Machos, violentos y con plata

Por Julia Moretti *

Muchas de las denuncias y escraches a violadores y abusadores son anónimas. Por vergüenza, por miedo o la razón que sea, las mujeres preferimos mantener en secreto nuestras identidades al hablar de situaciones de violencia. En general, lo que sí se muestra son las caras y nombres de los acusados, principalmente para advertir a otras mujeres y contribuir con la condena social en aquellos casos en los que la justicia falla.

Esta vez le tocó a Rodrigo Eguillor, que, además de ser un joven de 24 años, blanco, heterosexual y de clase alta, es hijo de Paula Martínez Castro, fiscal de Lomas de Zamora.

La joven contó que conoció a Rodrigo en el boliche Jet -él trabajaba allí como RRPP- y después de intercambiar mensajes, arreglaron para verse. De acuerdo al plan original, él iba a pasarla a buscar por la UADE, donde ella estudia. Sobre la marcha, Rodrigo le dijo que mejor se acercara ella a su casa. Subieron a la terraza y él comenzó con comentarios que la incomodaron. Después, Rodrigo quiso tener relaciones sexuales con ella sin protección y, frente a la negativa, empezó a insultarla. Luego quiso hacerla fumar marihuana y se negó nuevamente. Un dato no menor es que en el departamento también estaba un amigo de Rodrigo, Marcos Torterolo.

Para esta altura, podemos imaginar qué pasa cuando a un machista y violento le dicen no una, sino dos veces NO. Parece que es una de las palabras de dos letras que más les cuesta entender, aunque se enseñe en los primeros meses de vida. Se la olvidan rapidísimo.

La joven relata que la situación se puso tensa y que empezó a mensajearse con su hermana. Rodrigo la vió, le sacó el celular e intentó forzarla a tener relaciones otra vez. Ella vió en el balcón la oportunidad para escaparse, pero los vecinos creyeron que intentaba suicidarse y comenzaron a gritar que alguien la salvara. Heroico, Rodrigo, la sacó del balcón y abusó sexualmente de ella dentro del departamento. Cuando logró zafarse, corrió nuevamente al balcón y le avisó a su hermana, que estaba en la vereda, que Rodrigo quería matarla. Al mismo tiempo, él gritaba que estaba loca, que tenía problemas psiquiátricos y que quería suicidarse.

El forcejeo terminó cuando él tomó un adoquín y le pegó en la cabeza para después golpearla contra una reja. Ese fue el momento en el que la policía decidió entrar al domicilio.

A ver… ¿qué tiene para decir el violento?

Rodrigo Eguillor hizo un vivo en su Instagram y contó la historia desde su lado. El video no es otra cosa que la prueba de la impunidad y tranquilidad que tiene por tener una madre con un poco de poder, plata y un estatus social acomodado.

Desde el minuto uno, el violento adopta una actitud canchera, burlesca, graciosa. Nada de lo que dice o lo que ocurrió parece importarle. Es como si lo hubieran mandado a decir unas palabras para tratar de salvarse el pellejo. Según él, tuvieron relaciones una, dos, tres veces, fue a fumarse un pucho al baño y ella estaba tratando de tirarse por el balcón. Ahí, él fue a evitar que lo hiciera.

La desgrabación de algunas de las frases que aparecen en el video son las siguientes:

  • “ME la vuelvo a garchar dos veces más”.
  • “Flashé que se quería suicidar. Flashé Bates Motel”.
  • “Le dije ‘te juro, nos vamos a las Bahamas, nos vamos a Miami, nos vamos a Europa. Por favor no te tires’”.
  • “Sí, la agarro del cuello, como se ve en el video. Feminazis, feminazis, con el pañuelo. Son unas mogólicas”.
  • “Búsquenlo en el código: toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario”.
  • “La mina me mintió. Me dijo que vivía en San Telmo cuando vivía en Ituzaingó. Era una negra que me quería sacar toda la plata”.
  • “Hay varias clases de minas, ustedes saben. Te das cuenta si la mina es de bien o flojita de tanga”.
  • “Si me decís que no tengo facha y que necesito violarme minas…”.

