¿Quién te dijo que somos rivales?

Por Julia Moretti[1]

La semana empezó con un comunicado del colectivo de Actrices Argentinas sobre una denuncia a un actor importante. Los rumores empezaron a correr y aparecieron las iniciales: J.D.: Juan Darthés, ya denunciado hace dos años por Calu Rivero y más tarde por las actrices Anita Coacci y Natalia Juncos. El martes a las 7 de la tarde, la actriz Thelma Fardín pudo contar que fue violada por Juan Darthés a los 16 años, en una gira que estaban haciendo en Nicaragua con la tira Patito Feo, en la que ambos trabajaban. Una vez más, otro testimonio confirmaba -nuevamente- que Darthés era un abusador y, peor aún, de menores.

El miércoles pasó entre tweets del acusado defendiéndose y desligando culpas: “No es verdad lo que se dijo, por Dios! Es una locura, nunca sucedió eso. Por favor esperemos los tiempos de la justicia. Gracias @FernandBurlando por escucharme” y “Estoy profundamente dolido e indignado. No cabe más dolor. Hoy grabé una nota con Mauro Viale para contar mi verdad que es totalmente distinta de la que se escuchó. Pero es la verdad”.

En primer lugar, Darthés trató al relato de Thelma como una locura e indirectamente la llamó loca. ¿Les suena? ¿Cuántas veces escuchamos a varones hablar de sus exnovias como “locas”, diciendo que “está mal de la cabeza” y después nos enteramos de la violencia y el abuso que ellos ejercían sobre ellas? Darthés anuló por completo la denuncia y, ese día, dejó el asunto en manos de su abogado, Fernando Burlando. Además, utilizó otra de las cartas típicas de los acusados por violación o abuso: “Esperemos los tiempos de la justicia”. Tiene otras versiones como “Confío en que la justicia va a hacer su trabajo” o “La justicia va a decidir cómo sigue el caso”. Frases que ya escuchamos o leímos otras veces y que no son más que una lavada de manos.

Ese mismo miércoles, en un móvil en Intrusos, Burlando habló con Luciana Peker y Julia Mengolini como invitadas. Entre otras cosas, intentó explicarle a Peker las violencias que sufren las mujeres y cuál era la mejor manera de acompañarlas; un caso de mansplaining [2]que ya se ha visto en muchos otros espacios. Peker estuvo al lado de Thelma Fardín desde abril, momento en el que ella decidió denunciar a Juan Darthés: entonces, en serio ¿Burlando le tiene que explicar a Luciana Peker cómo vivimos las mujeres y contarle todo lo que ÉL no hace por ellas? En ese momento, el graph se puso un poco paradójico. La leyenda principal decía: “Yo no defiendo violadores”, en relación a una frase dicha por Burlando segundos atrás, y arriba: “Fernando Burlando, defensor de Juan Darthés”. Julia Mengolini aprovechó el momento y dijo: “ahora sí lo estás haciendo”.

Horas antes, habían levantado un spot del Estado en contra de la violencia de género del que el actor y violador había formado parte; hecho que podría aplaudirse, claro, pero hasta ahí nomás. El video lo grabaron cuando Darthés ya tenía las denuncias hechas por Calu Rivero, Anita Coacci y Natalia Juncos.

Asimismo, en esa jornada y entre otras noticias, detuvieron nuevamente a Rodrigo Eguillor, el violador que hizo de su denuncia un show mediático y que fue denominado “influencer” por la periodista del canal América Mónica Gutiérrez.

No aclares que oscurece

El jueves a la tarde apareció la tan famosa y anunciada entrevista con Mauro Viale -el mismo que entrevistó a Mangeri, el femicida de Ángeles Rawson- en la que Darthés usó el relato de Thelma y le dio un giro de 360°. Algunas de las frases que dijo fueron: “Yo le dije que ella tenía la edad de mis hijos”; “Ella golpeó la puerta de mi habitación”; “Le dije: ‘estás loca, tenés novio, yo soy un tipo grande’”; “Ella se me insinuó, me quiso dar un beso”. Entonces, ¿la que lo violó fue ella? ¿Podemos preguntarle por qué tardó 9 años en contarlo? ¿O eso es válido sólo para las mujeres abusadas? La respuesta los sorprenderá.

