UNaSur en el olvido

Por Daniel G. Rossetti

Pasado el IV encuentro de la Cumbre de la Américas que marcó como hito histórico el “No al ALCA”, los presidentes latinoamericanos de ese momento vieron la necesidad de conformar una unión regional que les permitiera afrontar la nueva configuración del orden comercial y financiero mundial. Tomando como base organizacional la Comunidad Sudamericana de las Naciones, conformada en 2004 en Perú, y luego de reunirse en su sede de Cuzco, los presidentes del sur del continente se vieron ante la necesidad de crear un organismo independiente de la injerencia de la potencia del norte. Ante la falta de respuestas y el incondicional alineamiento de la Organización de Estado Americanos (OEA) con las políticas de los EE. UU hacia la región, en 2007 se cambia al nombre a Unión de Naciones Suramericanas (UNaSur). Los cambios políticos que fueron consolidándose en la región necesitaban una institución que los agrupara y les diera marco para conformar un frente sólido para la defensa de sus intereses en el contexto de la globalización.

En ese momento las figuras de los ex presidentes Hugo Chávez Frías, Luis Inacio Lula Da Silva y Néstor Kirchner lideraban el nuevo alineamiento político ideológico sudamericano. El Estado tomaba cartas en los asuntos del Mercado, que lo dirigía y condicionaba. Se buscaba revertir al libremercadismo, que había sumido en grandes crisis a los países latinoamericanos en las últimas décadas del siglo XX, reemplazándolo por la emancipación económica en este lugar del mundo, que tiene todas las capacidades, tanto naturales como humanas, para que a ninguno de sus habitantes se le vulnere el derecho de decidir su futuro.

El avance de la globalización neoliberal permitió que el flujo de capitales pueda circular con absoluta libertad por el planeta, arrasando recursos naturales y enriqueciendo a los sectores concentrados de la economía a una velocidad que nunca habían experimentado y les agradó de sobremanera, al punto de dejar en manos del 1% de la población más rica el 50% del total de los recursos planetarios. Las estructuras de los Estados empezaron a verse en desventaja respecto a las riquezas y el poder que alcanzaron los Grupos de Inversión. La economía perdía parte de su esencia, ya no era necesario generar productos para aumentar el capital, ahora se generaba solo, las finanzas lograron independizarse de los productos, todo lo sólido, finalmente, se desvanecía en aire, como advirtió Marx.

Las economías regionales se presentaban como una alternativa capaz de enfrentar semejante concentración de dinero y de poder, siempre y cuando estas regiones se comportasen como bloques en defensa de la soberanía de los Estados, y no como meros relajos para las restricciones de circulación de capital. De ahí la importancia que tomara la formación de UNaSur y la estructura política que tuvo en su nacimiento.

El bloque nació con una impronta política que hizo sentir su peso en la región. Recordemos que en 2010 el presidente pro témpore de ese entonces, Néstor Kirchner, logró enfriar el conflicto entre Venezuela y Colombia que había llegado a un punto cercano a la ebullición. También sirvió de soporte cuando desde la derecha boliviana intentaron el golpe institucional separatista contra Evo Morales. Asimismo la UNaSur actuó como puntal de los procesos democráticos puestos en cuestión en Ecuador, con la crisis de los policías que se rebelaron contra el gobierno de Correa, y los atentados al orden democrático institucional de las Guarimbas del golpista Leopoldo López contra el gobierno bolivariano de Venezuela. Además, sirvió de veedor en todos los procesos electorales de la región desde su conformación, asegurando el derecho de las ciudadanías al respeto de sus decisiones. La unión de las naciones demostró su influencia dentro del sur del continente, sin permitir la injerencia de los EE.UU. en conflictos que desde la doctrina Monroe (América para los americanos) monitoreaba, controlaba o,  si servía a sus intereses, promovía.

