El patriarcado se suicidó

Por Guadalupe Mercado

El cuerpo del director teatral Omar Pacheco fue encontrado el domingo a las 15:30, colgado de la parrilla de luces de una de las salas de su local, y todo los elementos de la escena apuntan a un suicidio. Hay un dato no menor: el pasado viernes 2 de noviembre, en la puerta de la sala teatral “La otra orilla”, ubicada en Balvanera, se realizó un escrache contra él por abuso sexual.

Según lo declarado por la policía, no hay registro de denuncias formales por delitos sexuales contra Pacheco en el ámbito de la Ciudad, pero hay algo más allá de esto: numerosas violencias que permanecían ocultas. Ha llegado el momento de creerles por primera vez a las mujeres, incluso por sobre una denuncia en la comisaría, urge hacer el esfuerzo de ejercitar la empatía para con las mujeres y su lucha.

La denuncia

El viernes anterior al acontecimiento, Mariana Pizarro, integrante del Grupo Teatro Inestable del Teatro La Otra Orilla, escribió a través de Facebook una denuncia en contra de Pacheco. Mariana relata en su comentario que formaba parte de la agrupación junto con otras mujeres desde hacía 5 años. La denunciante comentaba que todas sufrían “todo tipo de violencias de género, entre ellas abuso y manipulación sistemática por parte de quien era docente y director”. El grupo de teatro estaba compuesto en su mayoría por mujeres, pero también había una minoría masculina, quienes mencionaban en la denuncia pública que Pacheco había construido el método del Teatro Inestable en las bases de la “verdad, equidad, compañerismo, confianza implacable, respeto, libertad, humanidad”. Valores que él mismo se había encargado de pisotear constantemente con su doble discurso y su hipocresía.

El director teatral ejercía constantemente abuso de poder sobre sus alumnxs. Como detallan en los testimonios, había clases en las que el ejercicio consistía en tirarse al suelo, con la luz apagada, para conseguir un mayor estímulo sonoro y olfativo; pero que, en muchas ocasiones, Pacheco veía en esto una oportunidad para manosear y manipular corporalmente a sus alumnas.

Omar Pacheco “construía relaciones sexo-afectivas con sus alumnas, imprimiéndole su posesión enfermiza en el completo ocultamiento, ya que la no vinculación extra profesional era para él un requisito excluyente para ser parte del proyecto”.

El abuso que ejercía este hombre era también de carácter económico. Obligaba a sus alumnxs a seguir las obras de teatro en condiciones insalubres con cansancio, enfermedad y descompuestxs. La filosofía que predicaba este hombre era que aún cuando no se pudiese se debía seguir la obra, porque era un deber ético y moral. La cuota mensual al teatro debía pagarse igual, aunque su trabajo en la obra no fuese remunerado, porque estar ahí era un privilegio y ellxs debían estar agradecidxs. Reclamar viáticos era consecuencia de ser, posteriormente, señaladx como mercantilista. La explotación económica también giraba entorno al armado y desarmado de escenografías, limpieza del teatro, y mantenimiento del mismo, garantizado de la compra de insumos y materiales.

El escrache, del cual circulan videos en la red se llevó a cabo el mismo viernes en la puerta del teatro. Las personas que estaban presentes exclamaban que a Pacheco se le había terminado secta, que ahora era momento de trabajar. En el transcurso de la noche del día sábado el entorno de Omar Pacheco percibió su ausencia y comenzó una búsqueda para dar con su paradero, lo que finalmente sucedió el domingo por la tarde.

La lista

Es preciso entender que, en un establecimiento de estas características, en el que lxs artistas van a desenvolver y liberar su arte, este hombre se aprovechó de su posición de poder. La bandera de la expresividad y exposición física era levantada por un psicópata. Hoy es este nombre, pero no se debe caer en la singularidad. Se trata de solo un caso entre una lista interminable, de la que muchos no salieron a la luz, pero que no tardarán mucho tiempo más en ser juzgados por ésta sociedad de mujeres que, aunque le falta mucho, no se calla más y está aprendiendo a tirar el patriarcado.

Tan sólo por mencionar un caso similar, está presente la historia de Benny Fredriksson actor y director de teatro sueco, que el 17 de marzo de este año se suicidó. Fredriksson era el director del centro de arte y cultura más importante de Estocolmo, Kulturhuset Stadsteatern. El suicidio, según la esposa del actor, fue provocado por una fuerte depresión causada por las graves acusaciones de acoso. Éstas se dieron a conocer a través del movimiento “me too”, que ha significado un seísmo que animó a miles de mujeres anónimas a contar sus propios casos de abusos, el caso dio la vuelta al mundo y Benny no pudo escapar de él.

Las declaraciones contra este director iban desde las que lo consideraban un “caprichoso dictador”, hasta las que lo acusaban de abuso sexual y acosar a sus empleadas. Al igual que en el caso de Pacheco, el conjunto de sus empleadxs era sometido a la cultura del miedo y acoso que ejercía este hombre bajo su fuerte figura de líder. Benny obligó a una de sus empleadas a elegir entre abortar o seguir con el papel que había obtenido, creyéndose dueño del cuerpo de lxs demás también pidió a varias de sus actrices ensayar desnudas, a la vez que protegía a los hombres de acusaciones de abuso.

Este caso es muy similar al que acaba de suceder hace unos días en nuestro país. El dominio, el ejercicio desmedido del poder por sobre las mujeres, el encubrimiento a la orden del día, sumado a un fuerte sentimiento de posesión de la vida y el trabajo de la mujer hacen un combo letal. Ambos tenían el mismo puesto de trabajo ambos explotaron a sus alumnas y empleadas, ambos ejercieron el poder patriarcal en su máxima expresión, que subsume la voluntad de la mujer y la releva a la simple categoría de cosa. Ambos fueron denunciados y por temor al desprestigio público se suicidaron; el poder de la voz de las mujeres caló hondo en estos hombres y son antecedentes claros de que la unión rompe la cultura del ocultamiento del acoso y machismo que aún sobrevive.

Con respecto a Omar Pacheco, una vez más, se destaca la valentía de las mujeres luchadoras que se animaron a denunciarlo y escracharlo públicamente. El patriarcado no se está cayendo, lo están tirando las mujeres y disidencias, que a través de su unión hacen temblar las bases de privilegios de este orden que las reprime.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s