La defensa y justificación de Juan Darthés da asco y refuerza aún más el relato y las palabras de Thelma y de las otras mujeres que ya lo habían denunciado. En la entrevista con Mauro Viale, otra de las frases más contundentes fue: “Si esto es cierto, soy el primero que me mato, el primero que me condeno”. En este sentido, Fernando Burlando había anunciado que si se confirmaba que el relato de Thelma había sido cierto -cómo cuesta creerles rápido a las víctimas, ¿no?-, él abandonaba la defensa de Darthés. En las últimas horas del jueves, Burlando hizo oficial su decisión de no ser su abogado.

Pero el día culminó con un abrazo sororo a María “Mery” del Cerro en Showmatch, después de haber contado que fue abusada a los 11 años.

El después

Thelma Fardín reavivó un fuego que ya estaba encendido pero a punto de apagarse. Calu Rivero terminó yéndose a vivir a Estados Unidos y abandonó su vida laboral en Argentina después de sufrir la revictimización y que nadie le creyera lo que había contado de Juan Darthés pero ojo, a él lo llamaron para grabar un spot en contra de la violencia de género. Así funciona el sistema patriarcal: la mujer que denuncia es la loca y la mentirosa; lo único que quiere es fama y plata y por eso inventa una violación, como si hacerlo fuera un trámite. Mientras tanto, el violador sigue violando, claro, y apropiándose de los espacios que no le pertenecen, poniéndole voz y cuerpo a una lucha de algo que nunca le va a pasar en su vida y, peor aún, de lo que él forma parte y perpetúa.

El testimonio del colectivo de Actrices Argentinas generó que otras actrices y personalidades mediáticas pudieran contar los abusos que habían sufrido y, además, que algunas que ya lo habían hecho, lo ratificaran: Cinthia Fernández recordó cuando denunció a Tristán y nadie le creyó por ser una vedette y por “quilombera”. Asimismo, en las últimas horas, una mujer que trabajó en el área técnica de Patito Feo acusó a Darthés por abuso sexual con acceso carnal cuando ella tenía 18 años; esta es la quinta denuncia que recibe.

Escuchar a mujeres hablar y contar sus experiencias provoca dos reacciones y acciones muy importantes. La primera es caer en la cuenta de los abusos y violaciones que nosotras también sufrimos, esas situaciones en las que nos sentimos incómodas pero que no sabíamos muy bien por qué y ahora tenemos la respuesta: habíamos sido violentadas. La segunda es poder poner en palabras lo que vivimos, esa experiencia que ahora recordamos y que podemos contar porque nos sentimos acompañadas y hermanadas. O que siempre estuvo presente en nosotras pero que nunca nos animamos a contar hasta ahora.

Es difícil describir esta sensación de saber que no estamos solas, pero ¿quién necesita ponerle palabras cuando estamos juntas como nunca lo habíamos estado? Es reconfortante saber que nos tenemos y que frente a 10 personas que no nos creen, hay doscientas mujeres que sí, y a esta altura nada más que eso nos importa. Quizá no sea fácil describirlo, pero sé que todas y cada una de nosotras sabe de lo que hablo, de esta llama que tenemos adentro que se llama sororidad y que está cada vez más prendida. ¿Se acuerdan cuando decían que éramos rivales?

[1] Licenciada en Comunicación Social (UNLP) – Periodista.

[2] Menosprecio del hablante varón hacia quien escucha por el solo hecho de ser mujer, asumiendo este una capacidad de comprensión superior que lo lleva a explicar algo que no le fue requerido

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