Política On-demand: #ChauNetflix #MomentoWaldo

Por Cristian Taborda

Tras darse a conocer la versión de que la ficción “Codicia”, producida por Jorge Lanata y vinculada a una trama de supuestos hechos de corrupción cometidos durante el anterior gobierno, sería transmitida por la plataforma de streaming Netflix, se propagó de forma viral el hashtag #ChauNetflix y se convirtió en tendencia en repudió a la emisión de la serie.

El episodio no quedó ahí, sino que la cuenta oficial de la plataforma salió a desmentir el trascendido y provocó la ira del periodista oficialista, quien acudió al argumento de la “censura” como respuesta. Si bien se desmarcó rápido, la postura de la plataforma resulta poco creíble porque en Brasil transmitió la ficción “El mecanismo” durante plena campaña electoral. Esta producción cautivó a gran parte del público brasileño y posicionó al Partido de los trabajadores de Lula Da Silva como una asociación ilícita que tenía un esquema planificado de corrupción. Indudablemente, la serie perjudicó al PT, favoreció la oposición  e instaló una idea que relacionaba a Lula con la mafia delictiva organizada para saquear al Estado.

Lo que muestra el caso de Brasil con la serie ”El mecanismo” es la vuelta al mito-relato-ficción y la amplificación de un sentido común que utiliza la narrativa `para sustituir la realidad racional. Hegel en su frase más célebre sostuvo que “todo lo real es racional y todo lo racional es real”, pero en la actualidad pareciera ocurrir lo contrario. No hay lugar ni tiempo para una construcción argumentativa-lógica en una época de aceleración y cambio constante, lo racional es lento y lleva un proceso, lo emocional es instantáneo y se distribuye/viraliza velozmente. Lo real deja de ser lo objetivo y pasa a ser subjetivo, lo que se siente, las emociones personales, mi verdad, mi interpretación de la verdad.

Existe una vuelta al mito, a la ficción como construcción de la realidad ante la posverdad y también al ocaso de la razón. Se intenta apelar a las emociones, dejando de lado el proceso racional y sustituyéndolo por impulsos. Se advierte, entonces, una clara diferencia entre el mythos original y el mito posmoderno, que surge en la política contemporánea como fundamento. El mythos era una construcción histórica que intentaba explicar el mundo mediante un relato que era la expresión de un saber. Como bien describe Jean-François Lyotard, se intentaba llegar a una explicación racional por amor a la sabiduría. Por su parte, el mito posmoderno es una construcción mediática que intenta justificar los hechos posteriores de la realidad. Su base es performativa, su narrativa apela a la emoción irracional y a los sentimientos violentos de ira u odio.

Si la realidad es lo que dicta la ficción, entonces se pueden justificar los hechos posteriores, porque esa es la verdad, sostenida por el consenso de tan sólo una parte de la opinión pública, que se reproduce en las redes sociales llegando a parecer la mayoría. Con esa demanda de la opinión pública, formada desde el poder como ficción, la política puede realizar su oferta y satisfacer sus necesidades.

Así, se construyen propuestas, candidatos y persecuciones que intentan satisfacer las demandas emocionales de la “opinión pública”. Cuando la ficción-relato funda el mito que se vuelve la realidad y se da la posterior justificación de los hechos por una demanda de una parte de la opinión pública, surge una denominada “Política On-demand”, que como una plataforma de streaming realiza una oferta y canaliza sus necesidades emocionales a través de entretenimiento e imágenes.

Lo que no logra resolver la razón con argumentos, la “Política On-demand” trata de solucionarlo con imágenes. Está política no tiene fines, se trata sólo un medio, de una construcción virtual de la realidad que la desvía de la realidad efectiva y racional. Es un instrumento para mediatizar la parte minoritaria de la opinión pública y hacerla pasar por el todo, corriendo del eje las cuestiones comunes de interés nacional para poner en foco la personalización y cuestiones particulares.

Surge así la publicación de la vida privada y la exposición de la intimidad, mediante imágenes al alcance de todos, que construyen la realidad virtual. Se borra la frontera entre lo privado y lo público. Todo es público, todo debe ser expuesto y transparente, y lo que no se muestra no puede ser real. El primer principio es que la realidad debe ser vista, debe haber una imagen. Por tanto, la ficción cumple perfectamente ese propósito porque muestra lo que se oculta y da la imagen. La realidad está-ahi y satisface el deseo del espectador porque le muestra lo que la realidad efectiva no le brinda, le muestra su verdad y el mito se vuelve real, así el espectador, como el cliente, siempre tiene la razón.

El espectador exige, y se le brinda la “Política On-demand” en un clic, está en su sintonía de tiempo limitado, es personalizada y nadie se la impone como ideología por lo que allí radica su poder absoluto. El creer poder elegir libremente hace sentirse libre al espectador que escoge entre las opciones de la plataforma y como lo que se siente es lo real la libertad pasa a formar parte de algo dado que el sentido común no cuestiona.

Las consecuencias de esta política como producto de la oferta y demanda de emociones genera un mercado donde compiten los oferentes para captar a la demanda mediante marketing. El desapego a la política tradicional vinculada al consenso y la razón propicia la aparición de los “outsiders antipolitica” arraigados en las emociones y la confrontación. Trump suele ser el ejemplo más notorio porque evidencia la utilización de datos que nos permiten conocer los gustos y preferencias de los consumidores. De tal modo, los algoritmos son referenciados para prefigurar a los candidatos en base a las necesidades y sentimientos que tienen los electores.

La combinación de todos estos factores sentimientos de odio, emociones irracionales, despegó de la política tradicional, la ficción como realidad y la posverdad como autoengaño lleva a la aparición de candidatos que rozan la distopía que propone la serie “Black Mirror” en uno de sus capítulos más punzantes, donde el presidenciable es un dibujo animado (Waldo). Ese oso de peluche virtual y azul, salido de un show televisivo “Prime time”, representa el desprecio a la política tradicional y al sistema en su conjunto apelando al enojo de los espectadores. La “Política On-demand” es el #MomentoWaldo de la actualidad, la captación de la opinión pública mediante plataforma apelando a lo irracional. Es el antagonismo con un otro enemigo que impide la existencia y, además, el mito que se constituye como realidad y parece definir la práctica política contemporánea.

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