Nayib Bukele, el rey de los troles

Por Ernesto Morales *

Nayib Bukele, presidente electo de El Salvador desde el pasado 3 de febrero, se toma una selfie frente a los periodistas, observadores y personas cercanas a su círculo, durante la conferencia de prensa en donde se anunció como triunfador de las elecciones a las 9:30 de la noche. (Foto: Fred Ramos)

Su triunfo es histórico, en tanto acaba con la hegemonía de los dos partidos políticos mayoritarios: el conservador-derechista, Alianza Republicana Nacionalista (Arena); y el izquierdista, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). Los cuales se han sucedido en el poder Ejecutivo desde 1989 y se han disputado la mayoría de curules de la Asamblea Legislativa después de los Acuerdos de Paz[i]. Por ello, al proclamarse ganador de los comicios, el recién elegido indicó: “hemos pasado la página de la posguerra” e invitó a celebrar la “victoria sobre el bipartidismo”.

Bukele, de 37 años, empresario y experto en mercadeo y publicidad, se presentó a la contienda electoral como un outsider, no tanto por su exigua carrera política como alcalde del pequeño municipio de Nuevo Cuscatlán y, después, de la capital salvadoreña, sino por venderse como un opositor al tradicional sistema político, al desmarcarse de las ideologías de los partidos imperantes, su forma de hacer política y la corrupción que los ha caracterizado.

Si bien sus experiencias edilicias las obtuvo bajo la bandera del FMLN, el partido formado por las otrora organizaciones guerrilleras, terminó siendo expulsado cuando sus cuestionamientos públicos contra el gobierno y la descalificación de sus decisiones colmaron la paciencia de la dirigencia efemelenista. Bukele no se cansaba de reiterar en entrevistas y en redes sociales que el FMLN se había convertido en lo que se había propuesto combatir, en una especie de Arena 2.0, que le dio continuidad al proyecto neoliberal de los gobiernos areneros, así como a sus prácticas de corrupción e impunidad.

Arena ofrendó a los salvadoreños dos ex presidentes que a tropezones lograron ser procesados por enriquecimiento ilícito y lavado de activos, al desviar y hacerse de fondos públicos mediante subterfugios burocráticos y legales. Uno de ellos, Antonio Saca, está cumpliendo su condena; el otro, Francisco Flores, fue exonerado solo porque su muerte le ganó la carrera a la justicia. El primer presidente por el FMLN, Mauricio Funes, siguió utilizando el aparataje estatal diseñado por los gobiernos de Arena para ejecutar los mismos desfalcos millonarios del erario para sí, su gabinete y su entorno personal. El proceso penal contra Funes no ha podido desarrollarse gracias a que se encuentra asilado por el gobierno nicaragüense de Ortega.

En ese sentido, Bukele supo leer muy bien el descontento social hacia una clase política pútrida, y la desesperanza de un electorado constantemente defraudado se evidenció en las elecciones municipales y legislativas de 2018, marcadas de ausentismo y una creciente anulación de votos. Las boletas electorales sirvieron de panfletos, en los que los votantes consignaron sus mensajes de rabia y desconfianza hacia los candidatos y sus propuestas. Bukele, desde sus trincheras virtuales cavadas en sus redes sociales, amplificó el fastidio ciudadano y persuadió al elector para que anulara su voto ante la falta de una opción viable.

Ya expulsado del FMLN, el aún Alcalde de San Salvador creó el movimiento “Nuevas Ideas”, con el fin de convertirlo en partido político y participar en las presidenciales del 2019. Pese a que cumplió con todos los requisitos legales para tal efecto, se enfrentó a una serie los obstáculos y retrasos injustificados por parte del Tribunal Supremo Electoral (TSE), cuyos magistrados habían sido elegidos por las fracciones legislativas de los partidos a los que Bukele pretendía disputar el poder. Como “Nuevas Ideas” no fue autorizado ni pudo inscribir a tiempo a sus candidatos, bukele se inscribió en un partido pequeño de centro-izquierda llamado “Cambio Democrático” (CD). Sin embargo, el CD fue anulado por el TSE (mediante una controvertida resolución con efectos retroactivos) por un incumplimiento de requisitos de subsistencia acaecido en eventos electorales anteriores.

Bukele se había empecinado con participar en estos comicios por lo que, acorralado, terminó inscribiendo su candidatura, literalmente a última hora, con el partido de derecha “Gran Alianza por la Unidad Nacional” (GANA), una escisión de Arena y también muy salpicado con la corrupción que Bukele promulgaba combatir. Sus seguidores más puristas criticaron esta jugada, pero el candidato se defendió diciendo que era la única forma de sortear el bloqueo que le habían impuesto para sacar del poder a #LosMismosDeSiempre, y que dicho partido solo sería el vehículo para llegar a ese fin.

