Por los caminos de YouTube

Por Diego Labra[1]

No reconozco con orgullo (aunque tampoco con demasiada vergüenza) que el jueves de la semana pasada me encontró viendo en Youtube el video de la pelea Ángel “Baby” Etchecopar y Roberto “El Destape” Navarro en loop, musicalizado alternativamente por la melodía de pelea de Dragon Ball, la canción In The End de Linkin Park, o simplemente el eco seco de la violencia absurda capturada por una cámara de seguridad sin audio.

En una de las iteraciones, fallando en el acto de reproducir nuevamente la pelea, la plataforma me dirigió sin preámbulo alguno hacia un video de un tenor diferente, donde un señor de cadencioso acento ibérico que intentó convencerme durante veinte minutos de que la NASA es un fraude y que la tierra es plana. Desde allí, la deriva del algoritmo fue profunda y sin tregua, invitándome a escuchar por un duelo imaginario entre Milei vs Feministas, la explicación de un Un Tio Blanco Hetero de porque el feminismo es una ideología que va en contra de la ciencia, y terminando, como no podía ser de otra manera, en un monologo donde Agustín Laje “destroza” a Malena Pichot.

Si bien es cierto que este paseo por el lado oscuro a plena luz del día probablemente estuvo informado por mi dieta habitual de Youtube, que tiene un componente no menor de videos sobre política y crítica cultural tanto en español como inglés, debo advertir que lo repentino, la facilidad con que el algoritmo dio un salto de fe al otro lado de la grieta ideológica me sacudió un poco bastante.

Desde el punto de vista estadístico, no es raro que se me haya ofrecido un video del señor Oliver Ibáñez, quien es lo suficientemente popular para tener casi una docena de videos con más de un millón de vistas. Esto no es el equivalente a un panfleto entregado en la mano por un tipo de barba hirsuta que grita en la calle. Más mainstream que estos desenmascaramientos de la mentira de la astronomía moderna no se pone. Ni hablar del caso de Laje, quien hace poco recibió un perfil en Anfibia que levantó su notoriedad de este lado de la grieta, y cuyos libros adornan las vidrieras de todos los Yenny/El Ateneo.

Una incomodidad que ocultaba algo más grande y siniestro se asentó en el fondo de mi estómago, no disimilar a lo que sentí hace unas semanas cuando llegue, no recuerdo como, a un video de otro publicista de derecha que denunciaba que la universidad pública y gratuita de la cual tanto nos enorgullecemos era un “curro” y una maquinita de adoctrinamiento. El miedo que sentí, porque era eso, miedo, venia de preguntas inquietantes ¿Quiénes son las miles y millones de personas que miran estos videos? ¿Son los niños, jóvenes o adolescentes nacidos luego del 2000 que ya no miran televisión? ¿Creen lo que se está diciendo y argumentando? Y quizás lo más preocupante de todo ¿Es ahora ésta la verdad? ¿Estas verdades nuevas están disputando a la verdad que yo tengo por verdadera?

Quizás si hubiese nacido quince años más tarde, hubiese consumido este tipo de videos. Después de todo, recuerdo devorar con voracidad toda noticia sobre OVNIS, aliens y chupacabras. Pocas piezas de producción audiovisual informaron tanto mi preadolescencia como el especial de Memoria de Chiche Gelblung sobre el supuesto metraje de la autopsia extraterrestre, que hacia juego en un circuito cerrado con mi fascinación/terror por los Expedientes Secretos X, el canal Infinito y la película Fuego en el Cielo.

No puede subrayarse lo suficiente el atractivo que representa el tono esotérico y oculto que cultivan los videos terraplanistas, que lo invita desenmascarar una conspiración inmensa perpetrada por aquellos en el poder. Esto es algo secreto, y ahora vos lo sabés, mientras que el resto siguen creyendo una mentira. Saber esto es un acto de rebeldía frente a un mundo injusto que te quiere mantener ignorante (del hecho que la tierra es plana).

La prédica contra la llamada “ideología de género” adopta un tono similar, argumentando que esta este es un plan oculto (¿del marxismo internacional, de Soros, de Estados Unidos, de todos ellos?). Es, además, eso sí, algo foráneo, que quiere imponerse contra “nosotros” y “nuestros valores”. A pesar de correr con la ventaja que se defiende un sentido común sobre la familia, sobre el género, sobre el sexo, esto no evita que se presente ese sentido común como mayoritario como una ética bajo amenaza por un poder inmenso que puede en cualquier momento hacerlo desaparecer. Es decir, se defiende el estatus quo instituido y respaldado por el poder durante siglos como una víctima desvalida ante un poder (oculto, esotérico y conspiratorio).

Si bien en ningún momento tambaleó mi seguridad con respecto a la esferidad de la tierra (más bien un elipsoide achatado en los polos), el efecto de sobrecarga de información audiovisual, aumentado por la función autoplay, tiende a disipar todo argumento que uno quiera elevar como retruco, para al cual de todos modos ya hubo un supuesto contrargumento en los videos recién reproducidos.

Como resaca de este viaje narcótico de la conspiranoia de Youtube, me golpean con igual de fuerza múltiples reflexiones y/o preguntas casi inconexas ¿Debemos sorprendernos de que aparezcan este tipo de discursos luego de cincuenta años de un posmodernismo que vino a matar la noción de Verdad? ¿Qué diferencia cuantitativa y cualitativa existe en la circulación de esta información en las redes sociales, en lugar de los rincones oscuros de librerías donde vivía antes? ¿Qué dice sobre la salud de la ciencia, como institución basal de la modernidad, que millones vean videos que argumentan que la tierra es plana? ¿Qué aquellos que denuncian el conocimiento producido en la academia sobre el género como una “ideología” que es “anticientífica”?

Aunque quizás, la pregunta que más urgencia debería generar es ¿Cómo lo combatimos? No cabe duda que esta es una lucha con una gran arista política (más la cuestión de género que el terraplanismo), que se debe llevar adelante tanto en todos los niveles del sistema democrático y en las calles. La militancia pedagógica también debe llegar a las aulas, interactuando y poniendo en cuestión junto con los estudiantes acerca de los consumos culturales que realizan fuera de la escuela.

Pero como argumenta la norteamericana Natalie Wynn, la candidata doctoral, filosofa y youtuber a cargo del canal Contrapoints, también es necesario salir a pelear de igual a igual en la red de redes, y copar el scroll del autoplay con contenidos que resulten igual de atractivas a la vista. Por eso, ella sabe bien que la estética es clave para dar esta lucha, creando ensayos audiovisuales que mezclan provocativas discusiones acerca de temas como los incels, géneros disidentes y las miserias capitalismo con una paleta de colores bien establecida en el púrpura y una edición con mucho timing de comedia. En español, un ejemplo es el reciente canal de Matias Parkman, quien da vuelta la fórmula del video que desenmascara conspiraciones de bajo presupuesto para reírse de los conspiranoicos (y particularmente de Laje).

Ver sus videos, finalmente, lograron que se me fuera un poco el escozor. En gran parte, seguro, porque me devolvían seguridad sobre mis convicciones, más éticas que científicas, y además lo hacían de manera atractiva y entretenida. Quizás los adolescentes también miren esto, pensé. Además, Te lo Resumo Así Nomás es uno de los canales de Youtube más visto de Hispanoamérica y es bien progre. Sí, me convencí para poder dormirme, no va haber ningún problema en el futuro. La tierra puede seguir girando, si, girando, tranquila.

[1] Profesor en Historia y Doctorando en Ciencias Sociales por la UNLP.

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