Zapatito blanco, zapatito azul

Por Octavio Contini

 

Siempre que alguna persona o grupo de personas, en “la calle”, redes sociales, o medios de comunicación masivos, hace alguna crítica al sistema imperante, muchos defensores del capitalismo se amontonan para denunciar, marcar, y señalar distintos tipos de contradicciones en ese o esos sujetos disidentes. Ni hablar si, de entrada, quienes hacen la crítica, se presentan como “zurdos”, “marxistas” u otro tipo de definiciones. Sin duda, en estos casos, a la derecha se le hace agua la boca.

Esta vez le tocó a Juan Grabois, referente y fundador del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) quien lanzó su espacio política llamado Patria Grande y a los pocos días sufrió el ataque del ejército de la ideología dominante.

Todo comenzó con una publicación de Grabois a través de su cuenta de Twitter, en la que convocó a una protesta el día Lunes 29 de Octubre contra la empresa Nike. En ese posteo, el dirigente señaló que la corporación “esclaviza a los costureros en la confección de sus prendas e ‘incentiva’ a magistrados argentinos para que persigan a los vendedores ambulantes por distribuir imitaciones”.

Por lo que se advierte, a Nike no le gusta el trabajo informal, a menos que juegue a su favor y que sea para su producción. Tanto es así, que acusa a los vendedores ambulantes de “competencia desleal” y solicita a las autoridades intervención policial y jurídica directa para apartar del mercado a esta “gran amenaza” contra su aparato productivo y comercial (que factura millones por segundo  sostenido por la esclavitud a la que somete a gran cantidad de marginados a nivel internacional).

¿Qué es lo que hicieron para descalificar su postura y su posición política? Lo que hacen con cualquier persona que critica el Orden Económico existente: señalan su consumo personal, lo que come, toma, viste, o tan sólo usa. Por este motivo, distintas cuentas falsas de twitter comenzaron a publicar fotos de Grabois en la que se veía que llevaba puestas zapatillas marca Nike. Seguidamente, los medios hegemónicos se hicieron eco de la llamada “Gran Contradicción”.

Esta situación pone en tensión ciertas consideraciones. En principio, una cosa no quita o justifica a la otra, ni tampoco al capitalismo solo puede atacárselo estando “fuera del sistema”. Asimismo, la disputa por la coherencia no puede ser defendida por sectores que no tienen una línea de conducta intachable y tampoco se puede decir que esa supuesta contradicción tuviese que ver con una verdadera identidad del propio Grabois. En esos términos, se señala que Grabois sostiene un discurso izquierdista para ganar adeptos y con el objeto de disfrutar del consumismo capitalista. El argumento, como se ve, busca colocar al pensamiento de izquierda y/o popular como testimonial, imposible, alejado, irreal, incoherente, caprichoso, infantil.

El ataque mediático y de trolls en redes tiene como finalidad el desprestigio de la figura personal y política de Juan Grabois, y también pretende demostrar por qué esto no se trata de una contradicción, aunque el sentido común parecería indicar que sí.

Basándonos en algunos postulados de Karl Marx podríamos explicar la consistencia de la crítica de Juan Grabois a la empresa Nike. Las fases con las que Marx define La Economía y también cualquier proceso productivo: Producción, Distribución, Intercambio, y Consumo. Si bien parecen categorías distintas entre sí, Marx dice que el sistema mismo, “produce” estas cuatro fases. La producción misma, como primer nivel, está presente en todas las instancias: se produce una manera de producir, se produce la distribución o una manera de distribuir, se produce el intercambio o una manera de intercambiar, y se produce el consumo o una manera de consumir. El principio, el fundamento esencial, es la producción misma, sea de lo que sea.

¿A qué vamos con esto? El argumento de Grabois no solo es verdadero, sino coherente y correcto. Lo que el dirigente ataca de la empresa en cuestión no es su producto, sino lo esencial, la manera en que produce: esclavizando y condenando a la informalidad laboral a un montón de gente que tiene trabajando para sí. Con el agregado de una falsa moral, que se expresa cuando la empresa “se molesta” cuando trabajadores ambulantes fabrican y venden sus productos de imitación.

La lógica del sentido común dictamina que, como cualquier consumidor en un mundo capitalista, un individuo que está en contra de determinada empresa no debería consumir su producto, optando por consumir, en su lugar, otro. El conocimiento, tal vez un poco vulgar del pensamiento anticapitalista, hace que muchos proclamen que para estar en contra no hay que consumir, para no llenar las arcas de las grandes corporaciones.

Sin embargo, Grabois no se deja engañar. Sabe que esto es simplemente una campaña de desprestigio contra su figura y contra la corriente popular y su pensamiento. Lejos de buscar tener sustento y consistencia argumental, estas campañas buscan el impacto mediático, amparándose en la presencia e incidencia de los grandes medios de comunicación, que desacreditan no sólo políticas, sino también formas de pensamiento disidentes. Así, la maquinaria discursiva busca consolidar, sostener y re-consolidar una única manera de pensar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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