Nos vomitan las culpas

Por Fausto Giorgis[1]

“Y no es la final del mundo, muchachos, es la final de la Copa Libertadores de América, eh. Un mensaje mucho más claro”.  La contundencia de la declaración del entrenador de River Plate, Marcelo Gallardo, dio lugar a un silencio breve, pero profundamente incómodo para los periodistas de 90 minutos apostados en el estudio de Fox Sports.  Sebastián Vignolo, conductor del programa, atinó a despedir al entrevistado y sus panelistas balbucearon algunas frases sueltas e inconexas, en un intento por reponerse del golpe bajo que los había dejado sin aire por unos segundos.

La televisión en vivo cada tanto nos regala esta suerte de perlitas, que rompen con los esquemas de corrección política que tanto abundan en este medio y descolocan a los periodistas más experimentados. Ya era de noche en el Monumental cuando Marcelo Benedetto consiguió la entrevista con el DT del equipo millonario, luego de la fallida final entre River y Boca por el torneo de clubes más importante del continente.

Fox Sports, la señal que cuenta con los derechos de transmisión de esta competición organizada por la CONMEBOL había iniciado la cobertura de la final bien temprano, cuando todavía faltaban varias horas para que comenzara a rodar la pelota en el césped del estadio ubicado en Nuñez. El eslogan para promocionar el partido, “La final del mundo”, había sido repetido hasta el hartazgo por los distintos programas del canal en los días previos al evento deportivo y por supuesto, a lo largo de todo el sábado 24. Como si una final de Copa Libertadores entre los dos clubes más importantes de la Argentina no fuera lo suficientemente excitante y morbosa por sí misma, Fox Sports anduvo machacando a su audiencia con una consigna tan marketinera como inverosímil.

La reflexión de Gallardo, que de tan evidente parece tonta, dejó expuesto a una gran parte del periodismo deportivo. Para ser honestos y no caerle solamente a los muchachos de la señal norteamericana, los mensajes cargados de dramatismo y metáforas de vida o muerte se multiplicaron en las redacciones y en las pantallas de los principales medios de comunicación del país. El diario Crónica, por caso, en su tapa del día sábado 24 tituló: “No hay mañana”, Clarín recurrió al trillado “Final del Mundo”, mientras que en los programas de debate de TyC Sports como Estudio Fútbol o No todo pasa, las discusiones acaloradas entre panelistas y periodistas partidarios se exacerbaron ante el plato fuerte que suponía la superfinal.

Consumado el ataque a piedrazos al micro que trasladaba al plantel de Boca en las inmediaciones del Monumental y mientras la CONMEBOL no hacía más que estirar la agonía de una decisión que parecía inevitable, las muestras de indignación y los lugares comunes emergieron rápidamente en las explicaciones que el periodismo ofrecía sobre los hechos de violencia. Se habló de la “vergüenza argentina frente al mundo”, “el fútbol como reflejo de una sociedad violenta”, “los salvajes e inadaptados sociales”, “la pérdida de valores” y el ya clásico “problema cultural de los argentinos”.

Estos clichés, que son altamente impregnantes, cumplen con gran eficacia la función de socializar las culpas y de invisibilizar a los responsables. Casi como una metáfora del rumbo político-económico del país, debemos hacernos cargo de las pálidas, pero nunca nos invitan a compartir las buenas. Es más sencillo divagar en análisis pseudo-sociológicos sobre la violencia que indagar en las responsabilidades del operativo de seguridad, los funcionarios públicos, los dirigentes, las barrabrava, los hinchas y hasta los propios medios de comunicación. ¿O acaso alguien recuerda alguna nota del fin semana que haya ido a fondo con el Jefe del operativo de la Policía de la Ciudad, con el Ministro de Justicia y Seguridad porteño o con alguno de los dirigentes de CONMEBOL, Boca o River? Todo esto a sabiendas de los vínculos políticos y hasta familiares de Daniel Angelici -presidente de Boca- con Martín Ocampo –Ministro de Justicia y Seguridad de CABA-, ambos ligados partidariamente al Presidente de la Nación y expresidente del club de la ribera, Mauricio Macri. O de los vínculos de “Caverna” Godoy, jefe de la barrabrava de River -a quien el día anterior le habían incautado 300 entradas originales y más de 7 millones de pesos-, con la dirigencia comandada por Rodolfo D’Onofrio, presidente de River.

Este turbio entramado de intereses y connivencia entre policía-políticos-dirigentes y barrabravas es tan viejo como poco interpelado por el periodismo. Hay espacios de poder en los que resulta mejor no entrometerse. Y es allí donde radica la responsabilidad de los medios de comunicación: en las conceptualizaciones desbordadas de tensión y dramatismo sobre lo que, al fin y al cabo, no es más que un partido de fútbol.  Si el mensaje que trasmiten es la “final de mundo” o “no hay mañana”, luego no deberían escandalizarse cuando la violencia se traslada al fútbol. Mucho menos, si a la hora de analizar las motivaciones que desencadenaron los hechos de violencia, deciden trasladar la culpa a la sociedad, finalmente, a nuestra idiosincrasia o forma-de-ser-violenta-argentina, pero se quedan mudos ante las responsabilidades propias.

 

[1] Lic. en Comunicación Social

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