La voz de la docencia

Por Dámaris Rolón Chazarreta[i]

Un año atrás nos enterábamos por los medios de comunicación que el actual gobierno de la Ciudad planeaba sacar un proyecto de ley que implicaba la expresa disolución de los 29 institutos de formación docente de la Ciudad de Buenos Aires para la creación de la Universidad docente o UniCABA (proyecto de ley nacido en el seno del bloque de Vamos Juntos). Las comunidades educativas jamás fueron invitadas a debatir sobre esto o siquiera fueron avisadas.

Sus impulsores, desde un comienzo, fueron la Ministra de educación Soledad Acuña y el ministro Maximiliano Ferraro, de la mano de Horacio Rodríguez Larreta. Este primer proyecto explicitaba que los 29 institutos pasarían a ser ahora una sola universidad, ignorando múltiples factores, entre ellos la identidad y la autonomía institucional, el hecho de que algunos son institutos sean centenarios, y los docentes que se quedarían sin empleo, entre otras cuestiones.

La reacción por parte de los estudiantes, docentes y rectores no se hizo esperar: desde el mes de diciembre del año pasado comenzaron las marchas, semaforazos y abrazos simbólicos a las instituciones. La voz docente se alzaba una vez más y la idea de que los institutos se cerrarían definitivamente terminó afectando a la imagen del gobierno, que decidió dar marcha atrás con la votación y aprobación de su proyecto y, posteriormente, optó por modificarlo en algunos aspectos.

Luego de unos meses se dio a conocer el segundo proyecto de la UniCABA, en el cual se planteaba la coexistencia de la universidad con los 29 institutos docentes. Ahí la comunidad educativa se dio cuenta del plan nefasto que el gobierno de la Ciudad tenía en mente: desfinanciar a los profesorados para financiar su universidad docente. En los primeros artículos del segundo proyecto de ley se hablaba de posgrados pagos (los cuales son gratuitos en los I.F.D.) y de articulación con los terciarios, sin embargo, luego de unos minutos más de lectura, aparece la expresa declaración de que la universidad docente también dictará carreras de grado, planteando una desleal competencia con los profesorados (¿Por qué desleal? Porque los terciarios, así como su nombre lo dice, entregan títulos terciarios, pero las universidades otorgan títulos universitarios).

Gracias a los 36 votos de Vamos Juntos, los profesorados están condenados a una inminente desaparición. El día de ayer el gobierno en soledad logró aprobar una ley que no cuenta con el apoyo de ningún bloque opositor, ni de estudiantes, ni docentes, ni rectores ni de ningún especialista en educación. Incluso los especialistas en educación que el gobierno convocó no dieron el visto bueno del proyecto por calificarlo como falto de pedagogía.

Antidemocrática desde sus comienzos

Para entender este proyecto es importante tener en cuenta las siguientes potencialidades: detrás de su autoritarismo podría esconderse el negocio inmobiliario del Jefe de Gobierno porteño. Asimismo, los terrenos de los actuales institutos tendrían el mismo fin que los de los hospitales que Larreta pretendería cerrar para poder vender a empresas privadas. Otro negocio que se esconde detrás de esta falacia sería la venta de plataformas virtuales por parte de editoriales como Santillana (de la cual fue CEO Diego Meriño, el autor intelectual del proyecto UniCABA), mediante las cuales se buscaría hacer menguar la imagen del docente, siendo el gobierno quien elija qué temas deberían darse y cuáles no.

Otra razón por la cual este proyecto resulta perjudicial es que la elección de quién ocupe el cargo del Rector estará a cargo del Poder Ejecutivo, ignorando el hecho de que en todos los profesorados lxs rectorxs son elegidxs de forma directa por les estudiantes. Una vez más vemos que lo que el gobierno quiere no es jerarquizar (para lo cual se necesitaría de un mayor presupuesto para educación), sino ajustar y recortar en la educación pública y, además, controlar y eliminar las voces disidentes.

