durante nueve horas no es para nada esperable.

Esto último se evidenció el sábado en Podemos Hablar. Marixa contando los hechos violentos como si hubieran sido dos hazañas habla de, primero, una naturalización de la violencia en aquel entonces y segundo, una justificación de la misma veinte años más tarde. Sin embargo, desde los 90 hasta esta parte la realidad social cambió muchísimo. Marixa puede no haberse dado cuenta –todavía– de que lo que le ocurrió fue lisa y llanamente violencia de género, pero  cuando contó esos dos hechos, las caras de Kloosterboer y Urtizberea demostraban una gran incomodidad y parecían gritar el famoso meme que da vueltas por las redes sociales y que dice: “Amiga date cuenta”. En este sentido, muchos medios de comunicación se hicieron eco de lo dicho por la exmodelo porque la violencia hacia las mujeres ya no pasa desapercibida.

Como cualquier joven veinteañera, Marixa Balli estaba viviendo el sueño: hacía shows y era la novia del cuartetero del momento. Se iba a aguantar cualquier cosa por permanecer en ese lugar; ella misma lo dice: estaba con un bombonazo y se bancaba todo. No eran momentos de planteos ni quejas. “Yo también era caprichosa”, expresa al final de contar la situación con el vestido, culpabilizándose y haciendo referencia a que los dos eran conflictivos en la relación.

Si hablamos de la existencia de violencia de género en una relación, no existen las exageraciones. Si tu pareja te ata a una silla porque no lo querés acompañar a algún lugar y te rompe un vestido porque no le gusta que muestres mucho el cuerpo, de ahí a los golpes hay un paso muy corto y a la punta de la pirámide de la violencia –llámese con todas las letras: femicidio– un pasito más.

 

Se caen los ídolos

El testimonio de Marixa Balli puso sobre la mesa otro tema que viene estando muy presente en los últimos dos años: la violencia de los ídolos populares. Varios nombres de deportistas y artistas están cayendo en decadencia porque tomamos conciencia de que no podemos tener como referentes a femicidas, golpeadores y violentos.

Siguiendo esta línea, el femicida y boxeador Carlos Monzón sigue teniendo en la ciudad de Santa Fe un monumento. Sin embargo, hace algunos meses fue intervenido por una agrupación que le colocó una nueva placa en la cual se lee: “Carlos Monzón, boxeador y femicida”, por haber asesinado a Alicia Muñiz, su esposa, ahorcándola y tirándola por el balcón de su casa en febrero de 1988.

En los últimos meses varios artistas dejaron caer las caretas y se deschavaron solos con dichos misóginos: Gustavo Cordera y Cacho Castaña son dijeron que había mujeres que necesitaban ser violadas para tener sexo y que, en caso de que nos violaran, debíamos que relajarnos y gozar. A ambos se les cancelaron varios shows y funciones en diferentes teatros. Pero más graves fueron las denuncias y escraches por abuso sexual, violación y pedofilia que recibieron integrantes de bandas argentinas como Onda Vaga, El Mató A Un Policía Motorizado, El Otro Yo, Boom Boom Kid, Pez, Salta La Banca y La Ola Que Quería Ser Chau. Uno a uno, empezando por Cristian Aldana, empezaron a caer gracias a la valentía de las jóvenes que contaron hechos de abuso.

 

Hasta nunca

A pesar de que Andy Kustnetzoff dijera: “No da juzgar ahora, ya está” luego de que Marixa Balli contara lo que le había pasado, vamos a hacer todo lo contrario. Probablemente se haya referido a que no se puede juzgar a alguien que está muerto porque no puede defenderse. Pero quizá no se trate sólo de juzgar, sino también de advertirles y abrirles los ojos a las jóvenes que están inmersas en una relación violenta. En el caso de que alguna de estas dos situaciones les haya resultado familiar, que tengan la fuerza para pedir ayuda.

En cuanto a los ídolos y músicos escrachados por violadores y abusadores, ni olvido ni perdón. Sabrán que cuando suene algún tema de ellos en algún lugar, no van a generar ningún tipo de empatía, por lo menos en las mujeres que estamos del lado de creerles siempre a las víctimas.

Como twitteó la periodista y feminista Florencia Alcaraz luego de la viralización de las denuncias contra los integrantes de Onda Vaga: “Ayer sonó Ond* Vag* en el barcito en el que estábamos, todas al mismo tiempo cruzamos miradas como flechas y lo dijimos en voz alta, de repente la música cambió. No subestimen nuestros superpoderes femininjas”.

 

1. Licenciada en Comunicación Social

2 comentarios sobre “Chau chau impunidad

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