El kirchnerismo como espectro

Por Cecilia Díaz[i] y Florencia Galzerano[ii]

 

“Soy el pecado que te dió nueva ilusión en el amor
Soy lo prohibido, soy la aventura que llegó para ayudarte a continuar en tu camino, soy ese beso que se da sin que se pueda comentar
Soy ese nombre que jamás fuera de aquí pronunciarás
Soy ese amor que negarás para salvar tu dignidad
Soy lo prohibido”

Joan Manuel Serrat

Ante el espectro kirchnerista entendido como una menesunda de corrupción, intervención del Estado, soberbia, cadenas nacionales, choripanes y Venezuela; hoy es justificada toda acción fascista. Es decir, las medidas represivas, jurídicas y discursivas en torno a la exclusión y por ende, a la negación de la igualdad, a los fines de proteger la representación del propio grupo de pertenencia que no puede definirse de modo unívoco ni estable. Incluso, ciertos analistas y representantes políticos afirman que hasta los despidos masivos, la persecución judicial y la fallida oposición son consecuencia inmediata de la gestión del kirchnerismo.

El 10 de diciembre de 2015 nació el kirchnerismo en su modo espectro. Si, no es un zombie, sino un “cuco” que muchos perciben cerca, merodeando, y otros lo ven lejano e incluso temen que se vuelva un mito. La creación de este espectro no es producto de mentes irracionales, incultas o crédulas sino que es una proyección alimentada por los sectores más politizados y con su función intelectual activa. Indudablemente, sin los medios de comunicación y sus principales oradores, la creación de esta fantasmagoría amenazante no podría ser percibida como tal.

Entre el ocultamiento, la tergiversación y el engaño se escribió esta tragedia política que podría ilustrarse en la tensión enunciada entre el “vamos a volver” y “el no vuelven más”. De este modo se ha ido configurando la exposición de la paradoja representativa: por un lado, la percepción de una posibilidad latente y, por el otro, el imperativo de clausura; sin puntos de encuentro que posibiliten algún tipo de diálogo o consenso.

Sin estar vigente como forma de representación y gramática política, el populismo hoy en Argentina sigue operando como un espectro amenazante construido por el fascismo, que de algún modo configura identidades -o identificaciones- que son reactivas y gritan exclusión.

Resulta inevitable preguntarse ¿cómo hemos llegado hasta acá? ¿Qué ha quedado de la legitimidad popular e institucional de las otras políticas de inclusión -en términos amplios-? ¿Qué ocurre con la proliferación de discursos que no titubean en exigir la represión y el castigo a todo aquello que se presenta como disidente de un orden históricamente desigual en diversos aspectos?

Algunas aproximaciones a la hora de intentar responder este interrogante consisten en señalar la ausencia de un sujeto empoderado que defienda la ampliación de derechos sociales, civiles y políticos del siglo XIX, en tanto pareciera que aún no se auto-perciben como conquistas producto de luchas sostenidas. Tal vez, podríamos preguntarnos por el rol del Estado kirchnerista en el ejercicio del poder verticalista sobre la “partición de lo sensible”, para expresarlo en términos de Rancière.

En este sentido, el mayor logro que el macrismo supo cosechar después de años de siembra, fue la neutralización de la potencia política que el kirchnerismo supo construir en términos disruptivos para su legitimación. Para ello, se valió, fundamentalmente, de la acusación de corrupción y de la banalización de los tópicos discursivos del auto denominado “modelo nacional-popular”.

Por otra parte, y de modo complementario, a las identidades nacional-populares, por lo general, se les exige esencia, horizonte e institucionalidad, sin una mirada que contemple lo complejo de las tradiciones y de los avatares contextuales. Paradojalmente, estas exigencias identitarias no suelen orientarse hacia el macrismo y la existencia o no, del “sujeto M”.

Lo cierto es que muchas de las críticas al kirchnerismo presuponen que la ciudadanía sería como una tabla rasa que en 2003 fue re-inaugurada, como si no pudieran reconocerse imaginarios reaccionarios y conservadores conviviendo con idearios progresistas e igualitarios en las subjetividades que, lejos de ser unívocas, se encuentran atravesadas por tensiones y contradicciones difíciles de horadar y saldar.

En esa dirección, se puede pensar que en la última experiencia peronista, el kirchnerismo se ubicó como vanguardia ética y estética que rompió con el sector más conservador del partido justicialista. De tal forma que propuso en el debate público reformas que, quizás, se adelantaron a la postulación de demandas populares. En esas tensiones irresueltas, podemos encontrar claves de un presente inabordable desde las categorías clásicas.

Ante el terror del espectro, la estrategia discursiva apunta a un nivel más agresivo de lo que podemos identificar como individualismo: se trata de un fascismo aparentemente autoinflingido. Entonces, ¿Hay política democrática cuando el “otro” es un enemigo a extinguir? ¿cuál es el alcance del derecho cuando se reduce lo colectivo?

En ese derrotero, las justificaciones del ajuste ya no quedan en los slogans de gobierno, sino que se encuentran arraigados en el alma del ajustado, con la inestimable colaboración de los actores de poder que, corporativizados trasnacionalmente, conducen y gobiernan la “voluntad general”.

En el mismo sentido, constituiría una irresponsabilidad política ocluir del análisis que el fascismo, como ya han expresado con toda claridad filósofos como Guattari o Deleuze, guarda un estrecho vínculo con los deseos que rizomáticamente atraviesan toda la estructura social, adoptando diversos modos de canalización en función de la hegemonía imperante. Dicho de otro modo: cuando se generan las condiciones históricas, el fascismo encuentra en sus propios “caza fantasmas” su presa para depredar.

[i] Doctora en Comunicación – Docente universitaria

[ii] Licenciada en comunicación social – Docente universitaria

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s