Por otra parte, el gobierno estableció que los profesorados sufrirán una evaluación (de la cual no se sabe mucho, al igual que el resto del proyecto). Ahora bien, ¿quién establecerá los estándares que se utilizarán? Hace un tiempo, las instituciones privadas (en representación de la Iglesia, ya que la mayoría son católicos) expresaron su repudio a la ley, y su apoyo a los 29 profesorados. Sin embargo, un día antes de la votación, la Iglesia decidió quitarles el apoyo a los terciarios a cambio de beneficios para sus propias casas de estudios y el parte de la evaluación a los terciarios, participando en la conformación de los estándares que deberían alcanzar. Así, la Iglesia se corrompe para reproducir el discurso de los más fuertes y complicar aún más la marcha hacia un Estado y una educación laicas.

Como actual alumna de uno de los 29 profesorados de la Ciudad, el I.S.P. “Dr. Joaquín V. González”, puedo dar fe de la excelencia con la que nos desempeñamos en los terciarios, lejos del tan famoso prejuicio de que en los terciarios se estudia menos (razón por la cual se cree que la creación de una Universidad jerarquizaría a los futuros docentes). El “Joaquín” (como comúnmente se lo conoce) cuenta con miles de estudiantes y más de veinte carreras, además de ser pionero en materia de formación docente, ya que cuenta con una historia que nos remite a comienzos del siglo pasado, cuando se gestó a partir de las quejas de los estudiantes secundarios hacia sus docentes academicistas.

El reclamo de los alumnos (entre ellos el Sr. Joaquín Víctor González) de colegios secundarios nacionales estaba basado en que los profesores que enseñaban en las universidades no podían ser los mismos que enseñaban en los secundarios. He allí el origen de los institutos de formación docente. Desde un comienzo, los profesorados tuvieron un fin diferente al de la universidad, porque allí se preparan docentes, personas que están preparadas para transmitir conocimiento. En los terciarios no se estudia menos que en las universidades, y en algunos se realizan investigaciones. Es por esto mismo que las comunidades educativas no se oponen a un título universitario. Se ha llegado a la conclusión de que la formación docente necesita repensarse, pero está claro que imponer una universidad, antidemocrática desde sus comienzos y sin ningún fundamento sólido, no es el camino. Este gobierno ha puesto en marcha lo que ya fue intentado mucho antes: lograr que el docente sea un mero ejecutor del conocimiento y de medidas impulsadas por aquellos que definen las políticas educativas.

Lo que les molesta no es la voz del docente que, como hasta ahora, trabaja largas jornadas en distintas escuelas en condiciones de hacinamiento, lleva los materiales para sus alumnos (desde biromes hasta ropa y alimentos), cobra un salario miserable y es ejecutor de políticas educativas neoliberales de ajuste. La voz que les molesta es la del docente que lucha, porque el docente que lucha enseña a que no hay que quedarse callado ante las injusticias, a ver que las políticas liberales terminan afectando al pueblo, enseña a pensar críticamente y a recordar, porque el docente que lucha sabe de la importancia de la memoria. Y esto último es lo que tanto molesta a quienes gobiernan y quieren que los docentes sean vistos como vagos, como reaccionarios a todo, como gente que no se preparó, con el fin último de desprestigiarlos. No conviene, entonces, que la voz docente se alce, porque son quienes están formando a los ciudadanos del mañana, ciudadanos pensantes y críticos, no funcionales a los intereses de esta clase dirigente.

Sin embargo, ahí están. Al mediodía se los ve salir de una escuela corriendo a otra, llevan un bolso pesado donde están las pruebas que corrigieron en sus casas, las lapiceras para esos alumnos que nunca tienen, la plata para ese alumno que no tiene para comprar algo para comer en el recreo, las planificaciones que tardaron un mes de sus vacaciones en terminar. Y no se rinden. En la televisión sale una dirigente diciendo que “los docentes trabajan cuatro horas” y al otro día sale otra dirigente desprestigiándolos y haciendo saber que está aplicando “mano dura” con ellos. Aún así no se rinden.

Nunca se habla de que el tipo de jerarquización sobre la que hay que trabajar es la mejora de los salarios, de las condiciones laborales y el oír los reclamos, lejos de la creación de una Universidad que se impone para controlarlos. Pero mientras tanto, elles siguen enseñando Porque el docente que da batalla enseña que rendirse nunca es una opción. Por eso, por todas las veces que quisieron imponernos algo y reaccionamos, porque docente que lucha también enseña es que decimos: luche, docente, luche.

[i] Estudiante del profesorado de inglés ISP Dr. Joaquín V. Gonzáles

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s