Los periodistas que se mueren por reinar

Por Lionel Pastelof

Hace algunas semanas, las reseñas negativas de la película sobre Freddie Mercury aparecían amenazantes en el horizonte, dispuestas a arruinar un esperadísimo estreno. Sin embargo, quedaron a un lado, casi causando risa. El conocido sitio Rotten Tomatoes exhibía un 49 % de aprobación en los primeros momentos, dejando pocas esperanzas a la posibilidad de un buen film. Esa cifra contrastaba con una enorme aceptación de la audiencia. Hoy, el porcentaje otorgado por la web creció hasta el 63 % y la aclamación popular trepa al 92 %.

¿Qué componentes hacen que el juicio de los especialistas se torne irrelevante? Los factores pueden ser varios:

Primero, el carisma inigualable del cantante. Su ángel cautivó a millones y dejó grabado un recuerdo imborrable a base su increíble voz. Nadie que lo haya visto en vivo pudo olvidarlo.

Segundo, las canciones. Linkean inmediatamente con recuerdos, vivencias. Su música ha sido la banda de sonido de varias generaciones y está cuidadosamente adosada a remembranzas felices. Por razones imposibles de precisar, se repite eso en una incontable cantidad de casos.

Tercero, la tragedia. Un músico lleno de talento, que saboreó el éxito, cayó, se levantó y luego tuvo una muerte heroica. Se fue consumiendo de a poco, pero dio más de lo que podía. Sólo por dejar un legado mayor. Si bien eso no aparece en el film, forma parte de su leyenda.

Quienes se inclinaron por arrojar basura sobre la cinta, se centraron en algunos puntos en común. Señalaron que los excesos de Mercury, así como su enfermedad, estuvieron poco retratados (o bien “de forma light”). Está claro que la búsqueda fue por ese lado pero… ¿es eso algo necesariamente malo? Se trata de la biopic de un artista y hubo que descartar bastante de su obra. ¿Cuánto más había que excluir de entre sus creaciones para darle lugar al  morbo?. Algunas objeciones parecieron antojadizas, ya que reclamaban algo prácticamente basado en aventuras sexuales y agonía.

Otros de los que alzaron sus voces reclamaron imprecisiones en la cronología adoptada por la historia.

El guión se permitió varios “errores” o “modificaciones” (algunos justificados, otros no) y generó cierto recelo en los fans. Que los conocedores del género se quejaran por esto, sonó a excesivo recelo.

En Argentina, a diferencia de lo ocurrido en la mayoría de grandes medios del exterior, las evaluaciones fueron mayormente positivas. Influye, tal vez, una dosis de amor que Queen siempre ha sabido cosechar en esta parte del planeta. Sin embargo, persistió la tendencia de un público mucho más entusiasmado que la prensa: en las primeras semanas la cinta fue imbatible.

El suceso ha permitido que el largometraje se desdoblara, habilitando la versión en IMAX y hasta la “sing along”, que viene con subtítulos para cantar. No caben dudas que esas funciones estarán colmadas de gente cantando, los que se sumarán a quienes aplaudieron al final de la mayoría de proyecciones. Es el resultado inequívoco de un término empleado en algunos medios estadounidenses que lo resume todo. Se trata de una obra “Critic-proof” (a prueba de críticos), tal como lo fue el grupo en sus 47 años de existencia. Los que la música unió, ningún periodista lo separa.

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