El trabajo en las economías de plataformas

Por Joaquín Consiglio[i]

Desempleada y con un hijo a su cargo, María encontró en la aplicación Rappi una oportunidad laboral y se registró. Al tiempo, participó de la capacitación que ofrece la empresa, donde le explicaron, junto a decenas de otros jóvenes, que tendrían a su disposición un pedido cada tres minutos que no excedería el radio de tres kilómetros de su ubicación, y que les facilitarían por la aplicación toda la información sobre los comercios adheridos. Además, solapadamente les informaron que tendrían que inscribirse en el monotributo y que deberían facturarle a los clientes, no a la empresa Rappi. Para estos trámites existe una empresa dedicada a facilitar la facturación, que cobra el servicio a lxs trabajadorxs.

Un accidente sobre la bicisenda y un asalto que la dejó sin la bici, su instrumento de trabajo, fueron algunos de los problemas con que María se encontró. Después vino una actualización de la app que permitió el bloqueo de lxs trabajadorxs por rechazar o soltar pedidos, y la creación de una tasa de aceptación para castigar estas conductas. A María la bloquearon después de asistir a la oficina de la empresa a preguntar por qué habían cambiado las condiciones del trabajo, “las cosas cambian y te tenés que adaptar” le espetó el representante. “Íbamos a ser nuestros propios jefes. Íbamos a ser totalmente libres” dijo con dolor ante la realidad de una empresa que controla y sanciona como cualquier otra, pero que se desentiende de la seguridad y los riesgos. Ahí le cayó la ficha, y María es hoy la secretaria adjunta de la Asociación de Personal de Plataformas.

Entre grupos de WhatsApp y encuentros en las plazas en donde esperan los pedidos comenzó la organización del proletariado de las plataformas. Así se fue tejiendo la primera medida de fuerza del colectivo de trabajadorxs: un paro en el horario pico del domingo 15 julio. “Nosotros somos los que movemos la aplicación” fue el mensaje que le enviaron a las empresas. A partir de esa huelga fundante, la actividad sindical se desplegó para reclamar un salario mínimo, protección contra riesgos y limitación a las sanciones.

Roger Rojas, el secretario general de la APP, es un abogado venezolano que llegó al país hace ocho meses y encontró en las plataformas un medio de vida. En la Facultad de Derecho, dio un cuadro de la situación que se está viviendo: quienes ingresan a trabajar por medio de las aplicaciones encuentran un mes de prosperidad en el cual con ocho horas de trabajo pueden superar un ingreso mensual de $20.000 pero después los algoritmos cambian y quien trabajaba 8 horas pasa a hacerlo durante 10 horas, hasta llegar a estar atento a los pedidos durante 16 horas los 7 días de la semana. “Se rompieron los límites del Derecho del Trabajo, los horarios y los días libres”.

Además, ante la ausencia tanto de la empresa como del Estado ante los accidentes, el sindicato desarrolló un esquema de solidaridad para cubrir algunos riesgos. No es poco, ya que Rojas denunció que registran al menos un robo y un accidente de tránsito cada día. Por eso, destacó que es fundamental la herramienta del sindicato. Como en el siglo XIX, la lucha sindical no se escinde de la solidaridad entre trabajadorxs para sostener las condiciones de vida.

Otra de las expositoras fue la periodista Estefanía Pozzo, quien un día antes de la actividad había recibido un ejemplar de El capitalismo de plataformas de Nick Srnicek (Caja Negra Editora). Siguiendo al autor, describió cómo funciona este estadío del capitalismo, en el que, mediante datos y algoritmos, se definen las relaciones humanas, y en particular las laborales, ya que son empresas las que centralizan los datos.

En primer lugar, Pozzo señaló que se trata de infraestructuras digitales que se posicionan como intermediarias y permiten la interacción de dos sujetos. Una característica de las plataformas es que producen y dependen de los datos, por lo tanto, cuanta mayor cantidad de datos de personas controlan, mejor funcionan. En el mismo sentido, realizan subvenciones cruzadas: en el caso de Rappi puso como ejemplo que el ingreso que percibe por el servicio de facturación de los trabajadorxs podría servir para sostener bajos los precios del servicio de reparto. Por último, las plataformas resultan atractivas para distintos públicos, tanto para usuarixs como para trabajadorxs.

A partir de esta conceptualización, Pozzo alertó acerca de las tendencias a la monopolización de las plataformas y la opacidad de la programación que utilizan. A su vez, destacó la necesidad de una legislación laboral que contemple esta realidad: no puede ser que estas relaciones laborales queden encuadradas en el sistema del monotributo, que tiene otros fines en nuestro país. En particular, la periodista hizo un curioso señalamiento sobre el peligro de la alianza del poder político toda vez que durante el gobierno de Cambiemos, mientras crece la inscripción a monotributo y se destruye el trabajo registrado en relación de dependencia, estos datos se utilizan para sostener un discurso de crecimiento del empleo que es totalmente falaz.

El último expositor fue el abogado laboralista y asesor de la APP, Juan Manuel Ottaviano, que partió de la idea de “ser tu propio jefe”. La diferencia que significa ser jefe es la posibilidad de organizar tu tiempo y tomar determinadas decisiones, por ejemplo, rechazar un trabajo. Por lo tanto, el relato de lxs trabajadorxs deja en claro que no se trata más que de una ilusión, mientras en la realidad se da la fórmula “dale todo el poder de decisión al jefe”, en el que la organización de la vida de lxs trabajadorx depende de la herramienta tecnológica. Ottaviano reflexionó acerca de los grandes avances tecnológicos de la humanidad, entre ellos la creación del mundo digital, y consideró inevitable la llegada de la organización del trabajo mediante un algoritmo.

Ahora bien, en un auditorio repleto de estudiantes de abogacía, Ottaviano repasó los caracteres del trabajo dependiente y de la subordinación: la dependencia técnica, jurídica y económica y la ajenidad del mercado. No hay dudas de que en el trabajo de las plataformas es el algoritmo el que determina a quiénes asigna los trabajos, en qué horarios y con qué precios. ¿Qué decisión tomarían lxs trabajadorxs? Absolutamente ninguna. Sin embargo, destacó la dificultad de comprender esta situación desde el pensamiento jurídico.

Ante esta situación, el abogado laboralista planteó la pregunta de si hay que adaptar regulaciones existentes o bien si es conveniente dejar estas relaciones “a la buena de Dios, a la buena del Mercado o a la buena de la Tecnología”. Asimismo, advirtió que todas las propuestas de flexibilización laboral que promueve el neoliberalismo tienen aspectos comunes con la flexibilidad que de hecho logra el desarrollo tecnológico. Por lo tanto, al pensar en un camino intermedio entre la desregulación total y una regulación de las relaciones laborales de plataformas, Ottaviano apeló a la imaginación para crear nuevas maneras que permitan garantizar derechos básicos, como salario fijo, jornada limitada, seguridad social y protección ante riesgos, pero con el cuidado de no generar segundas categorías de trabajadores a partir del acceso a distintos mercados de trabajo, lo cual podría institucionalizar la precarización.

[i] Abogado laboralista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s