Obviamente esto no agradó al poder fáctico, y junto con el avance de la nueva marea neoliberal, cuando el mapa comenzó a cambiar de color político, a la UNaSur se la vació de contenido y dejó de tener peso e influencia. El primero en dejarla, marcando el posicionamiento ideológico y de alianza geopolítica con los países centrales, fue el presidente paraguayo Abdo Benítez, que retiró su representante del organismo. La Argentina, uno de los países impulsores de la unión, hizo lo propio con la llegada del presidente Macri al gobierno. Le siguieron Brasil, Colombia, Chile y Perú. Estos tres últimos países son parte del Grupo Lima, base estratégica de los EE. UU. y espacio de resistencia cuando la ola de los gobiernos nacional populares inundaba el continente.

Señal inequívoca de la pérdida de poder de la novísima institución se evidenció con el golpe palaciego perpetrado contra Dilma Rousseff en Brasil, que le costó no solo la presidencia, sino el acceso al poder de un aliado incondicional de los EE. UU. y a los intereses que representa esa nación. La llegada de Jair Bolsonaro a palacio del Planalto no es nada prometedora y se supone que continuará y ahondará las políticas segregacionistas del usurpante del cargo Michel Temer. También se nota en el retiro de la institución para lograr una transición política ordenada en Venezuela, donde el presidente Nicolás Maduro es hostigado permanentemente por los EE. UU. ya que, tanto por los errores propios o forzados, la violencia se apropió del otro socio impulsor de la alianza transnacional. La UNaSur había sido un garante importante en la trasparencia de los procesos electorales venezolanos, cuando su secretario general era Ernesto Samper.

El único país que intenta sostener al organismo de integración regional es Bolivia, donde  Evo Morales es también el actual presidente protempore, y Ecuador, aunque este país está más preocupado en saturar sus propias fracturas que las de la región. A pesar de esto, los esfuerzos parecen vanos, los cancilleres de los países que se retiraron critican el funcionamiento de la UNaSur y la duplicación de agendas con otros organismos regionales. Hacen también una crítica sobre la acefalia de la institución, que está sin Secretario General desde que terminara su mandato Samper a principios de 2017. Pero estas críticas esconden una trampa, la anterior presidencia la ejerció Argentina y no hizo ningún esfuerzo para que estos problemas, a los cuales reconocía, se llegaran a solucionar o al menos dejarlos en vía de resolución.

En la declaración que los disidentes le hicieron llegar al canciller boliviano Fernando Huanacuni quedo expreso que “dicha situación, que se prolonga desde hace varios años, se agravó a partir de enero de 2017 con la acefalía de la Secretaría General y la imposibilidad para designar un Secretario General por falta de consenso alrededor del único candidato presentado hasta la fecha, lo cual ha tenido graves consecuencias para el organismo”.

Pero como en general pasa con estas administraciones, lo que se hace tiene poco que ver con lo que se  dice. Los únicos países que abonaron la cuota parte que le corresponde para el presupuesto fueron Bolivia, Surinam y Guyana. Tampoco lo hicieron en 2017 y el único que abonó la totalidad de lo que le corresponde para su funcionamiento fue Venezuela, y debido a los problemas económicos que sufre este año el gobierno de Maduro, sin olvidar el bloqueo que le impuso la administración Trump, no pudo hasta el momento realizar los pagos. La mejor forma de volver inocua una institución es vaciarla de contenido, y quitarle el presupuesto es el primer paso.

En los esfuerzos para evitar la fractura total del bloque, el diplomático boliviano intentó rescatar la importancia de la unión regional como estrategia geopolítica que traspasa los posicionamientos ideológicos. En declaraciones en la sede en Quito remarcó que  “Hay una responsabilidad histórica, más allá de las composturas ideológicas, que es un derecho soberano de cada Estado (…) la capacidad de resolver esa diferencia ideológica-política es una responsabilidad histórica que amerita los Gobiernos (…) esa convivencia genera responsabilidades, derechos y obligaciones que el mecanismo de UNaSur lo está promoviendo en sus diferentes áreas”. Según la cancillería boliviana, la propuesta de hacer un bloque fuerte con capacidad de jugar en el damero mundial debía sobreponerse a posturas de derecha o izquierda. Aunque los que declararon la muerte de las ideologías no quieren ceder en sus posturas…ideológicas.

