“Recomendamos a los porteños que se vayan”: derecho de admisión en la Ciudad de Buenos Aires

Por Marcos Cané [1]

 

Les vamos a dar 5 minutos; se van o los sacamos

Con estas palabras, la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bulrrich presentaba, allá por comienzos de 2016, el tristemente célebre “protocolo anti-piquetes”.  A casi 3 años de gobierno de Cambiemos, cito estas palabras no solo porque fueron la antesala de la política de represión de la protesta que desarrollaron y continúan sosteniendo, sino porque representan una política general de vaciamiento del espacio público, ejecutada principalmente a través del policiamiento y el derecho penal, con la finalidad de criminalizar y barrer a todas aquellas identidades y conductas que perciben como “incivilidades”: manifestantes, artistas callejerxs y trabajadores ambulantes, por nombrar solo algunas.

Hace tiempo que en la ciudad conocemos la política de “limpieza social” del espacio público que lleva adelante el gobierno. La llegada a la administración nacional por parte de Cambiemos no significó para nada una buena noticia en este sentido: según datos publicados recientemente por la Dirección de Asistencia a Personas Privadas de su Libertad del Ministerio Público de la Defensa de la Ciudad, en 2015 asistieron a 281 personas detenidas por presuntas contravenciones, mientras que en 2017 la cifra se elevó a 1095. Además, los datos son contundentes a la hora de identificar las personas perseguidas con el código contravencional en mano: la mayoría realizaba actividades de subsistencia, principalmente cuidado de coches y venta ambulante.

Esta vez, el mensaje patoteril de la ministra se da con el fin de semana del G20, razón por la cual gran parte de la ciudad va a estar sitiada los próximos días. Sin dudas, a pesar de que es otro el contexto, la cuestión de fondo sigue siendo la disputa del espacio público, pudiendo distinguirse al respecto dos grandes visiones contrapuestas:

Por un lado, podemos hablar de una postura restrictiva del derecho a la ciudad que concibe la configuración del espacio público como simple “espacio de circulación”, lo que haría más fácil el control y la vigilancia por parte del gobierno. Por el otro, ubicamos la visión, a la que adscribimos, que entiende y construye al espacio público como lugar de encuentro, como la condición de posibilidad de construcción de ideas fuerza, de expresión colectiva y conquista de derechos.

 

¿Hay democracia sin espacio público?

Pensemos brevemente desde la perspectiva de la protesta social. Desde el derecho constitucional, se entiende que el ejercicio de la protesta es una de las formas en que se materializan derechos de enorme magnitud y que merecen la mayor protección por parte del Estado, como ser la libertad de expresión, el derecho de reunión y de peticionar a las autoridades, todos reconocidos expresamente en nuestra Constitución Nacional.  Ahora bien, ¿Hay forma de ejercer estos derechos si se restringen las posibilidades de habitar el espacio público? ¿Queda lugar para la política por fuera de las instituciones?

Para responder estas preguntas nos sirven las palabras de CFK en el encuentro de CLACSO en Ferro la semana pasada: “la calle sigue siendo el escenario de la política y de las grandes transformaciones del país“. Por lo tanto, si no podemos ocupar el espacio público en un contexto de enormes retrocesos para los derechos de las mayorías, se agotan las posibilidades de ofrecer resistencias efectivas, de discutir “el color” del Estado.

Además, vale tomar las palabras de la militante feminista Ofelia Fernandez, también en Ferro, para visibilizar la necesidad de ocupar el espacio público como ejercicio de la libertad de expresión y como condición necesaria para una práctica política emancipadora:

Hacemos una marcha y nos dicen que interrumpe el tránsito, ponemos una carpa en la vereda sin interrumpir absolutamente nada y mandan a la policía a reprimirnos, entonces lo que le molesta a este gobierno es lo que tenemos para decir y lo que queremos transformar”.

Sin dudas el derecho a la ciudad es una conquista cotidiana y lo que aquí se propone es defenderlo mediante la politización de los espacios públicos inmediatos. La ciudad democrática es, en gran medida, la gente en las calles con la posibilidad de expresar mensajes críticos al gobierno de turno.

 

 

 

[1] Abogado (UBA), docente de “Seguridad y Política Criminal” (UNPAZ) e integrante de Limando Rejas/Futura

 

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