Clics Modernos: el tiempo está después

Por Cristian Secul Giusti[1]

El álbum Clics Modernos se editó el 5 de noviembre de 1983 y fue presentado en el Luna Park el día 22 de diciembre del mismo año, ya en democracia y a doce días de la asunción presidencial de Raúl Alfonsín. El disco, novedoso y “pop”, significó un corte abrupto con el estilo lírico y musical que venía cultivando Charly García en sus súper-grupos anteriores (Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Giran) e incluso en su disco de 1982, Yendo de la cama al Living.

Desde ese plano, la producción de Clics Modernos se destacó por inaugurar una etapa de maduración sonora, gráfica e icónica en la cultura rock, y también por alcanzar una noción de novedad pocas veces vista y oída en el terreno del rock argentino. Con esta obra, el histórico bicolor invitó al baile y conjugó música y poética sin perder de vista el advenimiento democrático y la reconstrucción social posterior, luego del terrorismo de Estado sufrido entre los años 1976 y 1983.

Clics Modernos se vendió, se bailó y se escuchó, pero también recibió críticas por contener una propuesta lírica y musical que invitaba a la diversión. Ese cambio significó un insulto para los militantes más añejos del movimiento rockero argentino. Quienes en otras épocas habían encontrado en García una vía de escape ante la tremenda realidad dictatorial que se vivía, no podían entender lo que significaban sus nuevas expresiones a poco de iniciarse el periodo democrático.

En sintonía con la iniciativa de transformación, Charly adquirió renovadas formas estéticas de concebir el relato lírico de la realidad, alejándose de las aristas cuasi cuentísticas que había desarrollado en sus agrupaciones previas. Como sostiene el periodista Eduardo Berti, García pasó del famoso  “Había una vez…” de “Música de fondo para cualquier fiesta animada” (Sui Generis, 1974) o el “Quiero contarles una buena historia…” de “Peperina”, (Seru Giran, 1981) a una narrativa más breve, rupturista y concisa.

No obstante, y a pesar de las críticas, Charly no se quedó de brazos cruzados y explicó detalladamente su recalibrada intención artística: “Yo pasé por etapas de testimoniar cosas, de experimentar para mí y que el público se te aleje. Cuando yo traje Clics acá fui hipercriticado, decían que me había vendido. Lo que yo consideraba que era mi obra maestra recibía unas críticas horribles,  un bajón. Antes todo estaba muy dividido, o eras roquero, o eras comercial, o eras escritor. El rock era demasiado dogmático. A mí se me criticaba al principio porque bailaba en el escenario”.

En este sentido, Clics Modernos sirvió para destapar una olla latente que integraba a la corriente underground del rock argentino pre-democrático. Esta usina pujante y conformada en los márgenes de las grandes plataformas de la cultura oficial y también del propio escenario del rock más masivo, no mostraba intenciones de rendirle tributo al pasado y pretendía integrarse a la cultura de masas, con las ventajas y los problemas del caso. De esta manera, salieron a la luz bandas con nuevos objetivos que en poco tiempo fueron partícipes elementales de la historia del rock argentino: Virus, Soda Stereo, GIT, Zas, Los Twist y Los Abuelos de la Nada, entre otros.

El cambio de paradigma sonoro y de estilo artístico de estas bandas no puede pensarse sin la presencia de Clics Modernos. Esas canciones de Charly sirvieron de sostén para profundizar las búsquedas “modernas” de esos artistas mencionados. De hecho, los nueve temas que contiene la obra, subrayan las problemáticas acontecidas en tiempos de dictadura  y enfatizan una crítica en clave bailable y también reflexiva. Por ejemplo, “Los dinosaurios” focaliza la mirada en la tragedia de las desapariciones; “Plateado sobre plateado” destaca la situación crítica del exilio;  “Nos siguen pegando abajo” y “No me dejan salir”, exhiben una situación de opresión y de asfixia con la complicidad del baile como excepción y regla; “Nuevos Trapos”, “No soy un extraño” y “Bancate ese defecto” activan la reflexión en torno a la recomposición social en democracia (revisión de prejuicios, mediante); “Transas” puntualiza en el rol del rock argentino en ese nuevo tiempo; y “Ojos de videotape” marca la amargura de los residuos dictatoriales, enfrascados en el aislamiento y la resignación.

A 35 años de su edición, el álbum se renueva constantemente como obra fundamental del rock argentino y se resignifica con las disputas de sentido, no solo por la presencia de hits memorables, sino también porque pone en evidencia prácticas de vida y situaciones propias de la realidad argentina, en el punto de pasaje entre el régimen dictatorial y el consiguiente acceso a un Estado de derecho.
En esos términos, sirve pensar a esta obra como un testimonio de época y, asimismo, como una producción artística que expone la precariedad y los vaivenes de la convivencia democrática actual, tan desafiante y también tan oscilante y atravesada por discursos conservadores que aún circulan con fuerza. El disco es un cachetazo al vicio de “mirar a la pared” y es una afrenta ferviente contra todo lo que se construye como ya dado, dicho, señalado, reparado.

Clics Modernos es incertidumbre, expectativa, celebración y tono inclaudicable que cruza las fronteras de los huracanes, aún cuando todo parece complejo, aún cuando las inquietudes se tornan imperantes y no parecen querer doblegarse. En ese escenario, el rey de la cruz del sur levanta las manos y nos dice “Están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal” y acto seguido, grita: “Tengo que confiar en mí amor”. Superior, encadenante y transformador, el disco abraza una teoría poética de riesgo que lanza música y verbo con el propósito de conmover las íntimas raíces de la dinámica existencial. No es un paseo enunciativo que se guarda en el cajón ni tampoco un sonido que sólo retumba en el aire. Es, más bien, un pronunciamiento que vive y gruñe en cada lectura, en cada escucha, en cada cuadro de vida.

[1] Dr. en Comunicación – Docente (FPyCS-UNLP). Twitter: @cristianseculg

 

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