Apps: la disputa por el trabajo

Por Agostína Díaz[i]

En las políticas de empleo desarrolladas por parte del estado y la posición del mercado en la generación del mismo, se dirimen las formas desde donde se tomará la noción de trabajo, y así las diversas maneras de actuar sobre el desempleo. El tema de fondo aquí es la forma en la que las sociedades abordan las cuestiones laborales.

Si hablamos de empleo y desempleo, puntualmente con la premisa de que el pleno empleo generado únicamente por el mercado es imposible (lo desarrollaremos más adelante), se nos presentan al menos dos interrogantes que van a definir lo que se puede postular como la disputa principal entorno a la cuestión que nos interesa: El trabajo.

¿Presentamos el desempleo como una falla estructural en el capitalismo moderno y respondemos con la necesidad de actuar por medio de la generación de empleo, o lo interpretamos como una condición necesaria en el neoliberalismo para desarrollar nuevas formas de empleabilidad? En el medio siempre está el Estado.

Diversos autores clásicos como Marx, Weber y Durkheim abordaron el concepto del trabajo partiendo de las relaciones dinámicas del proceso de industrialización inglés de finales del siglo XVII. Más allá de los paradigmas en los cuales se sostenían, el trabajo era interpretado como un hecho social central y por eso desarrollaron una dinámica de pensamiento situada desde “la sociedad del trabajo” (Offe,1992)[1].

Con el liberalismo, tuvo lugar la construcción de un ideario que refleja la concepción unitaria del trabajo como factor de creación y aumento de riqueza. Aquí comienza la disputa[2].

Adentrándonos en el siglo XX, con el ascenso de la socialdemocracia y el estado de providencia, el trabajo se convierte en empleo y se constituye como el centro desde donde se distribuyen los ingresos, derechos y protecciones sociales[3].

Ya en los setenta, la idea de trabajo vuelve a cuestionarse y comienza a transformarse radicalmente a causa de una serie de sucesos que afectan al mundo laboral: desocupación, precarización de la fuerza de trabajo y una crisis en el estado de providencia que afecta a todas las instituciones de protección social.

Se desarrolla, entonces, un fenómeno de importancia en la disputa por el concepto de trabajo, basado en las transformaciones neoliberales en las estructuras productivas y en las modalidades de trabajo y la protección social, iniciadas por los gobiernos de Reagan (1981-1989) en los Estados Unidos y Teatcher (1979-1990) en el Reino Unido.

Este período de transformaciones económicas trajo consigo una serie de reformas laborales que en Argentina se tradujeron en desempleo, pobreza, precarización laboral y selectividad en el otorgamiento de políticas sociales[4].

Lo central en este proceso es la dislocación entre los términos trabajo e integración social, ya no se trata de conceptos congruentes, sino que el trabajo se corre de la escena articuladora de la sociedad para volverse una herramienta del mercado en una lógica meritocrática.

¿Qué significa esto? Sencillamente, ya no hablamos del trabajo como instrumento garante de condiciones dignas de vida, sino que es el sujeto quién debe ser digno de recibirlo.

El paradigma que se encuentra disputando- en este momento- el concepto de trabajo está influenciado por la crisis de los setenta y la reestructuración productiva neoliberal. Esta nueva idea sobre el empleo, lejos de establecerlo como un restaurador y garante de cohesión social, busca presentarlo desde una lógica autónoma, como responsabilidad del individuo.

Pensándolo desde esta perspectiva, no es extraño que nuevas formas de empleabilidad desarrollada desde un mercado de plataformas como Pedidos Ya, Glovo, Uber, Rapi, entre otras, cuestiónen el concepto de trabajo desde la promoción de autonomía formal, con la posibilidad de manejar tiempos y rutinas, pero legitimando con esto la precarización laboral que no permite en términos reales desarrollar lo que se postula de manera formal en la venta del empleo.

Simultáneamente, se produce, por un lado, la promoción de modelos alcanzables de manera individual, como la idea de ser un emprendedor o empresario sin la necesidad de un respaldo estatal, que incluya el desarrollo de políticas económicas que garanticen el resguardo y la protección de los trabajadores. Por el otro, a la desarticulación, por parte del Estado, de todos aquellos ámbitos de integración social por medio del trabajo se le suma la ruptura de cualquier sector que represente solidaridad social.

No es un camino sin salida. Desde la Organización Internacional del Trabajo comenzaron los primeros cruces protagonizados por algunos sindicatos que cuestionan la noción de trabajo y la figura del monotributo para evitar la sindicalización e ignorar leyes laborales desde las nuevas aplicaciones de empleo. Organizaciones de la Economía social también toman la voz en esta cuestión.

El futuro del empleo vuelve a estar en disputa, pero esta vez se enfrentan posturas que pretenden un cambio radical en el concepto del trabajo.

[1] Offe 1992. ¿Es el trabajo una categoría sociológica clave? En La sociedad del trabajo. Problemas estructurales y perspectiva de futuro. (17-51) Madrid: Alianza.

[2] Pagura 2016. El concepto de trabajo en el capitalismo contemporáneo. Revista Eidos Nº 25 (43 -71)

[3] Podemos mencionar aquí el ingreso y desarrollo de la clase obrera en el escenario político de la sociedad.

[i] Licenciada en Ciencia Política

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