En ese sentido, el presidente electo se vende a sí mismo como un ungido que vendría a liberar a los salvadoreños del yugo opresor de una élite que ha visto siempre al país como su finca, y concretar la liberación que el supuestamente revolucionario FMLN se olvidó conseguir. Sin embargo, aunque se quiso perfilar en una línea progresista, no sentó una posición definida sobre temas trascendentales como el aborto legal y el matrimonio igualitario, convenientemente para no espantar votos en una sociedad aún mayoritariamente conservadora y religiosa.

Los antagonistas principales, representantes tanto de la derecha como de izquierda, coincidieron finalmente en un objetivo común: atacar a Bukele. Este joven millonario, que se presenta con una actitud desenfadada, ataviado en una chaqueta de cuero, jeans, gorra hacia atrás, gafas de sol estilo aviador y calcetines coloridos, configuraba por primera vez, en 30 años, una verdadera amenaza al status quo, a la comodidad de los políticos haraganes que entendieron que el servicio público era servirse a sí mismos con el dinero del pueblo. Las armas con las que contaba eran nada más una buena gestión como Alcalde, a través de la realización de obras públicas palpables; y su experimentado conocimiento y manejo de las tecnologías de la información para la comunicación política.

El hashtag #DevuelvanLoRobado se viralizó fácilmente. Un mensaje claro y sencillo que logró condensar en 3 palabras la indignación de la población con los desfalcos millonarios de todos los gobiernos de la posguerra. Esta etiqueta tuvo la particularidad de constituir un reclamo a los funcionarios públicos. Una sociedad civil acallada, casi inerte frente a los continuos atropellos de los gobernantes, materializó finalmente una forma de exigir, sin que esto conllevara los peligros de salir a la calle a protestar, sobre todo por lo que aún significan los recuerdos de la represión que antecedió a la guerra. ¿Quién no se atreve a protestar refugiado atrás de un ordenador, una tableta, un celular, con la seguridad del anonimato?

Esta oleada de expresiones de descontento en las redes fue muy bien interpretada por Bukele, y utilizada para direccionar su campaña política. Casi la totalidad de sus discursos los hizo mediante la plataforma de Facebook Live. Las mejores estocadas a sus contrincantes las esgrimió en Twitter, donde los remates estuvieron a cargo de sus seguidores que retuiteaban todo y agregaban condimento con sus propios comentarios, o con el aporte de los correspondientes memes con los que se mofaban de todo aquel que atacara a su candidato. Para la creatividad de los salvadoreños no hay desperdicio, tal es así que los legisladores llegaron incluso a proponer que se regulara el uso de los memes.

La clase política tradicional, sus asesores, analistas políticos afines al FMLN o Arena, subestimaron el poder de las redes sociales. Los seguidores de Nayib Bukele fueron tildados de “troles”[ii], pero ellos se enorgullecieron del término. Los troles no votan, decían. Un like cualquiera lo da, pero ir a votar es distinto.

Los partidos grandes se jactaron de contar con un ejército real de miembros y una organización territorial establecida, que oponían a la cantidad de seguidores de Bukele en las redes. Las encuestas siempre se equivocan, decían. Pero cada ataque contra Bukele le dotaba de más popularidad y contribuía a la formación de una avalancha: cuanto más polémica, más fama. Ahora les toca enfrentar una nueva realidad, ya que para bien o para mal, hay nuevas formas de hacer política en una nueva era. La lección del recién pasado sufragio, como bien lo tuiteó Nayib Bukele cuando se supo ganador, es que “los troles arrasaron”.

[i] Entre 1980 y 1992 el país estuvo en guerra civil entre el ejército regular y el FMLN

[ii] Usuario falso en redes sociales, generalmente creado con el objetivo de atacar/desprestigiar a alguien.

* Abogado especialista en derecho penal y proceso penal. Magister en Derechos Humanos y Democratización

2 comentarios sobre “Nayib Bukele, el rey de los troles

  1. Ya era hora de un cambio para las nuevas generaciones y acabar con tanto retrasado que sólo servían para robar y no dar a los nuevos pensamientos una oportunidad “viva el Salvador” y las nuevas generaciones.

    Me gusta

  2. Excelente, creo q se describe a la perfección el camino a la presidencia del señor Nayib de una manera altamente crítica pero sobre todo imparcial. Felicidades me servirá para explicarle a muchos q no están en el país q fué lo q sucedió en este ejercicio q nos dió un resultado electoral en la historia de nuestro país. Felicidades y éxito.

    Me gusta

Responder a Efraín Rodas Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s