En el mismo sentido su último Secretario General, el ex presidente colombiano Ernesto Samper, destaca la importancia de superar las diferencias y volver a dar contenido a la unión de los suramericanos. En una entrevista al sitio digital NODAL, al ser consultado por la situación actual del organismo declaró “Difícil, pero no es la primera vez que UNaSur tiene dificultades institucionales. En este momento está en problemas por lo mismo que permitió que naciera el organismo, que fue la regla del consenso, es decir que todos debían estar de acuerdo sobre todo. Eso es lo que hoy en día le está haciendo más daño. Es lo que causa que no haya sido posible que se pongan de acuerdo para elegir a mi sucesor. Creo que esto es absurdo y que de alguna manera debería resolverse”. Y en cuanto a la importancia de sus tareas sostuvo que “Hay 23 grupos de trabajo, de salud, de educación, de conectividad, de infraestructura, de tecnología, de medio ambiente, en los cuales se han identificado a lo largo de estos diez años agendas comunes de políticas públicas. Es un patrimonio muy valioso que no puede perder la región”.

Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en pleno desarrollo de las políticas de los gobiernos populares y antes del embate de la derecha regional habían salido de la pobreza cien millones de personas. Cinco años después, la restauración conservadora volvió a sumir en esa situación a diez millones de los habitantes del continente. El desempleo urbano rondaba en 2012 el 6,8%, mientras que en 2017 había subido al 8,7%. Estos datos muestran cual es el proyecto que tiene la potencia hegemónica continental, y los intereses que representa, para su “patio trasero”. Las grandes firmas multinacionales que controlan el manejo del capital financiero no necesitan de frentes que les impongan reglas y condiciones, menos aún luego del éxito que lograron sobre las estructuras estatales tradicionales. De aquí surge la importancia de las instituciones que amalgaman los intereses de los países para poder lograr el desarrollo pleno de sus poblaciones. Mientras que los grupos de poder fácticos solo quieren incrementar sus ganancias, las uniones estatales son las que pueden poner coto a su avaricia.

Las grandes multinacionales que manejan la financiarización de la economía global tienen a su servicio los medios de comunicación, las estructuras de las redes sociales y a parte de los funcionarios de los poderes judiciales (jueces y fiscales) de las naciones. Los ejemplos, tanto locales como globales, abundan. Lo que no logran por medio de las elecciones lo consiguen por presión mediática y acoso judicial. El desamparo de las ciudadanías llega al punto que parecieran que eligen a representantes que van en contra de sus intereses.

La mera unión de los países tampoco es la solución mágica a los problemas ciudadanos, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, según sus siglas en inglés) la alianza de EE.UU. Canadá y México, lejos de solucionar los problemas estructurales mexicanos, lo profundizó. En lugar de ser una herramienta de emancipación, la instalación del modo de producción de las maquilas y la entrega a los agentes estadounidenses de la Administración para el Control de Drogas (DEA, según sus siglas en inglés), dejo al país latino en una situación de violencia social insostenible, con desaparición de personas, asesinatos a plena luz del día, persecución y ejecución de periodistas y militantes sociales, que son sistemáticamente ocultadas por los medios de comunicación.

Tal como en su origen las estructuras estatales rompieron con los privilegios monárquicos, las nuevas conformaciones regionales deberán conformar los espacios de contención de derechos humanos sobre el avance de las oligarquías que se apropian de los recursos naturales, depredando el medio ambiente y sometiendo a las infancias a condiciones de vida cada vez peores. La rebelión de los chalecos amarillos franceses, al punto de torcer la decisión del derechista Emanuel Macron de aumentar el precio de los combustibles, muestra que por encima de los gobiernos y de las instituciones regionales, como la Unión Europea, que olvidaron para lo que fueron creadas, la unión popular es el generador de resistencia y cambio.

Luego de los resultados del G-20, y viendo que el rumbo continúa orientado hacia aumentar los beneficios de los que ya tienen demasiado, recuperar una institución como la UNaSur es necesario, pero no alcanza, es también preciso retomar el lineamiento general que le dio origen, transformándolo en una tarea fundamental para cumplir el sueño de una latinoamérica unida, grande e independiente. De Bolívar, San Martín, Artigas y todos y todas los que lucharon y luchan siguiendo ese sueño.

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