Cómplices del ajuste

Por Cristian Secul Giusti[1]

Una noticia sobre la importancia de comer una vez al día, otra que habla de no utilizar el agua para reducir problemas de piel, varias que destacan el profundo valor de la luz solar como alternativa a los cortes de energía, y también, la revalorización del bofe como corte sabroso, de las sobras de carne para el estofado, del pan duro como alimento nutritivo, y las galletas aguadas que permiten fortalecer el calcio. Textos informativos breves, con ocurrentes titulaciones o bajadas, y fotos rimbombantes. De la “dignidad” en la búsqueda de comida en la basura a la simplicidad de la vida en los espacios reducidos (la explosión del monoambiente como ámbito de felicidad) y la posibilidad de trabajar hasta los 80 años para tener una mente activa. Ajuste, asimilación y modos de encontrarle la vuelta. Noticias que se trasladan de medio a medio, de red a red y que hace tiempo que se instalan con mucha comodidad.

A casi cuatro años de la llegada de Cambiemos al gobierno, debemos poner en tensión el mote “militancia del ajuste” y pensar otro término o comprensión analítica. En primer lugar, la denominación “militancia” le baja el precio al concepto político y le da una significación de fanatismo y ceguera que refuerza aún más los dichos de los detractores. En segunda instancia, estas operaciones van más allá de una instalación mediática de primera mano. Particularmente, son efectivas y hace años que vienen circulando fuertemente en las redes sociales y los medios tradicionales. Si bien el discurso romantizado de la pobreza y la meritocracia no es una estrategia discursiva que incluye novedad, tampoco provoca el repudio generalizado que se suele resaltar.

La interpretación liviana de la denominada “Militancia del ajuste” de los medios de comunicación hegemónicos implica que hay una relación unidireccional y un mero trabajo apasionado de las corporaciones. Desde ese plano, pareciera que existe una sociedad que sólo recibe esa información por obra y gracia de la acción militante mediática, que como un eje del mal construye noticias que hablan de achicamientos porque sí. Esto tiene un rasgo de validez, sin dudas, pero tampoco es tan cerrado o concluyente.

Hay, de hecho, una lógica de ida y vuelta entre los lectores y el medio, entre los espectadores y los canales, entre los oyentes y la radio. Esta situación implica una retroalimentación que Cambiemos y los medios hegemónicos utilizan muy atinadamente y que les resulta en el mediano plazo. Ante esto, los medios y el gobierno trabajan en tándem, de un modo integral y con una clara intención de abordaje en conjunto  (no es que lo “salvan” a Macri o sólo “lo ayudan” o “lo cubren”, sino que forman parte de la mesa chica de las decisiones).

Hace años que circulan noticias que creemos burdas o exageradas, pero que se instalan con una fuerza de asimilación inusitada. Eso sucede porque existe una articulación muy aceitada entre el discurso psicópata-seductor del neoliberalismo, el discurso cotidiano de la doble moral y de la supervivencia, y los discursos circulantes de lo positivo o del hacer algo con lo que tenemos, más allá de los contextos y los escenarios de enunciación. Lo que triunfa, en ese caso, es la idea de aprovechar el espacio, sacar lo mejor de sí para salir adelante, rebuscársela para sobrevivir, andar con una sonrisa y tratar de darle algún tipo de sentido a las ausencias, las carencias, los faltantes.

En este sentido, si hay gente que come pocas veces por semana, se destaca su voluntad y su estoicismo; si el consumo de agua es más caro, se señala que hay que ducharse menos porque ayuda al cuerpo; si nos llega un alto importe de luz, hay que pensar en disfrutar más del sol; si viene mucho de gas, hay que comer algo más fresco, liviano; si no alcanza para almorzar y cenar, hay que tomar un té para dormir mejor. Todo así, y cada vez más achicado, breve, sigiloso. Esto no puede significar una mera o unidireccional “militancia” mediática que busca asimilar el ajuste. Es algo más grande, abarcativo, más dañino, es la profunda intervención del neoliberalismo en la comprensión social de lo supuestamente necesario, de lo que se debe hacer en la cotidianidad, de lo que nos debe regir como sociedad.

Esto mismo que nos indigna y nos hace pensar en lo “tremendo” de la construcción de la noticia está contemplado por los equipos de comunicación y las propias filas de la corporación mediática. A partir de ello, habría que pensar si esas noticias se leen desde la estupefacción y la indignación o si se toman como algo dicho por el medio, que tiene un efecto de creencia más fuerte del que suponemos y que es hasta destacado como algo positivo.

“Nos mean y los medios dicen que llueve”, expresaba Eduardo Galeano en la década del 90. Totalmente real, pero un tanto limitado para pensar la subjetividad neoliberal de estos tiempos. Más bien, nos mean, los medios dicen que llueve y parte de la sociedad asiente convencida, aunque parezca indignante la noticia. La construcción discursiva articulada ladrillo a ladrillo por la mediatización y el gobierno se constituye como un dato común y corriente. Y aunque se haga todo lo posible para tomar una muestra, analizarla y exponerla, el asunto merece mayor atención, más allá de la simple consideración de “militancia de ajuste”.

 a pura ficción que sale de las entrañas del poder económico, político y mediático tiene el propósito de quebrar demandas, desviar la mirada, consagrar una manera de existir y bloquear los espíritus críticos. Es un mecanismo que taladra y taladra, y que aún no puede ser analizado de un modo más neurálgico y central. Hay que pensar fuertemente en su efectividad, más allá de las persuasiones y la típica frase que argumenta un “lavado de cabezas”. Del otro lado (en la parte donde se encuentra “la gente”), hay respuestas favorables y satisfactorias. Sigamos criticando esas operaciones y tratemos de amplificar lo máximo posible, pero no perdamos de vista que no siempre es repudiado por las mayorías o interpretado como algo extremo y fuera de la realidad. La “militancia del ajuste” es, en verdad, la renovación constante de un ideario de achicamiento que está presente hace décadas en la sociedad argentina y que Cambiemos refuerza a diario, a puro discurso, a todo gram

[1] Doctor en Comunicación – Docente e Investigador (UNLP)

 

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