La guerra contra las niñas

Por Gala Kreisler

La muerte de Sheila comenzó cuando un juzgado de familia le quitó la tenencia suya y de sus hermanos a su madre, Yanina, porque no podía hacerse cargo de la manutención. Murió otro poco cuando le tocó ir a vivir a barrio Trujui, San Miguel, un predio usurpado en el que viven más de 50 familias entre basura, ratas y agua contaminada.

Sheila tuvo una muerte violenta, y también tuvo una vida violenta. Los medios hablarán de la similitud con el caso de Candela, la niña de 12 años secuestrada y asesinada el 22 de agosto de 2011 en Hurlingham, cuyo cuerpo fue hallado 9 días después. En 2012 todos los que detenidos que tenía la causa fueron puestos en libertad, dado que se declararon nulos los procedimientos en que se obtuvieron sus confesiones. En 2013 fue asesinado el testigo protegido de identidad reservada. Después de eso, se reabrió la investigación.

El 22 de mayo pasado, el diario La voz[i] publicó que el tribunal que lleva la causa en Morón estableció que la privación ilegal de Candela fue un “ajuste de cuentas contra el padre por algún ilícito que este cometiera”. En esa causa, el padre de Candela declaró que uno de los detenidos trabajaba con la Policía en la venta de estupefacientes, al tiempo que proveía de información a la fuerza.

Una vez más, las fuerzas de seguridad parecen estar involucradas en la tragedia. Los vecinos de Sheila cuestionaron cómo la policía demoró tanto en revisar el predio. Fueron necesarios 150 efectivos y la intervención de las fuerzas de San Miguel, Malvinas Argentinas, José C. Paz y Pilar para buscarla.

Y también los estupefacientes. La hermana del padre de Sheila y la pareja de aquélla habrían confesado que mataron a la niña cuando estaban drogados, que se les fue de las manos la situación. Sin embargo, la declaración aun no es válida, ya que debe efectuarse ante el juez.

Mientras tanto, surgen los interrogantes ¿Por qué siempre son mujeres? ¿Por qué tan pequeñas? La antropóloga argentina Rita Segato, especialista en cuestiones de género, habla de una pedagogía de la crueldad. Se trata de una forma de englobar la violencia generalizada que se inscribe sobre los cuerpos feminizados, ya no como una cuestión privada (de los erróneamente denominados crímenes pasionales) sino como crímenes públicos que responden a una forma de disciplinamiento social.

Sagato desenmascara el entramado social y cultural del sistema capitalista hetero-patriarcal que se sustenta bajo el yugo de la utilización de las mujeres como herramienta de disciplinamiento, prueba de territorialidad y destinataria de una pedagogía de la crueldad, sostenida bajo la asignación de determinadas características al sexo femenino, asociadas a lo privado, lo débil, la víctima. En esta construcción, ¿Qué puede haber más débil que una niña de 10 años, en el caso de Sheila, o de 11, en el caso de Candela?

En la primera mitad del 2018, se registraron 139 femicidios. De éstos, el 18% eran menores de 18 años, y de ellas 13 son menores de 11. Cada día se reciben 670 denuncias por violencia de género y una mujer es asesinada cada 24 horas.[ii] El 5 de julio de este año se aprobó la Ley Brisa, que otorga una reparación económica a los hijos e hijas de mujeres víctimas de femicidio. Cuando las niñas son las muertas ¿Quién se atreve a hablar de reparación?

 

 

 

[i] http://www.lavoz.com.ar/sucesos/caso-candela-la-justicia-revela-por-primera-vez-que-le-paso-la-nina

[ii] Según las cifras del Observatorio de Femicidios del Defensor del Pueblo de la Nación

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