Podría decirse que cada una de las frases están descontextualizadas, que cambiaría el sentido si se las pone en contexto. ¿Será así? En estos fragmentos hay violencia de género, de clase, una misoginia recalcitrante y una sensación de impunidad que se confirma en las risas y los gestos que hace mientras habla. Incluso, después de decir que “hay minas y minas” se prende un cigarrillo, relajado.

Durante las siguientes horas después de la viralización del video, Rodrigo Eguillor salió en varios móviles televisivos y hasta mencionó querer irse del país. Dijo que si por él fuera ya estaría en Ezeiza por tomarse un avión. ¿Por qué tendrá tanto apuro, no?

El caso es que en las últimas horas intentó hacerlo, y fue detenido por la policía de seguridad aeroportuaria. En ese momento, lo que atinó a decir fue “llamen a mi mamá”

El video pude verlo una sola vez, pura y exclusivamente para escribir este artículo. Es vomitivo. Da bronca y llena de odio que los violadores y abusadores se sientan así de tranquilos; y, en este caso, por ser hijo de una fiscal, en este país, no es ninguna casualidad sentirse así.

Los protegidos de siempre

Sabemos de casos en los que los abusadores, violadores y femicidas ocupan lugares de poder que la justicia parece no llegar hasta esos rangos. Como consecuencia, las denuncias quedan invalidadas y lo único que nos queda es el escrache y la condena social: recordar sus caras, sus nombres, echarlos de los lugares que frecuentamos si los vemos y advertir a amigas y compañeras: “este chabón está escrachado por violador y por violento” es una de las frases que suelo usar.

Rodrigo Eguillor no es un tipo con poder, pero sí lo es su madre, que sin dudas debe haber avalado el video en vivo que el joven compartió en su cuenta de Instagram; probablemente, esas palabras hayan estado meditadas en conjunto. La sororidad no es una palabra que le haya llegado a la señora y mucho menos cuando el acusado por abuso sexual es su hijo.

Este caso me hizo acordar a un golpeador de mi ciudad, General Roca, Río Negro, que, frente a la denuncia recibida por su exnovia, dijo: “Soy hijo de un juez, acordate”. Francisco Norry, tarde o temprano vas a caer.

Asimismo, y como el video empezó a correr por distintos canales de la televisión abierta, podría hacerse una pequeña mención a lo que viene sucediendo con el tratamiento de casos de violencia de género. Hace algunos meses escribí para esta misma revista un artículo sobre la figura de Nahir Galarza en los medios, cómo se la sexualizó y se dio a conocer cómo se vestía, qué comía en la cárcel y las fotos que subía a su Instagram (https://primerageneracion.net/2018/07/03/nahir-la-buena-victimaria/).

En este sentido, el canal C5N reprodujo el video del violador Rodrigo Eguillor, pero borrándole la cara. Por intereses que el canal conocerá, decidieron ocultarle la identidad a un joven que violó e intentó matar a una mujer y que camina por las calles como si nada. ¿No deberíamos conocer su cara para estar alertas? ¿Hasta cuándo los medios de comunicación van a estar al servicio de encubrir las caras de los violentos?

El video de Rodrigo explicándose y tratando de loca a la víctima es repugnante y se viralizó más que la denuncia hecha por la víctima, claro. Parece que da más rating darle la voz a un violento y a su versión de los hechos que, primero, contar y repudiar lo que le pasó a ella.

Rodrigo Eguillor, Francisco Norry, todos y cada uno de los machos amparados por sus progenitores poderosos: ya va a llegar el día en que la impunidad les va a soltar la mano.

*Licenciada en Comunicación Social (UNLP) – Periodista.

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